Alpargatas si, palos no

Hace unos días recordamos a Néstor, a 10 años de su partida. Uno de los libros de literatura política que me marcaron fue “El Flaco” en el cual José Pablo Feinmann, relata su relación con Kirchner, pero además es un documento de un filósofo y un político en acción.  Fue para mí un descubrimiento y una relectura de la ciencia política, Maquiavelo; Hobbes; Locke, en clave argentina y en situaciones en las que uno puede llegar a la mirilla del poder y entender que todas, absolutamente todas las decisiones son vida o muerte en política. Si subsidio o no, si recorto o no, si protejo tal o cual producción, si me recuesto en el poder empresarial o del movimiento organizado, en fin, esos diálogos entre un pensador que busca el todo, la emancipación transformadora y un político en los límites a las quimeras. Esto en otras particularidades, es lo que hace que el libro sea un documento fundamental.  Kirchner le decía a José Pablo que él le pedía pureza y no se podía, para transformar las cosas hay que embarrarse, meterse en la mierda. Filosofía y Barro de la historia.

En la presentación del libro José Pablo decía “A Kirchner la muerte de Mariano Ferreyra lo mató, porque lo primero que me dijo fue: ‘Yo no le voy a pegar a nadie’. Eso, a mí que pasé la dictadura con mucho miedo y con problemas psicológicos, me suena a música del cielo”. No le voy a pegar a nadie.

Ayer fue un día triste, desolador, para quienes entendemos que el conflicto social no se soluciona con palos. Las explicaciones evasivas apuntado a las negociaciones que mantuvieron con las personas, mostrando gestión o apuntando a sectores de izquierda, fueron más lamentables o macartistas. La izquierda hoy ni siquiera saca fotocopias, por errores propios no es un sujeto de poder de relevancia, han perdido ostensiblemente muchas universidades, lugar que fue su bastión durante décadas. Por otra parte, si en seis meses tu gestión termina en palos, habla muy mal de tu poder negociador o en definitiva más grave aún, de una concepción política sin empatía.

Desde el comienzo del gobierno de Alberto, siempre he pensado que la pensada herencia del macrismo, fue que hizo coincidir a las clases dominantes en el aparato estatal sin intermediarios, un gobierno que habilitó discursos de odio, que destrozó la economía. Que no podemos limitar el análisis al aparato estatal, como único o más relevante factor de poder, que la concepción del accionar y las posibilidades del Estado como instrumento y corporación, tienen más que ver con una mirada de sistema de acumulación de corte fordista, industrial, con gobiernos robustos y con capacidad de intervención en la cosa pública. Esto no es así.  Por ejemplo, el mal llamado impuesto a la riqueza, que es una contribución ya que sería por única vez, fue sacado de la agenda informativa. El poder real reacciona. Por supuesto que no desde la simpleza de un accionar conspirativo, pero si desde los intereses y tentáculos que actúan de forma anárquica, pero consistente y efectiva.

Para más dramatismo en el escenario político, es posible que, si el gobierno de Alberto Fernández fracasa, lo que venga sea aterrador. Un mal gobierno de Alberto no sólo dinamitaría el frente pan peronista que alcanzó la victoria en las últimas elecciones. Un mal gobierno de Alberto sería por supuesto más sufrimiento para los sectores más postergados de nuestra sociedad. Finalmente, un mal gobierno de Alberto sería peligroso. Nuestro continente una vez más está en disputa y los antagonismos internos de varios actores políticos no ayudan, esos que ven traidores por todos lados o tienen un purismo que se los asemeja más a un grupo Troskirchnerista que a otra cosa, que piden audacia, mero voluntarismo y convicción de que todo cambiará. Más cercanos a mitologías espirituales de auto ayuda y autoconocimiento, no serían relevantes sino tuviesen poder dentro del Gobierno.

El conflicto social ira por supuesto in crecendo, con un 40% de la población en la pobreza no podemos esperar flores, ya que la desintegración social llego hace rato: 18 millones de argentinos fuera del sistema.

 Si ésta es la solución que propicia el gobierno, es brutal, repudiable y un camino de no retorno. Los desesperados no confluyen políticamente, no irán a una marcha por sus derechos, no se reunirán con otros para lograr algún tipo de reivindicación, no saldrán en los medios salvo para algún informecito pedorro. Los miserables que pedían mano dura y defensa irrestricta de la propiedad desde los medios hegemónicos, ayer le daban voz a esas personas que no tienen nada que perder.

Es una cuestión de instinto y supervivencia; la desesperación genera violencia y hacía allí vamos otra vez en nuestra historia.

Carlo Magno

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