Carlos Thays y la idea de una ciudad verde.

Cuando en el marco del confinamiento por la crisis del coronavirus, con los casos en aumento, el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires habilitó las salidas para realizar actividad física al aire libre en determinados horarios, dejó al descubierto una de las tantas falencias que sufren los porteños: la escases de espacios verdes públicos.

Los medios de comunicación dieron cuenta de los pocos parques y plazas abarrotados de gente. La Ciudad más densamente poblada de la Argentina, autodenominada Ciudad Verde, no tiene una planificación para aumentar sus espacios verdes y ese es un problema sanitario importante.

Por el contrario, se encuentra sumida en la especulación inmobiliaria, lo que el abogado ambientalista Enrique Viale denomina “extractivismo urbano”. La ciudad entrega su espacio público a los intereses de las grandes corporaciones especulativas y por eso se encuentra en el segundo lugar entre las que menos metros cuadrados verdes por habitante tienen.

En su columna del programa Segurola y Habana, de la radio Futurock, Viale explica que “la ciudad, en el mejor de los casos tiene seis metros cuadrados de espacio verde público por habitante, cuando lo que se toma como estándar internacional son quince metros cuadros. Pero en ese cálculo se suman las plazas secas, los jardines de la Avenida General Paz, que no se pueden usar y que fueron achicados, suman los polideportivos concesionados que no son de libre acceso y hasta los canteros. Si le sacamos eso, el cálculo da 4,8 metros cuadrados por habitante y muy mal distribuido. Por ejemplo, Almagro tiene 0,2 y Palermo casi 14.”

Sin embargo, a principios del siglo XX la Ciudad contaba con siete metros cuadrados, más que muchas ciudades europeas de la época y eso se lo debíamos a Carlos Thays, un parisino que llegó a Buenos Aires en 1889, y que después de trabajar en la construcción del Parque Sarmiento de la Ciudad de Córdoba, asumió como director de Parques y Paseos de Buenos Aires.

Es a él a quien le debemos la sombra y el aire que nos dan, aun hoy, muchos de los árboles con los que convivimos a diario. Durante su gestión, que duró hasta 1914, planificó una ciudad que acrecentaba su patrimonio verde al ritmo en que el país crecía recibiendo inmigrantes por millones y que llegó a tener más parques y plazas que otras capitales europeas.
Durante estos años dio forma y remodeló muchos de los paseos públicos más importantes de la ciudad: Parque Centenario, Barrancas de Belgrano, Parque Patricios, Parque Colón, Parque Pereyra, Parque Avellaneda y la Plaza de Mayo, Constitución y Congreso.
Entre los proyectos más significativos encarados por Thays se encuentran los lagos de Palermo, una gran extensión de terreno de veinticinco hectáreas que convirtió en el pulmón de la ciudad al estilo del Bois de Boulogne francés, y el Jardín Botánico, que lleva su nombre, donde vivió en una pequeña casa junto a su familia y en el que reunió en sus siete hectáreas más de 5500 especies vegetales de distintos países, pero con predominio de especies autóctonas.
Mientras estuvo a cargo de los parques y las plazas porteñas pasaron once intendentes y cinco presidentes. Concretó y remodeló el 80% de los espacios verdes públicos de la ciudad y, atento a las etapas de floración de cada grupo para que siempre hubiera árboles floridos, plantó 150 mil a lo largo de calles y avenidas, para lo que utilizó especies autóctonas como el jacarandá, la tipa, el palo borracho, el ceibo y el lapacho.

Con 120 años, esta arboleda aún sigue en pie y, como explica el paisajista Flavio Marqués, “de no haber tenido una generación de profesionales que viene desde Thays en adelante durante los primeros años del siglo veinte, hoy prácticamente no tendríamos árboles”.
Si bien en sus obras predomina el estilo francés, una característica de Buenos Aires que había comenzado a perfilarse algunos años antes con el gobierno de Torcuato de Alvear y el nombramiento de otro paisajista francés llamado Eugène Courtois, también se puede apreciar la influencia de los estilos inglés y romano.
Thays llegó a ser un personaje reconocido, hasta su muerte en 1934, cuando su féretro fue acompañado hasta su sepultura por una multitud de porteños agradecidos, como deberíamos estarlo todos aquellos que esperamos ansiosos la postpandemia para salir a tomar mate a la sombra de alguno de sus árboles.

Sebastián Pujol.

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