Es conocida la historia de la postura de Alberto Fernández ante la resolución 125, para él había que acordar. Les decía a Néstor y Cristina: Tenemos que arreglar. Somos reformistas, no revolucionarios y más aún no podemos pelearnos con el Grupo. Alberto, se fue del gobierno poco después del No positivo y la derrota antes los grandes pooles sojeros y los ruralistas de monoambiente del corredor Norte. Pasó a ser el lobbista de Repsol, el cartero de Clarín.

El kirchnerismo como movimiento popular nació a partir de una derrota. La 125 fue un fallido intento para gravar la renta extraordinaria del campo. No fue una medida del soviet, no era ni por asomo revolucionaría. Era un arancel. Era el supuesto poder de imperio que tiene el estado de gravar una mercancía, con la justificación del fin estatal; distribuir  la riqueza. No más que eso. Pero no se pudo. La reacción del poder económico fue tal que hoy en perspectiva pienso que el No positivo de Cobos, hizo menos larga la agonía de una derrota que estaba tomando tintes de violencia e inviabilidad.

Cuando el poder económico realmente se ve amenazado, no se lo puede tocar. No se jode dirían en el barrio. La ganancia, los dividendos, no se tocan y el Kirchnerismo fue indiscutiblemente el gobierno más audaz. Con iniciativas dentro de las reglas de juego, constitucionales, intento racionalizar un poco el desmadro  neoliberal: Volvimos a tener control de un recurso estratégico como lo es el petróleo , los fondos de las jubilaciones volvieron al estado, se volvió a tener una aerolínea de bandera y demás decisiones que no es mi intención enumerar sino ejemplificar, que fueron iniciativas con un rasgo reformista, respecto a cómo debe ser una sociedad capitalista más justa. Pero nadie bajó de sierra maestra, nunca el kirchnerismo “Fue por todo” aunque propios y extraños puedan creerlo. No es así, es equivocado para el militante kirchnerista que pueda pensarse como un sujeto emancipado, que participa de un movimiento el cual tiene dentro de sus objetivos cambiar el patrón de acumulación capitalista. El kirchnerismo es reformista y con tan poco, o demasiado, es la piedra en el zapato del poder económico en la argentina.

Vincentin

El tema de la semana fue la decisión de expropiar Vicentin. Luego devino en que el gobierno fue para atrás. Dos días después. No tenemos certeza de qué resultará. Pero fue para atrás en chancletas.

Todos habrán observado, como siempre, el juego de pinzas mediático:  La barriada en contra de la expropiación, los políticos haciendo cola para declamar que la República estaba en peligro, acusaciones anacrónicas de estalinismo o maoísmo. Qué diga Fernández si es comunista.

La justicia no. La justicia actúa si solo si, el imputado no tiene poder.

Pero también, algunas voces internas dentro del gobierno vienen declamando una suerte de tibieza por parte del ejecutivo.  En el microclima de Twitter piden audacia. Alguno que otro ya desertó y juega para los desencantados. Si algo los alegró fue la gesta vicentinezca (¿?) Volvimos decían, pero cuando se fue para atrás en la medida y se comenzó a negociar, mientras las webs de los medios dominantes declaman reglas claras, no ser Venezuela y otras cosas por el estilo. Desde dentro de la alianza, afloraron los cuestionamientos acerca de la correlación de fuerzas, del impacto que debería haberse medido y otros argumentos del mismo tipo para remarcar impericia gubernamental. Por supuesto que desde la oposición agitaron el fantasma bolivariano que recorre la calle Balcarce y otras consignas elementales que prefiero omitir. El periodismo y sus categorías tendrán que cambiar de perspectivas, salir de su cómodo estándar. El periodismo económico deberá también dejar de ser un rejunte de rumores y anécdotas de los sectores o de interpretar el clima de los mercados.

Power of love

Pero si en algo estamos todos de acuerdo, es que el prisma por el que se ve el accionar y las posibilidades del Estado como instrumento y corporación, tienen más que ver con una mirada de sistema de acumulación de corte fordista, industrial, con Gobiernos robustos y con capacidad de intervención en la cosa pública. Esto no es así. Algunos ejemplos pueden ser útiles en el pasado reciente: Primer acto El gobierno promueve ley antidespidos por 90 días. Segundo acto Techint despide 1500 trabajadores a penas comenzada la pandemia. Tercer acto Desde el gobierno se habla de miserabilidad del sector empresario. Techint mantiene los despidos. Fin de a historia.

Otra cuestión es el mal llamado impuesto a la riqueza, que es una contribución ya que sería por única vez. Desde que se rumoreó de la iniciativa no hicimos otra cosa que hablar de sueldos de políticos, de médicos cubanos y otras operaciones. El poder real reacciona. Por supuesto que no desde la simpleza de un accionar conspirativo, pero si desde los intereses y tentáculos que actúan de forma anárquica, pero consistente y efectiva. El impuesto a la riqueza fue sacado de la agenda informativa.

Si en algo coincidimos todos los factores políticos, incluyendo al periodismo por supuesto, y sin distinguir que vertiente política sea afín, es que las categorías de poder que normalmente utilizamos tienen que ver con la sapiencia, la habilidad y el juego de fuerzas que tiene quien detente el poder ejecutivo en nombre del Estado Argentino.  El juego de poder, la arena política se presenta en muchas ocasiones como EL lugar de contienda, dónde se dirimen las suertes y las desgracias de las sociedades. El voluntarismo político que todo lo puede.

Pero esto no es así, el poder que no se ve y aprieta es quién manda aquí y a nivel regional. Si BlackRock, unos de los fondos más importantes del mundo, fuese un país sería la cuarta economía del planeta tras Estados Unidos, China y Japón.

¿Quieren llorar y comparar el PBI de cualquier país con el patrimonio o activos de Facebook, Amazon, Google o Apple? En este mundo desquiciado, es válido repreguntarse: ¿dónde está el poder?  ¿cuánto puede hacer un estado, cuando intenta golpear las puertas de la distribución de riqueza? Hace unos días el presidente mexicano decía que Alberto Fernández le había pedido interceder ante Larry Fink de BlackRock para llegar a un acuerdo. Dos presidentes constitucionales piden a un ejecutivo que afloje, que tenga piedad de nosotros y de nuestro espíritu.

Seamos buenos entre nosotros. Venimos del macrismo, que hizo coincidir a las clases dominantes en el aparato estatal sin intermediarios, un gobierno que habilitó discursos de odio, que destrozó la economía. No podemos limitar el análisis al aparato estatal, como único o más relevante factor de poder. La complejidad inquieta, los que mandan no son visibles, no tienen que rendir cuentas ante la sociedad, exigen y extorsionan a los países, sus tentáculos descentralizados ganan cuando comemos, nos informamos, reímos, lloramos o nos entretenemos. Pero cuando se ven un poco amenazados, la reacción es anárquica y no por ello dejará de ser efectiva. No hay mostrador en el que podamos reclamar o resistir,  menos si seguimos tirando piedras al árbol equivocado.

Carlo Magno

 

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