La cuarentena y la negociación “más largas del mundo”

El 17 de julio se anunció la apertura paulatina, gradual de la cuarentena. Si el 17 de octubre fue en la liturgia peronista el momento fundacional y de apertura a las masas olvidadas ungiéndolas como un sujeto protagónico de la política, este 17 de julio implica el intentar empezar a salir del enclaustramiento a enfrentar a la peste de otra forma, de alguna manera conviviendo con ella pero sin enloquecerse y adoptando los cuidados. 

Y se levantan críticas, porque así es el mundo y nuestro país. Los mismos que criticaban el enamoramiento de la cuarentena del gobierno ahora apuntan que se inicia la apertura con un número creciente de casos. Pero volvamos a mediados de marzo, cuando se inició la cuarentena estricta en el país con medio centenar de casos confirmados. Todos sabíamos que en julio habría más casos, muchísimos más casos que en ese momento. Pero lo que intentó el gobierno (y lo logró) era que las grandes cantidades de casos se incrementaran escalonadamente en el tiempo. Evitar el salto de cien casos un día a mil al día siguiente, y diez mil tres días después. Evitar que un tsunami desbordara al sistema sanitario como ocurriera en muchos países del viejo continente. Pero siempre van a criticar los que no tienen responsabilidades de gestión, porque el gobierno hace una cosa o la otra. O porque no hace nada. Pero una cuestión importante de la conferencia el 17, y en general durante todo el transcurso de la pandemia, es que se mostró unidad en el espacio político. O sea, las distintas fuerzas políticas del país articularon acuerdos de cómo actuar frente al virus. Axel Kicillof con Horacio Rodríguez Larreta. Y el federalismo de la última conferencia de prensa, incluyendo a representantes de tres provincias del interior de variados espacios políticos. El periodismo amarillista en uno u otro lado fogoneando la grieta no tuvo ecos que conmovieran esa unidad lograda. 

¿Cuántas veces uno ha escuchado “Argentina debería tener políticas de Estado”, más allá de las gestiones y los gobiernos? Y bueno, tal vez la pandemia brindó la ocasión para una de las primeras políticas de Estado integrales, en unión con espacios opositores. En la mutua ignorancia e incertidumbre a lo que se venía, se acudió a escuchar al otro y ponerse de acuerdo. Una pena que algunas partes del periodismo no siempre lo haya comprendido.

De la cuarentena “más larga del mundo” (pero con menos fallecidos, en comparación) pasaré a tratar someramente “la negociación de la deuda más larga del mundo”. Ya es difícil recordar cuándo comenzó la negociación, que tuvo lugar prácticamente desde el comienzo de la gestión del gobierno. Fecha tope inicial en mayo, estamos a julio y se sigue con el tira y afloje. Las dilaciones casi que hacen acordar al líder de la Confederación Argentina Juan Manuel de Rosas, que cuando trataba con representantes extranjeros (de Francia e Inglaterra sobre todo en ese momento) los hacía esperar incontables horas, haciéndoles atravesar una amansadora que incluía que tuvieran que departir con su ministro Arana y aguantar las morisquetas del bufón Eusebio. Por supuesto que se continuaban con las negociaciones aún cuando habían bloqueado las potencias a la Confederación Argentina, pero parecía haber tiempo para Juan Manuel de Rosas, que no exteriorizaba desesperación. 

En 2020, los bonistas probablemente hubieran esperado otro trato si hubiera continuado la gestión anterior, y uno podría concluir que la negociación se hubiera terminado hace rato aunque a un precio imposible de cumplir y con sus redundancias en las políticas de Estado cada vez más exiguas, recortadas, que ni siquiera Salud era Ministerio. Han circulado muchas cosas en estos meses en que el diferendo continúa en las redes sociales, como algunas expresiones “subió la Bolsa porque se descuenta el arreglo con los bonistas”. Nada de eso sucedió al día de hoy y el país continúa adicionando el tiempo, aún con el agua al cuello en materia financiera, herencia del sobreendeudamiento de la gestión anterior. En algunos medios periodísticos, comentaron que los acreedores le pusieron un apodo a la estrategia del ministro de economía Martín Guzmán: Pac-man, intentando avanzar en canjes parciales para dividir a los bonistas y también haciendo alusión a la negativa de incluir claúsulas indexatorias en los bonos. Las cotizaciones de los papeles se podrían ver desvalorizadas por la inflación, tanto como el salario de cualquier hijo de vecino, lo que a esa aristocracia nunca le pasó. Ya vimos, en canjes anteriores de deuda, que la inclusión del coeficiente CER significó la pulverización de la credibilidad de las estadísticas públicas probablemente para abonarle menos a los bonistas. También vimos que el 8% de acreedores que no aceptaron canjes anteriores, encontraron en el juez Griesa un magistrado que le dio vía libre a sus demandas. Mucha agua corrió bajo el puente, en un problema circular que siempre vuelve y se reactualiza.  La diferencia es que ahora el gobierno no muestra la desesperación que tuvieron otros para poder arreglar y continuar endeudándose. No habrá salidas heroicas y la que se logre, recibirá críticas como las de la apertura gradual de la cuarentena.

Pero el ministro Guzmán explica, en un tono monocorde, la oferta del país y ahí se planta. Sergio Massa habló y dijo: “la pelota está en la cancha de los bonistas”. El partido se sigue jugando y nadie sabe cómo terminará ni la cuarentena ni la negociación “más larga del mundo”.

 

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

 

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