El día en que Sacachispas le empató al Barcelona

 Y se llegó al acuerdo con los acreedores, luego de varios tiempos suplementarios que ya no se sabía ni cuándo iba a terminar el partido. Guzmán es Sacachispas dijo unos días atrás Eduardo Feinmann en diálogo con Jonathan Viale en la señal A 24. Y los acreedores, el Barcelona. Pero el final del partido en empate hizo quedar a esas desvaloraciones alevosas y ridículas (tanto para con el ministro como con el club fundado por Perón en villa Soldati). Ya sea porque el figurado Sacachispas se plantó con dos líneas de cuatro y cualquier equipo te la hace peliaguda en el fútbol contemporáneo. O porque cruzó el micro, como se dice vulgarmente frente al arco propio, la cuestión fue que sin dudas se logró un desempeño decoroso. 

Tal vez una de las claves haya estado en no apurarse, en no aparecer desesperado y mendigando un acuerdo para después estar en condiciones de volver a pedir prestado en ese círculo vicioso que lleva tantos años. El Estado no fue nunca un club de supuesta menor cuantía, desde que tenía la decisión soberana de gestionar el canje de la deuda externa. También dijo sobre el ministro de economía el periodista y escritor Jorge Asís que era un amateur, en comparación a la supuesta experticia en estos temas de Alfonso Prat Gay, aquél ministro de la banca Morgan que creyó que el cepo cambiario se podía levantar de un día para el otro, dejándonos en la lona. Luis Juez dijo también de Guzmán que no había administrado ni un puesto de choripanes. El discípulo de Stiglitz tuvo que dar el salto desde los claustros universitarios, a veces devenidos en una especie de microcosmos donde se tiene fácilmente en control cada variable en los estudios, arrojándose al barro de la gestión de la deuda soberana de un país con muchísimos problemas. Tuvo que pasar del laboratorio abstracto de las fórmulas a tratar con acreedores la reestructuración de la deuda y dejando a salvo cierto decoro del país. Y lo ha logrado, firmando un acuerdo el día en que Sacachispas le empató al Barcelona. 

Los mercados lo celebran, el gobierno se congratula, la oposición también quiere ser partícipe del logro. Uno imagina la última pulseada recreándola de esta manera, sobre cada lámina de cien dólares. El gobierno dice 52, los acreedores 56. El gobierno arrima el bochín, 53; los acreedores responden 55, 5. El gobierno dice 54 y me planto. Los bonistas, 55. Para no doblegarse del todo, el gobierno argentino dice: 54,8. Y los acreedores responden: ¿dónde hay que firmar?

El gobierno actuó casi que manejando los tiempos y buscando no parecer apremiado por la urgencia. Lo contrario a cuando un vecino de barrio se encuentra ahorcado económicamente y va a pedirle plata al usurero, rendido antes de comenzar a hablar. El dueño de la plata tiene la tabla de salvación, que a veces será un salvavidas de plomo que lo hundirá todavía más al solicitante. Luego del tironeo, se acordó mal que mal un 45,2% de quita de la deuda soberana, aunque fuera sobradamente compensada para los tenedores de bonos por la continua devaluación del tipo de cambio. Que ganaran un poco menos los bonistas era la cuestión, y se logró.

Logrado el acuerdo, que pase el siguiente: el FMI, madre de Dios. A poco de asumir, el gobierno rechazó el último desembolso de U$s 5000 mil millones que quedaba pendiente del acuerdo con la gestión anterior, menos mal. Como diciéndole al organismo internacional: “no sabemos ni cómo te vamos a devolver lo que anteriormente le prestaste al país, quedate esa plata y vamos restando un poco de la cuenta total”. Varios frentes. Bonistas, Fondo Monetario, y todo en una economía recesiva, atravesando la pandemia internacional y la cuarentena local. 

Porque, mientras todos estos tira y afloje se desarrollan, al mismo tiempo hay que continuar atendiendo cada vez mejor la otra deuda: la deuda interna y la situación social apremiante que padecen muchas familias en la actualidad de la Argentina. Intentando cuidar la salud de todos y  también la economía. Que el acuerdo signifique dar paso al robustecimiento de las políticas públicas para intentar llegar a todos de la mejor manera en una situación excepcionalmente grave por la pandemia que se cierne en el mundo y también se encuentra creciendo lamentablemente en la Argentina.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

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