Eyal Weintraub: “El ambientalismo y el feminismo son un primer acercamiento a la política para toda una generación de jóvenes.”

El mundo se vio obligado a parar la pelota y una pregunta se metió en boca de todos: ¿Cómo será la vida post Covid-19? Todavía no se inventó la vacuna contra el coronavirus, ni tampoco la bola de cristal. Como siempre, el futuro es un territorio en disputa. En esa discusión los jóvenes tienen mucho para decir.

Eyal Weintraub, de veinte años y estudiante de Ciencia Política de la UBA, es uno de los fundadores de Jóvenes por el clima, un grupo de pibas y pibes que creen que toda discusión de futuro debe estar atravesada por un cambio en nuestra relación con el medio ambiente. Con él hablamos de esta y muchas cosas más.

-¿Cómo nació tu militancia en esta causa?

-Mi militancia en el terreno socioambiental arrancó junto con la agrupación Jóvenes por el clima, a mediados de febrero del año pasado. En 2018 empezó a tomar impulso en Europa el movimiento Fridays for future, de la mano de Greta Thunberg. En febrero de 2019 empezó a circular un video por redes sociales, en el que se llamaba a una movilización internacional para el 15 de marzo, demandando acciones concretas e inmediatas para mitigar los efectos de la crisis climática y ecológica. Vi que había mucho interés, mucha gente compartiéndolo, pero ningún grupo de personas que estuviera organizando la convocatoria.

Con el objetivo de que Argentina se suma a la movilización internacional es que nace Jóvenes por el clima, como la representación local de Fridays for future. Nos empezamos a organizar y logramos que el 15 de marzo se manifiesten cerca de 5000 personas frente al congreso nacional y otros miles en todo el país.

-¿Qué importancia le dan ustedes a la movilización popular?

-De algún modo el modelo a seguir es el que nos enseñaron las pibas, con el crecimiento de la ola feminista. Gestar una marea y poder hacer que se vuelva una demanda intersectorial. Nosotros creemos que el ambientalismo tiene, en ese sentido, bastantes similitudes con el feminismo. Nuestro objetivo principal es generar masa crítica y la mayor cantidad de personas en las calles demandando acciones concretas. Entendemos que es la mejor herramienta que tenemos para efectivamente exigirle a la política que tome cartas en el asunto. Es la mejor herramienta que tenemos para transformar el sistema y lograr que esas reivindicaciones que se alzan en las calles después sean tomadas y se institucionalicen.

-¿Creés que hay cierto menosprecio de parte de algunas organizaciones políticas más tradicionales hacia el ambientalismo?

-Eso está cambiando. El año pasado fue bisagra. No estamos ni cerca de lo que va a ser la marea ambientalista, pero se empezó a notar como poco a poco las calles se llenaban de gente y empezaba a tomar importancia las reivindicaciones ambientalistas en la agenda pública. No con la urgencia que nosotros creemos que merece, pero sí con un cambio significativo respecto a años anteriores. Una de las razones por las que fue ninguneado durante mucho tiempo por la militancia más tradicional se debe a que el ambientalismo o ecologismo que reinaba en Argentina era importado del norte. Tenía el enfoque puesto solo en la conservación de la flora y la fauna, que es importantísimo, pero no hacía conexión con el aspecto social. Nosotros nos consideramos un movimiento socioambiental.

El movimiento ambiental tradicional se centraba mucho en las conductas individuales y no en el sistema de corporaciones que son las que realmente causan los daños. Si miramos los números vemos que el 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero son generadas por 100 empresas. Ese dato es nuestro caballito de batalla. Es importante que las acciones individuales y los hábitos de consumo cambien, pero hay que acompañarlo de reclamos de transformaciones estructurales a través de la movilización colectiva en la calle. No poner el enfoque solo en lo individual. Esa mirada del ambientalismo está cambiando y se debe al crecimiento de los movimientos juveniles.

-¿Cuáles son los principales problemas socioambientales de nuestra región?

