Tributo al Trinche Carlovich y Sergio Denis

-Trinche, vos fuiste mejor que yo- cuentan que le dijo Diego Armando Maradona y le firmó una camiseta cuando visitó Rosario como DT de Gimnasia y Esgrima de la Plata.

La pelota siempre al 10, reza un viejo adagio futbolístico de la época en que existía esa posición, hoy devorada por las estrategias conservadoras que impusieron el doble 5. Que en otras épocas, parece que a los 5 les sobraba para arreglárselas en la mitad de la cancha, que con uno bastaba y a veces sobraba. Era el caso del Trinche Tomás Carlovich, un jugador rosarino que encarnó un mito que casi no dejó registros materiales donde cotejarlo pero presentan una incuestionable empiria en ese lugar nuboso donde la realidad incluso supera a la ficción. Informe Robinson le dedicó un programa especial a la leyenda, dejando testimonio de la calidad de Carlovich distintas personalidades como César Luis Menotti; Aldo Pedro Poy; Jorge Valdano; José Pekerman y Mario Killer. Como es de público conocimiento, falleció el 8 de mayo luego de ser víctima de un asalto donde le robaron su bicicleta.

Al fin de la misma semana, el 15 de mayo, falleció también Sergio Denis, el artista nacido en coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, y que supo alcanzar celebridad. En los 80 había conocido su época de éxitos con hits que pasaron a formar parte de la memoria colectiva de la gente del común. Tuvo ascensos y descensos en la carrera como el recorrido de una montaña rusa, llegando incluso a tener problemas económicos y de salud que le habían jugado una mala pasada. El tiempo pasó, y uno cuando lo veía en un escenario de un programa de televisión ya no veía al mismo hombre (como era lógico), pero lo que deseaba no era que cantara algo nuevo sino “las mismas de siempre”, esos temas que nos hacen retornar a la década del 80 en que éramos pibes y mi vieja subía el volumen si pescaba la canción en la radio armatoste que se apoltronaba en la cocina. Las mismas de siempre que animaban los carnavales cariocas de todas las fiestas o la tanda de lentos de cuando empezamos a ir a bailar. Como una defensa contra el tiempo ese querer retornar a aquéllas épocas y vernos pibes y quitarnos años a todos. 

Y tal vez eso es lo que junta al Trinche Carlovich y a Sergio Denis, un tiempo pasado que fue idílicamente mejor y al que es lindo volver por unos instantes. Y en el Informe Robinson, verles brillar los ojos a quienes lo vieron jugar en Central Córdoba de Rosario, haciendo un caño a su marcador y volviendo inmediatamente para hacerle el segundo. Que lo importante no era ganar, sino jugar. O la jugada de la pelota junto al banderín del córner y el genio la levanta en un movimiento rápido dejando atrás a tres rivales. El mito del jugador artista de potrero que se corporiza de repente en el documental con la presencia del hombre, que aparece poco locuaz pero emocionado a la hora de hablar y dar su testimonio. Casi como Sergio Denis, un hombre de perfil bajo detrás de la pantalla, casi una persona tímida que curiosamente prestaba la voz a las canciones que repetíamos todos y que llegaron también a las canchas de fútbol. Y, en un momento, sobre ese fenómeno dijo bromeando, sonriendo: “debería cobrar los derechos”, para agregar después: “que la canción se haga popular, que la canten las personas no se paga con nada”. Que no todo es un negocio y aunque vivamos en el capitalismo hay cosas que no tienen precio. 

Como dijo en la red social Twitter Miguel Mastroscello (@mastrocuervo), la vida del Trinche fue un cuento de Fontanarrosa pero el final lo escribió Horacio Quiroga. También es extensible al final trágico del cantante, secuela de un terrible accidente sufrido hace más de un año en Tucumán. Y bien, el final sin embargo no debe hacernos perder de vista el recreo que permitieron a mucha gente de levar anclas y volver por un rato a un pasado añorado, soñado, querido. Dos artistas, a su modo y en su rubro, dos vidas que merecieron sin dudas ser jugadas. Uno que repartió la creatividad de cantar lo que a otros sólo se les ocurrió pensar que, de tan simple que parecía, “podía haberlo hecho yo”. Pero lo hizo Sergio Denis. Y el otro, con la magia de la pelota al pie y encarnando la rebeldía de un jugador de potrero que no quiso adaptarse al sistema y al nuevo fútbol de los preparadores físicos. Cuenta uno de sus compañeros que el profe les había ordenado correr 10 kilómetros, y el Trinche se quedó jugando con la pelota y les dijo “vayan ustedes, yo no necesito”. Cuenta también Menotti que lo convocó a un preseleccionado y el Trinche no asistió porque se había ido a pescar o a una isla, no recuerda bien. Una isla, dos Robinson Crusoe fueron a su modo en algún momento de la vida. La fama, el tiempo que la escurre y la soledad o el acompañamiento solo de los propios, de los que estuvieron siempre. El caer y levantarse permanente de Sergio Denis para intentar seguir en el ruedo y cantando. El último acto de sus vidas, el final inesperado y trágico casi que elucubrado por Horacio Quiroga, los encontró sin embargo arriba de una bicicleta y sobre un escenario, donde les gustaba estar a los dos. Dos vidas que invitan a retornar al pasado pero también mirar nuestra vida presente para tratarla de vivir lo mejor posible y disfrutarla en el aquí y ahora, como diría en su canción el recordado intérprete, y aquí el autor de estas líneas no agrega nada más, porque está todo dicho:

“… tratemos de vivir con fantasía, juguemos sin temor que hoy es el día, nuestro día”.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

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