Lo personal es político

La ciencia ficción a veces funciona como disparador para entender la realidad, los fenómenos políticos e incluso la misma condición humana. Existen determinadas series o películas que resultan sorpresivamente interesantes para analizar alguna teoría política o directamente para entender que muchas veces por más que queramos desentendernos de la política, nuestras decisiones y estilos de vida generan un relato que terminan por describir una determinada realidad. Esta va a determinar situaciones de exclusión e inclusión y establecer relaciones de poder donde, según las circunstancias, seremos oprimidos u opresores.

Me gustaría hablar de una serie que nos muestra cómo determinados acontecimientos ponen en discusión los relatos (hasta el momento establecidos) iniciando una batalla donde los personajes buscarán imponer el suyo como idea hegemónica. Si bien siempre estoy haciendo referencia a la serie, los conceptos y análisis vertidos son perfectamente aplicables a la realidad que nos rodea. Nuestra vida cotidiana se construye de relatos, relatos que se van afianzando o alterando a medida que la vamos transitando y chocamos con otros que entran en conflicto con el desarrollo de nuestra propia existencia. Existencia que se da en un mundo donde la palabra hostil queda chica y la de igualdad le queda grande.

No es de extrañar que a la hora de pensar series políticas pensemos  en House Of Cards,

Games Of Thrones, El Cuento de la Criada, como también en trilogías como Los Juegos del Hambre o el Señor de los Anillos, sólo por mencionar algunas. En todas ellas aparece el juego de poder, la reorganización del Estado y cómo instituciones que venían a normalizar el comportamiento de la sociedad se enfrentan a la sublevación de los oprimidos generando en la mayoría de los casos episodios épicos que quedan en nuestra memoria ya sea por alegría o por desgracia (la última temporada de Games Of Thrones merece un capítulo aparte). Sin embargo, existe otro tipo de serie donde los conflictos políticos como los conocemos no son tan evidentes, pero se pueden encontrar un sinfín de herramientas que ayudan a generar una reflexión política para los tiempos que corren. Un ejemplo de ello es la serie Cobra Kai subida hace poco a la plataforma de streaming Netflix que no es ni más ni menos que el Spinoff de Karate Kid.

Sí, aquella que nos hizo encariñar con el Señor Miyagi, empatizar con Daniel Larusso (Daniel San para todxs) y sobre todo odiar a Cobra Kai. Por más de treinta años tanto los personajes como nosotrxs asumimos y estábamos de acuerdo sobre quiénes eran los buenos, quiénes los malos y cuál era el verdadero Karate, convirtiéndose esto en un orden establecido y fácilmente asimilable. Por comodidad o ignorancia asumimos que esa era la verdad.

Ahora bien, qué pasó con nosotros cuando un acontecimiento se presenta ante nuestros ojos de manera completamente irruptiva, poniendo en duda todo lo que creíamos correcto hasta ese momento. La Cobra Kai del 2020 viene a poner sobre la mesa una nueva dimensión, viene a poner en conflicto todo aquello que tanto Daniel como nosotrxs creíamos correcto y sobre la que hemos construido infinidades de expresiones simbólicas.

Según Chantal Mouffe (filósofa y politóloga belga) y su teoría sobre el “pluralismo agonista”, para entender la democracia moderna debemos hacerlo desde una lógica de la autoafirmación separada de lógica del racionalismo-universalismo es decir debemos dejar de pensar que las preguntas son siempres las mismas por lo que cabrían las mismas respuestas o quizás renovadas pero siempre a los mismos interrogantes. Es preciso poner en discusión estas preguntas y dar espacio a nuevos interrogantes que tienen poco, mucho o nada que ver con lo que conocíamos hasta el momento. Por la serie pudimos conocer cómo el Jhonny niño y adolescente, a través de Cobra Kai, logra construir un relato sobre sí mismo donde la disciplina de “golpear primero, golpear duro, sin piedad” no sólo le había permitido gozar de ciertos privilegios, si no que se transformó en una filosofía de vida, en una forma de entender las relaciones entre las personas. Perdida la batalla final contra Larusso y ser casi ahorcado por su sensei quien representaba un padre para él, su mundo, su orden se vió trastocado por este acontecimiento que hizo poner en duda sus valores éticos y morales, vió derrumbarse cada uno de sus privilegios frente al nuevo relato que se impartía donde los ganadores eran “los otros”. Los buenos y exitosos a partir de ahora, eran “los otros”, los invisibilizados, los excluidos, los diferentes: Daniel y el dojo de Miyagi.  Jhonny comienza a transitar un camino de penurias e insatisfacciones en un mundo que constantemente le hace saber lo desgraciado que es.

