Trastorno de radio

Me sentaba solo y veía tu luz,
mi única amiga a través de mis noches adolescentes.
Y todo lo que tenía que saber
lo oía en la radio.

Queen

Seguía dormido. No lograba entender la situación. Pero mi vieja gritaba y movía sus manos señalándome. El jefe de preceptores, Gabriel García afirmó: – Todo lo que quiera señora, pero él tiene que llegar a horario, como yo, como todos, sino se queda libre. Yo no era parte de la disputa. Mientras mi vieja oficiaba de abogada defensora, contando virtudes mentirosas acerca de mí, García firme en su postura y en su función social, indicaba que parte de la educación es el horario de entrada. La escuela nos socializó para el capitalismo y los horarios.
Luego de un rato García me preguntó, ¿Pero por qué llegas tan tarde? ¿No podés dormir? Y yo que tenía que decir que sí, que tenía un problema de trastorno del sueño por el cual no lograba dormir, que tenía insomio o algo parecido, dije lo que no tenía que decir, un poco por sueño y otro tanto para que el suplicio terminara pronto. Confesé: – Me quedo escuchando a Dolina, termina a las dos de la mañana.
A García se le iluminó la cara. Me dijo que él también, la charla bajó el tono y no quedé libre del colegio secundario por llegadas tardes y medias faltas. Contadas veces llegué a las siete y media de la mañana.
Si bien seguí llegando tarde. Nunca más tuve problemas. García me mandaba a llamar para verificar si había escuchado la historia Perseo del programa anterior o el nombre del tango que había tocado el sordo Gancé. Me ponía a prueba y casi no fallaba.
Dolina es la radio para mí, pero también una formación, el descubrimiento de un mundo nuevo, las puertas de la percepción: Mitología griega, historia, grandes pensadores, política y figuras de la modernidad. De la escuela, la educación formal, sólo me acuerdo que el orden de los factores no altera el producto, de llegar a horario y que el mundo es un lugar hostil, lleno de idiotas y no mucho más.
Ya de más grande, pude seguirlo con más frecuencia por radios y lugares por los cuales pasó la
Venganza; El Tortoni, el Bauen, Multiteatro, el galponcito de radio Del plata, el Caras y Caretas. Sus colaboradores han cambiado muchas veces. Personalmente el equipo Dolina, Rolón, Stronati fue el que más me gustó y es una elección difícil. Hoy Patricio Barton es impecable como partener. Pero fuera de esa discusión, el único irremplazable es Alejandro Dolina, conductor y centro de un programa radial con un formato único. Dolina, creo humildemente, que es uno de los grandes pensadores de la argentina, sus reflexiones pasan por las vicisitudes de la vida, el amor, la política y el mundo del conocimiento.
Tantas veces me he encontrado escuchando sus argumentos en noches de desvelo, sus respuestas o sus nuevos interrogantes. Sus entrevistas, son un género en sí, a veces incomodan al entrevistador, que sabe que enfrente tiene una subjetividad de las cuales afloran afirmaciones y construcciones argumentales sólidas. ¿No es acaso un filósofo? Sí, lo es. ¿No es un tipo que se pregunta por las grandes cuestiones de la vida? Sí, lo es. La academia, que no perdona que el conocimiento circule colectivamente y por otros canales que no sean los papers o los doctorados, jamás lo considerarían en sus filas. Ha pasado con Soriano, con Fontarrosa y con tantos más.

Dolina es un hombre de radio, un hombre de las ideas, que atraviesa generaciones y generaciones. Su criatura la Venganza Será terrible es creo para mí y muchos otros, producto de una rica historia radial argentina. Si alguna vez con amigos intentamos realizar un programa de radio, si hoy intentamos hacer de la Revista Marfil un espacio colectivo, cultural y crítico, creo que Alejandro Dolina tiene demasiado que ver en eso. En alguna medida somos malos imitadores, pero impulsores y divulgadores de su obra.
Siempre tengo presente una respuesta de Dolina a un oyente, creo que encierra no sólo una forma estética, sino también una sensible concepción de la función que deberían tener los medios culturales, transcribo:
Stronati – Es Rubén de Caballito y dice: “Dolina ¿vamos a seguir hablando del retrato de Luis XV o hablar del retrete de los yankis en Bagdad?”
Dolina:-¿ A ver cómo es?
Stronati: – “¿Vamos a seguir hablando del retrato de Luis XV o hablando del retrete de los yankis en Bagdad?”

Dolina: -Según. Si usted quiere oír sobre el retrete de los yankis en Bagdad tiene todo, todo el día. Tiene todo el día para oír eso. En este programa no porque no… no estamos capacitados, no somos periodistas, no trabajamos con información general. ¿Usted qué me está diciendo? ¿Lo que dijo un amigo? Que decía que mientras el pueblo sufría, nosotros hablábamos de los egipcios. Yo quisiera tener tiempo para explicar esto, pero, primero, nosotros no hacemos, lo que hacemos por cantar una milonga.
Quiero decir que, a lo mejor, lo verdaderamente contestatario, la fuerza que se opone a la brutalidad de Bush, a la estupidez de los funcionarios, la fuerza que permitirá salvar al pueblo que sufre; es la fuerza de la inteligencia, del pensamiento y de la sensibilidad, Y de ningún modo el oportunismo de los que dicen frases adocenadas en contra de la guerra como si bastara con eso. ¿Qué quiere que haga? ¿Que vaya y tome McDonald’s? Y que tiemble Bush.
Bush y cualquiera de los tiranos van a temblar mucho más si se desarrolla, mi querido amigo, la
inteligencia. Ése, ése es el camino. El camino del pensamiento, de la ciencia, de la inteligencia, ¡del arte!
¿Qué quiere, que abandonemos todos el arte y nos dediquemos a ver CNN? ¿Qué quiere, que le ponga el televisor en CNN y diga qué? ¿Qué sentido tiene que yo diga que mataron a seiscientos? ¡Claro que mataron a seiscientos!
Si todos se hubieran ocupado de leer algún libro, por ejemplo el señor Bush; a lo mejor, a lo mejor, en vez de matar a civiles, estaría interesado en deleitarse con las idas y venidas del pensamiento, en ir a ver la historia como una fuente de sabiduría, en abrevar en la poesía, en las novelas, en esta deliciosa combinación de sonidos que es la música. ¡Eso es lo bueno de la vida, mi querido viejo!
No ponerse como un buitre a ver cuántos murieron y creyendo, creyendo que esta mera actitud solipsista y onanista de estar viendo CNN a ver cuántos mató Bush le va a hacer temblar a alguien. Eso no sirve para nada. Lo que sirve es la lucha por las cosas buenas de la vida. Que son, mi querido amigo, el amor, el conocimiento, el arte, la ciencia y el trabajo. Y de ningún modo la denuncia, el odio y el regodearse como un buitre con las cosas espantosas que están sucediendo. Esa es la lucha.


Hoy que ni siquiera hablamos del retrete de los yankis, la comunicación argentina tiende a charlas de pizzería, hoy que el periodismo se ha convertido en un talk show insoportable, que cualquiera opina, si es posible no sabiendo y mejor si es una agresión twittera violenta.

La Venganza será Terrible, es un oasis , es también un trastorno radial, en el sentido de que ha sido una alteración de la esencia y características más rigurosas que tenía hasta el momento el formato radial. Festejemos y apreciemos estos cien años de radio, en los cuales la Venganza es sin duda un capítulo mayúsculo.

Carlo Magno

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