Marco Enríquez-Ominami: “Alberto Fernández es el interlocutor más importante de América Latina.”

Corría el mes de junio de 2019, falta mucho para que un virus invisible frenara casi por completo la actividad de hombres y mujeres sobre el planeta, y en México se reunía por primera vez el Grupo de Puebla, un amplio foro de líderes políticos progresistas, entre los que se cuentan personajes de la talla de Alberto Fernández, Lula, Evo Morales o Rafael Correa.

El chileno Marco Enríquez-Ominami es uno de los fundadores de este grupo que ya lleva realizados cinco encuentros y que tiene la intención de articular ideas y acciones para jugar fuerte en el panorama de un continente en conflicto y disputa entre proyectos antagónicos.

Político, cineasta y licenciado en filosofía, es fundador del Partido Progresista de Chile, tres veces candidato a presidente de su país y un fino analista de la realidad política de Latinoamérica.

Desde la Revista Marfil nos comunicamos con él para analizar el presente y el futuro de los países de una región a la que todos señalan como el próximo foco de la pandemia.

 

-¿Cómo surgió el Grupo de Puebla y cuál era la idea inicial cuando lo fundaron?

-Cuando comenzamos, junto a Alberto Fernández, Aloizio Mercadante, Carlos Ominami y algunos más, pensábamos en mejorar dos cosas a nivel continental en el progresismo. Por un lado el pensamiento y por el otro la acción.

Primero, aportar ideas. Todos nosotros fuimos cercanos y amigos de Marco Aurelio García. Él solía decir que el problema del progresismo era que deambulaba entre tener votos y no tener ideas, o tener ideas y no tener votos. Nos parecía fundamental, a partir de esa observación, mejorarle la capacidad de pensamiento e ideas. Coordinarnos políticamente a nivel continental para mejorar nuestras iniciativas. Que los brasileros sepan lo que se hacía en Uruguay, que el progresismo argentino pueda también mirar a Chile.

A la vez, formar un grupo de acción. Que lo sucedido en el grupo no quede solo en papel. Que tenga consecuencias prácticas.

Muchos de los liderazgos que están en el Grupo de Puebla son de gran relevancia, aunque sean oposición y no gobierno, como Correa en Ecuador o Lula en Brasil.

-¿Cuál es la gran discusión que crees que se viene a futuro en el continente?

-Quiero precisar que soy uno de los motores, de los fundadores del Grupo de Puebla, pero no soy su vocero. Lo que respondo muchas veces es a título personal. Pero en este caso lo que yo creo, coincide con la opinión del Grupo de Puebla. Nosotros creemos en la necesidad de más Estado. El Estado como brazo y el mercado como herramienta.

Se requiere más Estado en materia de salud, en materia de previsión, de tejido social.

Las respuestas globales a un virus que tiene como características principales la letalidad y la velocidad de contagio, solo la pueden coordinar los gobiernos. La racionalidad privada no tiene suficiente densidad para responder frente a la pandemia.

Además, creo que no tenemos otra alternativa, más que la integración de América Latina. La colaboración con América Central y el Caribe y el aumento del comercio interregional. América Latina tiene como compradores a las potencia del mundo que ya tienen su economía seriamente afectada. Creo que hay un territorio en disputa, entre los que creemos que unidos llegamos más lejos y los que piensan que solos llegan más rápido.

Nosotros creemos en la necesidad de más Estado. El Estado como brazo y el mercado como herramienta.

-¿Cuál crees que es la posición de Alberto Fernández entre los líderes progresistas del continente?

-Alberto Fernández es el interlocutor más importante de América Latina. El interlocutor de la democracia social, de la democracia económica, de los valores. Es el líder político más solicitado en América Latina. Incluso en Europa, líderes como Merkel, Macron o Sanchez reconocen que las apuestas que hicieron por otros líderes no resultaron. Apostaron muy fuertemente por el presidente de Colombia, de Ecuador, por el ex presidente de Argentina, incluso por Piñera y no les fue bien. Piñera era el gran aliado de Macrón.

Hay un giro muy interesante. Se dan cuenta que la derecha solo aumentó el caos en un continente que se está volviendo profundamente irrelevante. América Latina dejó de ser relevante por no tener perspectivas de crecimiento. Ya nuestro destino depende de lo que pase en el mundo, somos más bien tren de cola hoy en día.

-¿Qué opinás sobre el cobro de impuestos a las grandes fortunas para financiar políticas públicas en el marco de la pandemia?

-El costo de todo esto no lo deben pagar los pobres. Hay que hacer una condonación o una moratoria de la deuda de los Estados y además, en el Grupo de Puebla hemos dicho que a la salida de todo esto el esfuerzo lo tienen que hacer los ultra ricos. Hay muchas propuestas pero todas fundadas en este mismo valor de que la crisis no la pueden pagar los pobres. En esto estamos muy firmemente decididos todas y todos los que integramos el Grupo de Puebla.

ominami cita

-Otra discusión con mucha actualidad es la relativa a los medios de comunicación. ¿Creés que hay una democratización de los medios que está pendiente?

-Yo soy director de cine y televisión de oficio. Soy además fundador de un observatorio de medios e hijo de una mujer que se dedica a este debate, que me apasiona porque afecta a la democracia y que cuesta que el progresismo lo asuma. El acceso a la información y la libertad de expresión son dos bienes jurídicos fundamentales de la democracia.

Hay muchas medidas para tomar. Una es exigir que haya giro único, que los dueños de medios no tengan bancos, por ejemplo, que no sean parte de otros giros. Pueden ganar dinero, pero solo con los medios de comunicación. Otra es que haya sanciones a los medios de comunicación que incurran en mentiras.