-En la división internacional del trabajo nos ha tocado ser agroexportadores. Países que extraen el producto primario y después lo envían al exterior. Esta matriz extractivista trae daños ambientales gigantescos para los pueblos que viven alrededor de estas zonas, que muchas veces son denominadas áreas de sacrificio. Son altares hacia el Dios desarrollo. Nos prometen a cambio una mejora en la calidad de vida, que nunca llega.

Otra cuestión que ha tomado mucha relevancia en estas semanas por la controversia de la intervención de Vicentín es la idea de soberanía alimentaria, que no solo es el acceso al alimento y que ese alimento sea saludable, sino que los pueblos tienen que tener el derecho a poder producirla de la manera que lo decidan, teniendo en cuenta su cultura y sus particularidades. Hecho por el pueblo, para el pueblo.

En Argentina, particularmente, tenemos una de las tazas de uso de agrotóxicos más altas del mundo. También se utiliza cianuro en la extracción de minerales. En el norte tenemos problemas gravísimos relacionados a la deforestación Ahora estamos viendo los incendios en el Paraná por el avance de la frontera agroindustrial. No tenemos una ley de humedales. Es un problema, porque un cuarto de nuestro país está formado por humedales y no hay una ley que lo proteja. Son fundamentales para prevenir inundaciones.

“El movimiento ambiental tradicional se centraba mucho en las conductas individuales y no en el sistema de corporaciones que son las que realmente causan los daños. Si miramos los números vemos que el 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero son generadas por 100 empresas”

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-¿Hay colaboración con otros movimientos ecologistas en el país?

-Tenemos vínculos con otros grupos. La otra expresión fuerte que ha nacido a raíz de las movilizaciones del año pasado es Alianza por el clima, compuesto por distintas ONG, algunas más militantes, otras menos.

-¿Creés que hace falta más militancia y menos ONG en el ambientalismo?

-En el ambientalismo por lo general hay mucha ONG y poca militancia, pero es algo que está cambiando y bastante rápido. La militancia tradicional empieza a tomar estos reclamos como necesarios y a incluirlos en sus reivindicaciones.

El año pasado la movilización más numerosa que hubo contra la crisis climática, el 27 de septiembre, tuvo una amplia participación de centros de estudiantes secundarios y universitarios y de movimientos populares. Poco a poco se va generando un consenso. El ambientalismo funciona de una manera similar al feminismo, en el sentido de que es un primer acercamiento a la política para toda una generación de jóvenes. Lo que se vuelve necesario es trazar alianzas estratégicas entre el movimiento ambiental y los movimientos populares, que son los que mueven la vara en cuanto a las movilizaciones masivas. Que quede que si postergamos los problemas ambientales se van a profundizar todos los demás.

Tenemos que buscar la forma de hacer esto en conjunto. Cuando nace Jóvenes por el clima, una de las cosas que nosotros decidimos hacer fue no llamarnos Fridays for future, porque si queríamos ser un movimiento latinoamericano, popular, que interpele a sectores amplios de la sociedad, lo primero que había que hacer era tener un nombre en castellano. Viernes por el futuro nos parecía bastante malo y por eso decidimos llamarnos jóvenes por el clima y tomar el siguiente lema: “Si el presente es de lucha el futuro en nuestro”.

Los países donde menos se emite gases de efecto invernadero, como los de nuestra región, son los que más van a sufrir las consecuencias y es donde menor grado de concientización hay. Las movilizaciones en Europa son mucho más grandes que acá.

Si son distintas las probelmáticas de Latinoamerica a las del norte, nos pueden ser iguales las formas de resistencia, ni las peleas, ni la organización. Pero tenemos que entender también que es un problema global y que para enfrentarlo se van a necesitar lazos regionales, que Latinoamérica se pueda mostrar unida al momento de ir a las negociaciones internacionales respecto de cuanto hay que reducir las emiciones de gases de efecto invernadero, de quienes van a pagar esos costos. Es un problema global que va a necesitar relaciones globales para poder solucionarse.