Por otro lado, Daniel transita una vida de aventuras donde el karate de su sensei le va dando toda una filosofía de vida que lo lleva a alcanzar ciertos privilegios y de preponderancia moral, y donde Cobra kai ya no existe para quitárselos porque él mismo se encargó de generar condiciones para que así sea.

Johnny Lawrence, a partir de la contingencia de un joven que le solicita aprender karate, y cansado de su propia insatisfacción, decide reinventar el espacio que supo acompañar a varios adolescentes y que tantas alegrías le dio, pero esta vez intenta hacer una mejor Cobra Kai. Lo que no esperaba era que eso significaba trastocar el orden establecido y los privilegios de Daniel Larusso.

La serie, más allá de las típicas historias adolescentes, trata sobre el conflicto entre ellos dos, entre dos ideas sobre una misma práctica. Trata sobre el lugar que ocupan los malos y los buenos y qué pasa cuando ese límite se ve desdibujado por el mismo accionar de sus protagonistas. El conflicto se visibiliza de tal manera que uno intentará convivir planteando la competencia y demostrando que también son una buena opción, mientras que el otro intentará eliminarlo planteando que su moral, educación y valores son superiores reafirmando quiénes son los malos y quiénes son los buenos. Argumento que terminará por asimilarse por los mismos alumnos de cada dojo.

Antes de seguir y terminar de spoilear la serie me gustaría destacar que en cada diálogo y en cada argumento que los protagonistas tienen para autoafirmarse como el mejor se puede reflexionar sobre el juego de la democracia moderna y la idea de pluralismo siguiendo lo planteado por Chantal Mouffe.

Podríamos pensar, y acá es donde se pide disculpas por el exagerado análisis, la democracia y ante qué nos enfrentamos en nuestra realidad política. Cobra Kai es a Miyagi Do lo que es el intervencionismo al neoliberalismo. Es lo que la cuestión de género es a la heteronormativa, o el feminismo al patriarcado. Movimientos sociales que buscan transformar el orden imperante y autoafirmarse dentro una “racionalidad-universal” que los excluye y menosprecia. El conflicto es personal y político. El problema está cuando uno cree que para subsistir necesita eliminar al otro, en vez de repensar los alcances y límites de cada grupo definiendo claramente la propuesta de cada uno.

Chanta Mouffe dirá que el antagonismo es una dimensión propia de las relaciones humanas y por lo tanto es inerradicable, es decir siempre que nos relacionamos a un “otro” estamos ante una dimensión conflictiva. Ahora bien, esto no implica pensarlo en los términos de Hobbes como una guerra de todos contra todos donde la única forma de establecer el orden es a través del autoritarismo o como Schmitt por el totalitarismo, donde el otro queda resumido al sometimiento permanente o a la eliminación. Para pensar la democracia debemos hacerlo desde una perspectiva agonista (lucha entre adversarios) y no antagonista (lucha entre enemigos).

La democracia consiste en imaginar cuáles son las instituciones, los mecanismos que permiten crear orden en una situación, que es siempre una situación conflictiva. Por lo tanto, pensar la democracia implica legitimar el conflicto y no negarlo. De lo contrario se nos hace muy difícil pensar la democracia pluralista ya que la misma debe ser concebida como una articulación, es muy importante reconocer el conflicto para imaginar cómo se puede actuar para prevenir esas manifestaciones del antagonismo y para intentar resolverlas en el momento que emergen.

Sin embargo, es importante destacar que no cualquier tipo de conflicto es bueno para una sociedad. Como se mencionó más arriba, en la democracia pluralista debe haber una lucha entre “adversarios” y no enemigos porque a los adversarios se los combate con ideas, con movilización, con elecciones, pero no se los elimina. La idea de enemigo lleva implícita la idea de “aniquilación, eliminación”. El error de Daniel Larusso fue creer que “eliminando” a Cobra Kai el problema se resolvía, cuando en realidad lo que hacía era invisibilizar una idea y un grupo de manera totalmente totalitaria, aumentando de esta manera las situaciones de violencia.