Se tiene que lograr una fuerte regulación que promueva el acceso a la información y el pluralismo. Que exista competencia es fundamental. En Chile hay un capitalismo de cartón piedra, porque al capitalismo le gusta la competencia. Es una anomalía teórica. Para que no haya debate se han comprado los medios. El presidente de Chile era dueño de un medio de comunicación. El hombre más rico de Chile se compró un canal de televisión. El retail más importante de Chile también. Hay un problema de acceso a la información muy importante y que es una de mis principales tareas como militante de la justicia social.

Internet es una oportunidad, pero siguen siendo los diarios los que instalan las verdades. Permite el debate, pero también impide editorializar el debate, todo el mundo opina y hay mucha desinformación. Los medios tradicionales todavía dictan la agenda.

Internet es una oportunidad, pero siguen siendo los diarios los que instalan las verdades.

-¿Crees que es probable que el gobierno de Bolsonaro en Brasil derive hacia un régimen fascista?

-Veo que estamos frente a alguien que ha mostrado una falta total de empatía. Un liderazgo entrópico. No solo no respeta la ciencia, sino que no cree en la experiencia, ni en el sentido común. Honra valores que son poco democráticos, racistas y xenófobos. Es una gran tristeza para el pueblo brasilero que lo eligió, aunque hay una parte que todavía lo sostiene.

También es un problema para América Latina, porque Brasil es el gran actor de América Latina, el gran mercado. Si Brasil cae se resfría el resto del continente. Es un problema económico muy preocupante y doloroso.

Yo espero que quienes lo rodean puedan frenar sus impulsos autodestructivos, aunque lo están abandonando todos. Creo que queda un solo ministro medianamente legítimo, que es Paulo Guedes. Está muy jodido. Espero que haya algún equipo humano que pueda contener su impulsividad reaccionaria. Yo creo que para todos los líderes regionales el presidente de Brasil es un problema.

-Hay un debate muy fuerte en este momento en Argentina entre quienes dicen que lo más importante es cuidar la salud sin descuidar la economía y los que creen que la cuarentena mata a la economía. ¿Este mismo debate se está dando en Chile?

-En Chile se descuidó la economía y la salud. Nosotros dijimos que lo que se estaba haciendo estaba equivocado y lamentablemente tuvimos razón. Fue un error lo de las cuarentenas dinámicas, fue un error el plan económico y ahora están intentado retroceder, pero ojalá no sea muy tarde. Esta historia no está terminada, no está escrita, falta mucho, pero vemos con mucha preocupación el mal manejo de Chile. Es un país que tiene condiciones que otras economías no tienen. Tiene capacidad de deuda, fondos previsionales de millones de dólares fuera de Chile y en Chile. Tiene herramientas muy sólidas y sin embargo lograron el peor de los escenarios posibles.

-Ahora volvieron a repetirse protestas violentas en Chile.

-Chile tiene una monarquía en la estructura de poder. No tiene federalismo, no tiene vicepresidente, no tiene participación democrática y tiene una hiperconcentración de poder. Hay un presidente electo democráticamente que es un antisocial, no tiene ninguna empatía con el pueblo que lo votó, producto de una arrogancia que lo llevó a divorciarse de su pueblo.

Estoy muy atento a que los últimos días hubo nuevamente una explosión social. Una protesta legítima en tiempos de pandemia, lo cual indica que ya no quieren siquiera saber de los cuidados mínimos. Están dispuestos a todo con tal de alimentar a sus hijos. Me parece muy jodido el escenario en que entra Chile, porque tiene un presidente que viene a herir todavía más el alma de la unidad nacional, en un país que ya estaba dividido, aunque mayoritariamente en contra del presidente.

Se cometieron dos grandes errores, quizás irreversibles. Uno es un mal control de la pandemia. Un diseño equivocado. Hoy en día hizo una autocrítica, diciendo que se equivocaron y confirmando que han mentido. No estaban preparados. No estaban comprados los insumos. Y en lo económico han cometido un segundo error producto de la ortodoxia, de un cálculo ideológico de manuales de la derecha, que es restringir la inversión social con efectos muy dolorosos. Ya el daño está hecho. Una parte muy importante de la población entró en pánico, ya no en miedo. Y cuando hay pánico hay odio y a veces llegan a la violencia. Vamos a entrar en un túnel muy complicado.

Y la crisis de representación que se está dando también abate a los opositores.

-¿Cuál es tu futuro político?

-Aunque estoy retirado de la política cotidiana de mi país, sigo siendo un militante de la justicia social. Durante años fui parte del debate político chileno. Soy el candidato joven e independiente más votado en la historia. Estoy contento de haber dado el debate por el aborto, por la educación pública o el matrimonio igualitario. Pero no es suficiente, hay que hacer mucho más. He tomado la decisión de estar al lado de los líderes y no adelante. Estoy honrado de poder acompañar, después de tanta intensidad. Sigo siendo militante de la causa, pero de otra manera.

-¿Qué es ser progresista para vos?

-Hay una respuesta que es la más simple o la más nítida. Ser progresista es lo opuesto a ser conservador. El progresismo es más abierto intelectualmente, el conservador es un gran bloqueador. Una de las ideas más importantes es que la búsqueda de la felicidad no se hace al mínimo precio, como propone la derecha. También es muy importante la idea del Estado, aunque también somos capaces de entender el rol de mercado.

 

Sebastián Pujol

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