-¿Qué respuesta tuvieron de parte de la política?

-Tenemos bastante diálogo con miembros del parlamento. Se nos acercó por ejemplo la nueva presidente de la comisión de ambiente y desarrollo sustentable en el Senado, Gladys Gonzalez, para tener una reunión y seguramente nos estaremos reuniendo esta semana. Lo mismo con Leonardo Grosso, que es el presidente en la Cámara de Diputados. Hemos tenido reuniones con Juan Cabandié y también el año pasado con Sergio Bergman.

Lo que pasa es que el ambientalismo, aunque es profundamente revolucionario, en la opinión pública está bien visto. El negacionismo acá no existe, como sí puede existir en otros países personificado quizás en las figuras de Trump o Bolsonaro. La política se vio dispuesta a escuchar lo que teníamos para decir, pero de ahí a llevarlo a políticas públicas concretas suele haber una brecha.

Vemos que poco a poco estos reclamos van tomando prioridad en la agenda pública y en la política, pero la realidad es que hay que enfrentarse a poderes reales muy concretos, que lo dificultan y lo vuelven tediosos. Por eso volvemos a la importancia de tener movilizaciones masivas de tu lado. Si hay que enfrentarse al grupo económico más concentrado del país, que es la industria agroexporadora que también concentra el ingreso de divisas, para prohibir el uso de agrotóxicos o reducirlo drásticamente va a tener que haber un apoyo popular contundente.

“Una de las razones por las que fue ninguneado durante mucho tiempo por la militancia más tradicional se debe a que el ambientalismo o ecologismo que reinaba en Argentina era importado del norte”

-¿Cuáles son las próximas campañas que está impulsando la organización?

-La cuarentena nos cambió el panorama. Teníamos pensado hacer una movilización multitudinaria por el día de la tierra, el 22 de abril. La estábamos trabajando con una multisectorial muy amplia y pensábamos que iba a ser posible llevar a la calle por lo menos 50 o 60 mil personas, que sería tres o cuatro veces más que la mayor movilización por la crisis climática en la historia de este país. Claramente eso no pudo suceder por el coronavirus y nos obligó a repensar bastante nuestros planes.

Es una oportunidad interesante para fortalecer la estructura interna. El año pasado fuimos abrumados por el crecimiento exponencial de nuestra organización. Nacimos el 23 de febrero y tres semanas después hicimos una movilización a la que asistieron cinco mil personas y empezaron a nacer expresiones locales del movimiento nacional en distintos puntos del país. Poder articularlo y organizarlo lleva su tiempo. Pudimos pausar y organizar el crecimiento que se había dado el año pasado y ahora que el parlamento empieza a ser un poco más susceptible a algunas temas que no solo son relacionadas a la crisis que generó el coronavirus, poco a poco estamos intentando instalar nuestras reivindicaciones.

Es un momento para pasar una ley marco de incrementación de espacios verdes. Vimos con el fenómeno de los runners que es fundamental para evitar las aglomeraciones. La OMS recomienda 15 metros cuadrados de espacio verde por habitante y estamos muy lejos de eso. Pero lo antes posible queremos volver a salir a la calle que es donde está nuestro fuerte para poder seguir generando más masa crítica. Eso se verá limitado hasta que se flexibilice la cuarentena sin poner en riesgo la salud de nadie.

-¿Dónde creés que va a estar el movimiento ecologista de acá a un año?

-Me imagino un movimiento nacional, federal, que logre unir a sus expresiones urbanas con sus expresiones más rurales. Con el ambientalismo popular al frente en movilizaciones realmente multitudinarias, como han sabido construir los argentinos y las argentinas. Constituido en una verdadera prioridad de la agenda pública.

Que logremos ser millones en las calles, que es donde se construyen los verdaderos cambios.

 

Entrevista Sebastián Pujol.

Ilustración Juan Zírpolo

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