Los orígenes

“Pampa yo diviso tu anchura”

Jorge Luis Borges

 

María Eva Duarte nació el 7 de mayo  1919 en la localidad de Los Toldos (Provincia de Buenos Aires) ubicada en la llanura pampeana, un escenario natural que inspiró la célebre “radiografía de la pampa” del gran escritor Ezequiel Martínez Estrada, que en 1942 escribió:

“La amplitud del horizonte, que parece siempre el mismo cuando avanzamos, o el desplazamiento de toda la llanura acompañándonos, da la impresión de algo ilusorio en esta ruda realidad del campo

En aquel escenario, en donde se habían reproducidos como manadas salvajes  los vacunos y yeguarizos traídos por los conquistadores españoles, que antaño poblaron tribus nativas y gauchos errantes, a mediados del siglo XIX había comenzado a  modificar  su fisonomía con la  extensión de la red  ferroviaria, en cuyo diseño interviene  el imperialismo inglés (fijándonos  el rol de proveedores de carnes y cereales para el mercado europeo).

En 1919 la presidencia de la Argentina  estaba a cargo del caudillo de la Unión Cívica radical Hipólito Yrigoyen (electo en 1916 después de las reforma de 1912, que imponía el voto secreto y obligatorio, aunque la apertura política se limitaba solamente  a los varones).

En junio de ese mismo año se reunían en Versalles (Francia),  los representantes políticos de las principales potencias europeas para ponerle formalmente fin a la Primera guerra mundial (que se había cobrado la vida de 8,5 millones de combatientes y 6,6 millones de civiles). Se iba conformando un nuevo escenario en la  política internacional con la hegemonía de Estados Unidos, en tanto que en Europa comenzaba un posguerra convulsionada por el surgimiento de los regímenes totalitarios (fascista, Estalinista y nazi).

 

En busca de un sueño

” Los trenes eran animales mitológicos que  simbolizaban la huida, la fuga, la vida, la libertad

Joaquín Sabina

 

Como señalan los autores del libro “Inimitable Evita”:

La vida pueblerina transcurría, en la primeras décadas del siglo XX, en la medianía de un tiempo sin mayores horizontes que la escuela normal o el casamiento para las mujeres, y el trabajo en el campo o en alguna repartición estatal para los varones”.

La  infancia de Eva estuvo marcada por la pobreza y su condición de hija extramatrimonial. Su amiga de la infancia  Elsa Sabella dirá al  respecto:

“acá en la provincia ser hija natural era como un baldón, como una maldición “

En 1935, a los quince años Eva parte con  rumbo a Buenos Aires, en el camino le escribió a su madre:

Apenas acabo de partir y ya empiezo a sentirme lejos. Lejos de los toldos, de Chicha, de Juancito y de vos, Blanquita, Elisa. Sin embargo, me siento feliz. Vos sabes cuánto soñé con este viaje”.

 

En la ciudad de la furia

 

Cuando Eva lleva a Buenos Aires, el país se encuentra en medio de una  profunda crisis social consecuencia de la crisis mundial desatada en  1929. Como una pintura de época el  tango “Pan” Celedonio Flores describía los padecimientos de un desocupado:

“Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, ni dulces… ¡Señor!…
Sus pibes se mueren de frío
y lloran, hambrientos de pan”

En lo político los años 30  estuvieron signados por el retorno del fraude en el plano electoral. Mientras que en el plano económico, la Argentina había firmado en 1932 un tratado  con Gran Bretaña, que la dejaba en la condición de  semicolonia proveedora de carnes y cereales.

Este contexto hostil Eva comienza a buscar su lugar en el mundo artístico. Como señalaba su amigo el diseñador Paco Jaumandreu:

El que una chica de un pueblo quisiera ser actriz o estrella de cine era algo así como un pecado  mortal (…) la palabra más suave para una figura que quería ser actriz era que era una mujer de la calle”.

 

El despertar político de Eva

 

17 años de la vida de Eva transcurrieron   en la ciudad de Buenos Aires. En ella conoce  al entonces Coronel Perón, que venía ganando notoriedad pública como funcionario de  la Secretaría de trabajo y previsión. En 1943  Perón sostenía que el Estado  “se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber”. Desde esta cartera impulsó una serie de medidas tendientes a mejorar la condición de vida  de los trabajadores.

