¿Se podrá carnear la vaca sagrada? Alberto Fernández impulsará una reforma judicial. Un poder que no se toca. El poder más conservador, más antidemocrático y que hace rato tiene gusto a rancio. 

 El hombre de a pie no entiende de fallos,  procedimientos pero la sensación de injusticia sobrevuela al ritmo de sentencias y procesamientos. Las certezas de parcialidad son un hecho. Mismos hechos, iguales supuestos, distintas condenas o tratos. La ley no es justicia hace rato.

Para entender el poder judicial, a los fines didácticos hay que recurrir a los orígenes, a las ficciones del Estado Moderno, el cual está compuesto como todos sabemos por el Ejecutivo, Legislativo y Judicial y el mito o fabula contractualista, la cual como corriente jurídica-filosófica postula algo así: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene” siguiendo con el manual Aula Taller de cuarto grado, en las democracias occidentales, los poderes tienen distinta naturaleza: el ejecutivo es un símil monarca, pero sin corona es elegido por el pueblo e intenta llevar a cabo la administración de la cosa pública. El legislativo es el más representativo hacedor de leyes, controlador del ejecutivo.

El  poder Judicial  debería ser el moderador, el árbitro en este juego de poder en el que siempre hay excesos. Así  fue pensado universalmente el Poder Judicial, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo. Así también se justifican algunas desigualdades: No pagan impuesto a las ganancias, tienen una gran estabilidad en sus empleos y los jueces son inamovibles salvo jury.

El problema que se está suscitando es que la justicia se ha convertido en un jugador más. Esto es peligroso y no es sólo cosa de abogados. La Justicia Federal actúa con quien no tiene poder, por eso hemos visto el desfile de funcionarios kirchneristas y comenzamos a ver el de macristas. No se han respetado normas constitucionales como el principio de inocencia, debido proceso y puros detalles que nos hacen pasar de un sistema democrático a uno maso menos.

Sobredosis de TV

Por otro lado, la distancia entre el ciudadano y las leyes se hace más evidente, ¿será una cuestión de falta de educación cívica? ¿Será una sobredosis de televisión? Todos hablan y nadie entiende. Por ejemplo Justicia federal y ordinaria son confundidas constantemente. Para el común de los medios de comunicación hay “una sola Justicia” sin distinciones. Ni que hablar que “Proceso” “Excarcelación” “Imputación” son utilizados con una vaguedad alarmante.   

Otra fantasía recurrente es equiparar el sistema judicial anglosajón con el que tenemos nosotros. La película yanki con el abogado luchando por convencer al jurado no se da aquí, salvo la excepción experimental en Córdoba. Tal como decía Robert Frost “El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado”

Volviendo a la distinción entre la justicia federal (que es la que vemos en el tele) y la ordinaria, la principal cuestión es tener en consideración nuestro sistema; supuestamente somos Federales, como dice el versito de nuestras regla de juego más importante como lo es la Constitución Nacional. Forma de Gobierno: representativa, republicana y federal. La síntesis para aproximarlos al tema, es que las provincias han delegado en el poder central ciertos poderes y otros no, temas conflictivos respecto a tratados con las naciones extranjeras; las  causas en que la Nación sea parte (ejemplo: El estado contra alguna empresa privada); causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; Los delitos contra el fisco nacional; Narcotráfico. Son algunos de los temas en los que versa la justicia federal. Sin duda, el más importante, su ancho de espadas: los delitos contra la administración pública llevados a cabo por funcionarios públicos del Estado Nacional. A esto se le llama competencia, en este caso competencia federal. La ordinaria por ejemplo sería el caso de un delito común y corriente como afanarse un pingüino de un restaurant, un hurto digamos, en ese caso actuaría la competencia ordinaria.

El star system mediatico comenzó como era previsible la simplificación de la cuestión, transformándola como siempre en un slogan: Ataque a la justicia de los K.  Nunca es el momento, nunca hay suficiente legitimidad, siempre es un ataque modificar las estructuras de poder más arcaicas de la argentina. 

Ojalá se pueda. Ojalá sea justicia.

Dr. Lionel Hutz

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