Para Sebastián, el Hobbit de la calle Castelli

 

“Mano a Mano entre nosotros” de Arturo Jauretche es hoy un libro maltrecho, recauchutado con cintas (¡pero de los que se releen con gusto!).

De mi viejo, copié la costumbre de ponerle el año en que lo leí, con lápiz dice: “Juancho 2001” -no es un dato menor,  muchos jóvenes estábamos en la búsqueda, y como una especie de Gandalf, el viejo Arturo, nos guió en tratar de destruir en Mordor el anillo de la zoncera neoliberal-.

De aquel libro me interesó un artículo en particular:” En el sesquicentenario de la independencia”, en donde Jauretche analiza el significado del 9 de julio de 1816.

Lo más seductor del artículo era el comienzo, que venía a dinamitar la solemnidad que suelen tener los actos patrios:

Hay una estrofa del himno nacional que suele inducir a error a nuestros paisanos. El que supimos conseguir es un poco como el “vamos arando” del mosquito en la cabeza del buey. Parece  que fuera una invitación a dormirse sobre laureles en cuya adquisición hubiésemos participado los argentinos actuales”.

Y además Don Arturo  sostenía:

Creo que la mejor manera de evocar nuestros grandes fastos históricos es recordarnos que la historia es una cadena a la que cada generación debe aportar su eslabón

Otro de los aspectos que criticaba Jauretche era la “excesiva divinización” de los protagonistas del pasado, que a su entender los despojaba de sus pasiones y de las intrigas, propias de cualquier persona.

Para tomar real dimensión del 9 de julio de 1816 es necesario indagar el contexto que giraba en torno al Congreso convocado en Tucumán. Comprender aquellos peligros que asechaban a la revolución. Recordemos aquella carta de abril de 1816, en donde José de San Martín le decía a Godoy Cruz:

«Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia. ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas.»

 

El peligro inminente no era sólo por la ofensiva de los ejércitos realistas, sino también por las diferencias internas que se gestarían en torno a qué país se constituiría de ahí en más. Jauretche lo resumen en pocas palabras: “pronto el destino los dividirá en bandos” sin embargo, en Tucumán “han encontrado un punto de encuentro en ese corte que practican”.

A modo de cierre del artículo, Jauretche reflexionaba:

“Tal vez cuando los niños de las nuevas generaciones hayan aprendido que la pasta de los héroes no es de papel maché, sino de la sangre y de la carne de que ellos están hechos, integrada por el espíritu que aquellos tuvieron, podamos completar para nuestro tiempo lo que aquellos nos dieron como labor empezada y no concluida

Con el paso del tiempo me di cuenta que “Mano a mano entre nosotros” fue uno de los libros que me llevó a elegir mi vocación por la historia, y al que vuelvo a consultar una y otra vez.  Por eso a Don Arturo y a mi viejo: ¡Muchas gracias!

Juan Manuel Granero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s