Vicentín: las formas y el fondo

La puja de poderes cobra cuerpo en Vicentin y la ensaladera ya se parece demasiado a una bolsa de gatos. El Ejecutivo planteando la intención inicial de expropiar y decretando la intervención. Una manera poco republicana, las formas a veces son importantes para llegar a buen puerto. Reacción de los intereses afectados, se abroquela la oposición en contra del proyecto, el juez degrada al interventor estatal designándolo veedor. Casi un concurrente sin voz ni voto, un observador sin funciones ejecutivas. Partido, puja en desarrollo. Cacerolazos, banderazos, editoriales periodísticos opositores esgrimiendo la discutida constitucionalidad de la medida. Todos los caminos parecen conducir a suavizar la intervención estatal, aflojarle el filo a la cuchilla de la decisión del Ejecutivo para que no pudiera ir a fondo. Pero en pocos debates se planteó la cuestión estratégica, lindante con la soberanía. ¿Qué intervención debe tener el Estado en la exportación de cereales? Sector con un indudable poder de generación de divisas y de influencia en el mercado de cambios y la valoración (o desvalorización) de la moneda. El debate se detuvo en la debilidad de las formas escogidas (poco republicanismo e incluso el amparo en una ley de Videla) tapando completamente la cuestión de fondo de si Vicentin debe ser o no estatal, o cuál es el papel que debería cumplir el Estado en la regulación del sector.

Habló Perotti de una alternativa a la expropiación, palabra esta última que se cuida de volver a pronunciar como intuyendo el peligro de que lo excomulguen de su tierra. Habló a favor de la expropiación en un principio, y retrocedió inmediatamente cuando se armó el tole tole. En Santa Fé gobierna un peronismo de buenos modales, y el Frente de Todos incluye ideologías progresistas  pero también de centro. A los centristas se los necesitó para ganar, y el desafío de la gestión se constituye un galimatías gigantesco en que una decisión tomada por el Ejecutivo no puede tropezar con las formas ni aparecer como invasiva de otro poder del Estado o incluso una gobernación.

A esta altura con los medios de desinformación a pleno ya no se ve con claridad qué puede pasar, pero el golpe a la estrategia expropiadora inicial fue importante. La intervención estatal probablemente perderá intensidad (de interventor a veedor) y todo pareciera seguir su curso hacia un desenlace más afín a los sectores del poder. Hecho que confirma la dificultad creciente de impulsar medidas que afecten a intereses concentrados fallando en las formas y no habiendo anticipado un acuerdo interno que permita sostener la decisión luego de los cacerolazos, banderazos y el bombardeo de medios de comunicación influyentes. Como decía el gran Arturo Jauretche, si algo le gustaba o le disgustaba a La Nación, antes de ver de qué se trataba por las dudas se paraba en la vereda de enfrente.  

La Argentina parece dividirse en tres tercios. Un tercio kirchnerista duro, un tercio macrista y otro tercio de centro que se balancea hacia un lado o hacia el otro de acuerdo a la situación. En las elecciones, el Frente de Todos supo atraer una parte significativa de ese centro con la entronización de Alberto Fernández en el primer término de la fórmula presidencial y la incorporación de Sergio Massa. El macrismo se mantuvo en su tercio, no pudiendo ampliar demasiado el atractivo de su propuesta a otros sectores sociales. Y bien, a la hora de gobernar, tenés en tu equipo a los apurados y a los retardatarios, como decía Perón. Los que quieren cambiar cosas rápido y los conservadores de las formas y los procesos institucionales. Una delicada alquimia que requerirá no fallar en las formas para conseguir los objetivos de fondo. Una sintonía fina muy delicada, que requerirá para conjugarse que los apurados se hagan más observadores de las formas republicanas y los conservadores un poco más sensibles a una agenda progresista. 

Hace poco, se conmemoró el aniversario de la Revolución de Mayo, un hecho exitoso y que tuvo entre sus participantes al jacobino Moreno y el conservador Saavedra. La unión para ganar, integrando las diferencias. El final, en este 2020 entre tanto lío e informaciones cruzadas, está abierto, porque interactúan actores dinámicos, con poderes distintos, pesos y contrapesos.  Negro o rojo, la pelotita rebotando en la ruleta. También, puede ser vista como la puja entre las formas conservadoras y el fondo de una medida que quiere ser progresista. Y cualquier cosa puede pasar. Difícil que triunfe alguna de las tendencias y actores en puja en estado puro: el Estado, la empresa, la sociedad dividida. Porque la pelotita en la ruleta indescifrable puede caer en rojo o negro. Pero también en verde, el cero.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

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