Gambito de Dama: ¿Un juego de suma cero?

Como se dijo en otro texto publicado en Revista Marfil, la ciencia ficción muchas veces ayuda de manera poco convencional a reflexionar lo que sucede en la realidad que transitamos. Una de mis mayores emociones es combinar el mundo cinéfilo con la teoría política que, en lo que a mi respecta consiste en precisar conceptos, ideas, perspectivas (a veces controversiales) para explicar y examinar instituciones y/o prácticas cotidianas. Me sale casi involuntariamente, no lo planeo.

Una de las últimas tendencias de Netflix es “Gambito de Dama” y me pareció interesante analizarla desde esta visión. Considero importante destacar que la miniserie es disruptiva en varios aspectos,  incluso ya se han escrito varios artículos sobre la misma pero quisiera destacar que Beth Harmon, si bien encarna un estereotipo de ajedrecista que coincide con el de mi imaginario su acometida está directamente relacionada con el hecho de ser mujer. Mujer introvertida, adicta, extremadamente dedicada al juego en un mundo en el cual el dominio y esparcimiento estaba enteramente cooptado por  el género masculino.

Quizás podría decirse que la serie es feminista desde diversos aspectos pero, en este caso, me resultó interesante analizarla desde la Teoría de los Juegos. Actualmente conocida como “elección racional”.

No solo existe una relación entre el nombre de la teoría y el contenido de la serie, si no que el contexto de ambas coinciden. El mundo atravesaba la Guerra Fría, geopolíticamente hablando el planeta se convertía en un gran tablero de ajedrez cuyos únicos jugadores “autorizados” a mover las piezas eran Estados Unidos y la URSS. Sin spoilear quisiera reflexionar sobre esto último en relación a la protagonista y su deseo de ganarle a los rusos. Si bien podríamos pensar que la aspiración de Beth solamente era ganarle “al mejor del mundo” como satisfacción personal, también, podríamos considerar que durante ese contexto todas las actividades eran interpeladas por la disputa entre Estados Unidos y Rusia, entre Occidente y Oriente. ¿Se podría pensar que durante toda la Miniserie “Gambito de Dama” se está esperando ese enfrentamiento a través de un juego como el ajedrez? ¿Qué nos dice de esa época (e incluso de la realidad actual)?

Ahora bien, la Teoría de Juegos es un paradigma que surge de supuestos matemáticos que permiten anticiparse a ciertos acontecimientos, presenta un conjunto de cuestiones que las personas deben “satisfacer” por definición para ser consideradas “racionales”. Sus resultados no siempre fueron los más acertados, pues al trasladar predicciones “racionales” a la vida real el panorama se complejiza imposibilitando algunas veces que podamos adelantarnos o predecir qué va a suceder.

La Teoría del Juego  supone que la persona racional posee gran capacidad cognitiva, sabe qué alternativas está enfrentando, las evalúa cuidadosamente, calcula las consecuencias y elige la que –dadas sus preferencias– cree tiene las mejores consecuencias de acuerdo con ella. A lo largo de la serie encontramos una Beth calculadora, estratega, dedicada y en constante formación. Sin embargo, no siempre sus movimientos se dan de manera racional, a veces son intuitivos y otras completamente creativos donde la importancia del fármaco que se consume no es menor. ¿Cuál de todas estos adjetivos la hacían una gran jugadora?¿Existe un orden de prioridad? ¿Podría haber sido mejor o peor si evitaba y/o acentuaba alguno?. Lo cierto es que la racionalidad en los movimientos se torna difícil de analizar cuando los motivos de cada personaje (jugador) son tan diversos. Quizás para el Señor Scheibel  se trataba de honrar el juego, mientras que para Beth era demostrar que era buena para algo y busca sobrevivir en un mundo imprevisible e injusto mediante otro mundo creado alrededor del ajedrez. Tal vez, para los rusos era un trabajo y una cuestión de orgullo nacional. Sea cual sea el motivo el objetivo final era ganar y esto se daba mediante un conflicto puro de suma cero.

Hablar del juego de “Suma Cero” quiere decir que un jugador se beneficia a expensas de otro. Quien triunfa “gana todo”.

Probablemente la persona que esté leyendo este texto podría estar afirmando que todos los conflictos se resuelven mediante la teoría de juegos donde se apela a estrategias y enfrentamientos para la búsqueda del mayor beneficio provocando la victoria o el fracaso . Ahora bien, la pregunta que hago es ¿la jugada se supone racional? ¿se puede anticipar jugada con supuestos casi matemáticos? ¿Qué pasa cuando los motivos son opuestos? ¿hay una sola respuesta para cada enfrentamiento? ¿Existe un único discurso? ¿Realmente hay buenos y malos?¿Pueden convivir contradicciones?

Las jugadas de ambos trascienden lo  individual y expresan la propia estructura social que se encuentra en constante tensión en cada personaje. Como sea, en cualquiera de los casos tenemos creatividad, estrategia, decisión y éxito.

En la actualidad existe un importante caudal de escritos académicos que critican la teoría de los juegos para analizar procesos sociales y políticos  no sólo porque es imposible pensar en términos de “suma cero” sino porque siempre existe el espacio para la negociación incluso en las situaciones más conflictivas. Sin embargo, el sistema de creencias que se extendió durante y pos Guerra Fría nos llega constantemente en forma de series, películas y libros reviviendo viejas discusiones…¿Podemos pensar que hoy en día existen mentalidades de “suma cero” que no dejan margen a la negociación ni a la cooperación, ni siquiera a la contradicción? ¿Será que los conflictos se dan de manera pura? ¿será que existen buenos y malos?

El mundo es complejo y, para quien escribe, en esa complejidad no se admiten los purismos ya que los conflictos de este estilo están más cerca de terminar en tragedia que en éxito, quizás deberíamos finalmente entender el juego como Beth Harmon: decidiendo con determinación y personalidad pero aprendiendo de la estrategia ajena generando espacios de negociación y cooperación  a pesar de que en ciertos momentos parezca una contradicción.

María Florencia Ordoñez, Politóloga

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