Eva vivió con intensidad este período signado por  adhesión incondicional de una buena parte del movimiento obrero hacia a la figura del Coronel. Al mismo tiempo también se aglutinaba un grupo heterogéneo de oposición  que veían  al  liderazgo de  Perón como una amenaza.

Luego del  encarcelamiento de Perón  en octubre de 1945, una multitud de trabajadores salió a pedir por la libertad de su líder. Nacía el peronismo como fuerza política.

El peronismo triunfante en  las elecciones de 1946 profundiza su tarea de inclusión de los sectores marginados del plano político y económico. Comienza un periodo de consolidación del Estado benefactor.

Prefiero ser Evita

 

En apenas seis años la figura de Eva crece exponencialmente. Contaba el propio Perón que  su contacto con los dirigentes gremiales se había iniciado en la Secretaria de Trabajo y previsión:

“El trabajo que ella tenía la obligaba a atender a todos los dirigentes. Ella era una mujer del pueblo y, como los trataba como compañeros, se ganaba la buena voluntad y la amistad de todos”

Ya electo presidente Eva continuó su labor. El embajador español en Argentina  José María de Areilza en sus memorias describía aquellas jornadas de trabajo:

“Quien no haya conocido esa época difícilmente pueda imaginar el tono y el clima del ambiente en que la mujer del presidente despachaba sus infinitos visitantes. Era un continuo clamor y barullo de cientos de personas abigarradas y heterogéneas que esperaban durante horas ser recibidas por ella. Había comisiones de obreros; mandos sindicales; mujeres del pueblo desgreñadas, con niños; periodistas extranjeros; una familia gaucha con sus ponchos pampeanos”

Eva chocaba con el estereotipo de la dama presidencial, se enfrenta la sociedad de Beneficencia. Eva sostenía que su obra no era filantropía ni caridad ni limosna sino “estrictamente justicia”.

En 1948 se puso en marcha la fundación Eva Perón. En palabras del propio Juan Perón:

“Evita ideó lo que ella llamó “ayuda social”. Primero comenzó por crear los “hogares de transito”. Si u hombre se quedaba sin trabajo, iba a los “hogares de transito” con su mujer e hijos, y se alojaba. Entonces se le buscaba, primero trabajo y después, casa. Poco a poco se empezó a ensanchar la base de actividades de la Fundación”

Entre su extensa labor se cuenta la construcción de dos grandes policlínicos, hospitales, centros de asistencia pública y gratuita.

 

 

Me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria

 

Como tantas otras mujeres Eva se abrió paso en un terreno hostil. Como señala Felipe Pigna:

“El voto femenino era un reclamo histórico de los movimientos feministas, que exigían la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre las mujeres y los hombres. Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Uruguay y Rusia, entre muchos otros países, lo habían aprobado a fines de la Primer Guerra Mundial. En la Argentina, con excepción de la breve experiencia sanjuanina de 1927 y los simulacros de votación de las mujeres socialistas, se seguía demorando.  El mismo Partido Socialista tenía preparados proyectos legislativos, pero sin respaldo, dormían en las cámaras parlamentarias.”

El 23 de septiembre de 1947 en la Plaza de Mayo, Eva pronunció  un discurso  con motivo de la sanción de la ley que otorgó el derecho al voto a la mujer argentina en el sostenía:

“Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas.”

Es un dato significativo  que muchas mujeres pioneras del feminismo  como Alicia Moreau de Justo, se opusieron alegando cuestiones políticas. Pero es innegable que a partir del liderazgo de Eva las mujeres tuvieron un mayor protagonismo en la vida política. Como señala Diana Maffia: “la segunda mitad del siglo XX, es quizá la de los cambios más grandes para la condición de las mujeres”.

A las 20:25

Cuenta Perón  que cuando el  cáncer en el cuello del útero  comenzó a avanzar:

“traté de mantenerla en casa  y que no saliera. Esto era muy difícil, pues no quería otra cosa que trabajar”.

Su devoción por el bienestar del pueblo la llevó a dejarlo todo. El 26 de julio de 1952, a sus 33 años  moría María Eva Duarte de Perón. En sus memorias Perón relata que  sus últimas palabras fueron:

“cuida a los obreros y no te olvides de los “grasitas”.

Juan Granero

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