Entender la democracia moderna implica asimilar que no se trata de que “uno existe para eliminar al otro” o que “sólo uno puede existir como verdad universal, como bien común”, sino que se trata de definir los límites y las ideas de manera tan clara que permitan a los ciudadanos movilizar sus pasiones en torno a objetivos democráticos permanentemente (pueden ser liberales, socialdemócratas, neoliberales, ortodoxos, heterodoxos… Cobra Kai o Miyagi Do).  De lo contrario y sosteniendo al interior de cada partido y/o institución la existencia de “temas que no se tocan” o “la no injerencia en ciertas demandas y necesidades” o la tibieza en los discursos junto con la permanencia de relatos hegemónicos que ya no representan los conflictos actuales,  veremos cada vez más las presencia de partidos y movimientos de extrema derecha totalmente radicalizados como vemos alrededor del mundo; además de unos medios de comunicación con más poder para influir en la opinión pública y orientar el movimiento de esas pasiones hacía sus propios objetivos. Si pensamos que existen grupos cuyos objetivos son irreconciliables, y es imposible una convivencia entre ambos, nuestra democracia está fuertemente debilitada, estamos ante la idea de orden Hobbesiano o Schimittiano. Es decir, estamos dando paso al autoritarismo y totalitarismo respectivamente.

Por ejemplo, Chantal Mouffe sostiene que hay que redefinir la cuestión de la izquierda y la derecha, esto no quiere decir revivir viejas distinciones, porque hoy en día se entiende de manera distinta, pero es indispensable reformular los proyectos, quedando claro la diferencia entre ambos para que exista la posibilidad de que las pasiones se muevan hacia alguno de los objetivos con la mayor conciencia y libertad posible. La clarificación de la diferencia no implica necesariamente la exclusión.

El gran desafío para la democracia pluralista es poder tener una sociedad tolerante y pluralista. Esa tolerancia no debería ser entendida en torno peyorativo donde “soporto” al otro sin que me importe lo que hace, sino como la identificación que hay que crear con los valores del pluralismo.

Si Daniel Larusso cree que su Dojo es mejor que Cobra Kai, y Jhonny cree que esta última puede ser distinta, el desafío no está en buscar eliminarse, sino en la re descripción, en la persuasión y en la retórica de cada uno. Se trata de afinar ideas, mejorar discursos, porque en ambos dojos hay discursos misóginos y discriminatorios (en algunos casos más explícitos que otros) a veces por ignorancia y otras mal intencionados. La cuestión está en repensarse y entender que el horizonte, compartiendo con Cahantal Mouffe, es una sociedad tolerante y pluralista.

Lo mismo podemos decir entre los movimientos “por el Derecho a decidir” vs “salvemos las dos vidas” o por “ESI” vs “con mis hijos no te metas” o movimientos conservadores vs movimiento LGTBIQ+, Frente Todos vs Juntos por el Cambio.

Definitivamente la democracia no es algo acabado sino que es frágil, algo nunca definitivamente adquirido, pues no existe ‘umbral de la democracias’ que, una vez logrado, tenga garantizado para siempre su permanencia. Por lo tanto, se trata de la importancia que tiene asumir, desde qué relato hablamos, se trata de entender que los relatos desde el racionalismo-universalismo ya no representan el bien común porque no dan espacio a los nuevos.En conclusión, se podría pensar que ser democrático en este mundo moderno implica ser tolerante y pluralista, por lo tanto, se trata de entender que para conquistar la democracia, defenderla y reivindicarla debemos legitimar el conflicto y darle espacio a que la política sea quien articule y logre un orden. Ser democrático implica entender que este orden se verá resignificado frente a nuevas situaciones conflictivas. Tenemos que asumir que cuando hay conflicto es porque existen hostilidades y desigualdades. La ausencia de conflicto implicaría que esas dos características no existen o los “conflictivos” son sometidos o eliminados. Esto debería ser importante tenerlo en cuenta cuando queremos defender relatos propios frente a los que lo ponen en discusión.

Quizás quien terminó de leer se pregunte “¿Qué carajos tiene que ver esto con Cobra Kai?” bueno, la realidad es que los argumentos de ciertos teóricos políticos para entender las democracias modernas vienen al pelo para pensar la sociedad, el conflicto, la moral, el autoritarismo, la sublevación de los vencidos, excluidos y maltratados desde una “serie pochoclera” que vino a poner en conflicto hasta nuestra identificación con los personajes principales.

María Florencia Ordoñez

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