-¿Vos estás seguro de que sabés cómo llegar?

-No tengo ni idea, pero no importa. Ahora lo importante es tener conexión en el celular para que agarre el GPS.

Bruno relojea el aparato electrónico que cuelga del parabrisas delantero del Volkswagen Gol, mientras Darío intenta sintonizar la radio Aspen. A pesar de las cargadas de sus amigos, Dario insiste con la idea de que esa radio, la Aspen, no falla, no te deja nunca a gamba. Pasa música aceptable y los locutores no molestan demasiado. Internamente sabe que las cargadas de sus acompañantes tienen fundamento: si viajara en el tiempo para comunicarle a su propio yo adolescente que pasados los treinta años escucharía una radio con locutores melosos que pasan música de hotel alojamiento, el joven Darío se suicidaría.

Decide retomar un viejo tema de conversación antes de que alguien haga un chiste al respecto.

-¿Vos decís que el fútbol ya no es como cuando éramos pibes por culpa de los yanquis?

-En gran parte, -responde Bruno.

-Sos un nostálgico y un paranoico, – dice Gerónimo desde el asiento trasero y con ánimo beligerante.- Para vos las cosas eran mejores cuando no estabas ni en los huevos de tu viejo y la culpa de todo es de la CIA. Las cosas cambian, es inevitable.

-No, yo te hablo en serio, escuchame. Todo se empezó a desbarrancar con el mundial ’94.

-¿Qué pasó en el mundial ’94? –pregunta Marcelo.

-¿El dopping del Diego?

-No, eso fue una tragedia, -grita Bruno,- pero no viene al caso. Dejemos de lado el tema de que los yanquis siguen sin entender el fútbol, que se metieran con nuestro deporte y que hayan tenido un mundial en su casa es denigrante. Lo que pasó, lo que permitimos que sucediera, lo que nos arruinó, fue que ahí empezó la globalización de la pelota. Siempre y cuando entendamos la globalización como realmente es: los poderosos llevándose todo puesto.

-Esta es la salida. No te pases.

-Si no me lo decías me pasaba. La gallega del GPS no me avisó.

-¡Mirá la hora que es!

Habían planeado partir hacia la localidad de Juan Domingo Perón a las nueve de la mañana, pero a esa hora el único que estaba despierto era Gerónimo, que leía en la cama sin acordarse del partido. Recién a las once empezaron a llegar los mensajes a su celular. Se hizo unos mates, sabiendo que no pasarían a buscarlo hasta después del mediodía. Si todo salía bien los cuatro ocupantes del Volkswagen Gol llegarían con el tiempo justo para armar todo y hacer la transmisión radial del partido sin problemas.

-Es una locura lo que decís, pero algo de razón tenés, -dice Dario.- Ya no queda nada del viejo fútbol que disfrutaron nuestros viejos. Yo creo que en los noventa empezó este hiperfútbol de hoy.

-Ahí fue cuando todo se empezó a arruinar, -le da la razón Bruno.- Cuando empezamos a mirar más el fútbol europeo que el nuestro. Cuando los pibes empezaron a gritar goles de equipos de allá. Cuando los gallegos, los tanos o los ingleses se empezaron a llevar los pibes crudos, con la familia incluida, contrato y representante. Y ni hablar del futbol se ascenso. Nosotros estamos en vías de extinsión. Cuantos pibes jóvenes te crees que son capaces de seguir hasta el culo del mundo como hacemos nosotros a un equipo de la C.

-Están hablando demasiadas pavadas –se queja Gerónimo.- ¿Cuánto más hay que andar por este camino?

-No sé. Confiemos en que la tecnología nos va a llevar a buen puerto. La vez pasada que vinimos a esta cancha este camino no estaba terminado y entramos por otro lado.

-¿Se acuerdan de ese equipo del Ajax en los noventa?

-¡Claro! Equipazo. Fue justo cuando pusieron el cable en casa. Había un programa que pasaba los resúmenes.

-Jugaban los dos hermanos de Boer, Rijkaard, Seedorf, Kluivert, Van der Saar, Reiziger…

-Yo creo que ese fue el primer gran equipo europeo que nosotros, acá en el culo del mundo, disfrutamos siendo pendejos. Algo así como el inicio del colonialismo futbolístico.

-Ganaron la Champions.

-El que la rompía toda era el rusito que jugaba arriba.

-No había ningún ruso en ese Ajax del ’95. Vos hablás de Jari Litmanen.

-Era finlandés.

-¡Litmanen! Te acordás de Jari Litmanen.

-Cada semana, cuando pasaban el programa de fútbol europeo te enterabas que el tipo la había vuelto a embocar.

-Creo que debe haber sido lo mejor que le dio Finlandia a la humanidad.

-¿Qué sabés vos de Finlandia?

-Lo único que sé de Finlandia es que los tipos que viven ahí se cagan de frío y nunca hacen nada importante por el mundo.

-Eso es hablar al pedo. ¿Vos sabés lo que es la educación en Finlandia? Allá no es como acá. Los pibes van a estudiar, los docentes son tipos formados, serios, apoyados por el estado.

-¿Y desde cuándo sos experto en la educación de los países nórdicos?

-No hace falta ser experto. Vi un documental el otro día.

-Gero, no me rompas los huevos, Jari Litmanen tiene que ser lo mejor que dio Finlandia. ¡Qué pedazo de jugador! ¿Cómo es que un finlandés termina jugando en uno de los mejores equipos de la historia?

-¿Qué deportes juegan los finlandeses?

-Hockey sobre hielo y lanzamiento de bolas de nieve.

-No, en serio boludo.

-Yo qué sé.

-¿Litmanen fue el máximo goleador de esa copa del ’95?

-No, el negro George Wea. En la final de esa copa Van Gaal lo saca a Litmanen cuando estaba por terminar el partido, lo pone a Patrick Kluivert, que era el nueve y el verdadero goleador del equipo, la manda a guardar y les da la copa.

-Ya casi llegamos, me parece. ¿Dónde carajo nos estamos metiendo?

-En la parte más oscura del mismísimo culo del mundo.

-Ahora ya vinimos hasta acá, no vamos a arrugar.

-Volviendo al tema de conversación: ahora el fútbol es más rápido que nunca. Los tipos son máquinas. ¿Se dieron cuenta de que ya casi no hay jugadores gordos? No tienen lugar. Salvo alguna honrosa excepción perdida por ahí en el fútbol tercermundista, esos gordos hermosos, habilidosos, son una especie en vías de extinción. Hoy en día el Beto Márcico estaría atendiendo un parripollo.

-No seas jetón. Esto pasó siempre. ¿Sabés lo que deben haber pensado los fundadores del fútbol cuando se profesionalizó, lo que habrán sufrido los nostálgicos como vos cuando la gente empezó a ver más fútbol por la tele que en vivo y en directo?

-El GPS marca que tenés que doblar en ésta.

El auto gira en una esquina y el aparato les marca que llegaron a destino. A un costado se extiende un descampado. No hay rastros de césped ni tribunas. Solo se ven dos arcos de madera y algunos ranchos a lo lejos. El relator, los dos comentaristas y el productor de la radio partidaria Con el verde a donde quiera ir saben que no llegaran a tiempo al comienzo del partido.

-Se ve que la gallega del GPS no conoce muy bien el Conurbano, -dijo Bruno,- se confundió de cancha.

 

Sebastián Pujol.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s