“Es muy difícil hacerte a la idea de no salir de tu barrio cuando no tenés qué darle de comer a tus hijos”.

Una alarma se encendió cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de Covid-19 en la Argentina: ¿Qué pasaría cuando el virus entre en los barrios pobres de las grandes ciudades? Eso que todos temíamos hoy es una realidad. Un porcentaje muy alto de los casos registrados en la Ciudad de Buenos Aires se dieron en los barrios más vulnerables, donde difícilmente se puedan cumplir los protocoles de higiene.

Para conocer un poco más sobre lo que está sucediendo en las villas argentinas entrevistamos a Fernanda Miño, referente de la Mesa Nacional de Barrios Populares, ex concejala del Municipio de San Isidro, actual Secretaria de Integración Socio Urbana del Ministerio de Desarrollo Territorial y Habitat y vecina de la Villa La Cava, de la Zona Norte del Conurbano Bonaerense.

 

¿Cómo se está viviendo esta crisis humanitaria en los barrios?

Los últimos cuatro años dejaron a los más de 4400 barrios populares del país, que ya venían de una situación muy precaria, en un desamparo total. Muchas cosas de las obras que se habían anunciado no se realizaron y se fugó muchísima plata. Cuando hablaban de cloacas o de asfalto, no era real. La llegada de la pandemia terminó de complicar la situación, que ya era de mucha precariedad y desidia. Profundizó cada una de las carencias que se venían sintiendo. 

Por ejemplo, la falta de agua potable, de cloacas y los problemas económicos que se generan porque los habitantes de los barrios no pueden salir a buscar el alimento afuera, crean un ámbito en el que no se puede desarrollar con normalidad el protocolo sanitario.

Hoy muchas de las familias de los barrios populares se están manteniendo por los comedores y los merenderos. La realidad es así de dura y de difícil.

¿Están pensando en algún plan desde la Secretaría de Integración Socio Urbana para paliar los efectos negativos de la pandemia?

Estamos en pleno proceso de lanzamiento de un programa de emergencia. Nuestra mayor misión desde la Secretaría en esta gestión es la integración urbana de los barrios de toda la Argentina, con obras de infraestructura, con el ingreso a los servicios básicos y, donde se pueda, apertura de calles o cordones cuneta. Esto se vio truncado por la cuarentena. 

Ahora logramos redireccionar desde la Secretaria de Desarrollo Social y Hábitat un préstamo que teníamos de financiamiento externo para abordar un plan de emergencia con la intención de llegar aproximadamente a mil barrios que están enmarcados en el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares) que tienen como característica el hacinamiento y otras dificultades de acceso a servicios. El objetivo es llegar con cuadrillas sanitarias, con puntos estratégicos desde donde repartir información, con acceso a internet, etc. También para fumigar los pasillos y con pequeñas obras en espacios comunitarios y sociales que necesitan refacción y que son utilizados para la lucha contra el coronavirus.

El programa se va a llamar Integrar es Salud y va a funcionar en articulación y colaboración con los gobiernos municipales y con todas las instituciones que ya están trabajando en el territorio, para reforzar ese trabajo.

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“El gran tema estructural de los barrios cuando empiece a aflojar la cuarentena va a ser el ingreso de los servicios básicos. Tener ese piso de dignidad”

 

¿Cómo se organizan los barrios para intentar cumplir con los protocolos sanitarios?

Tenemos noción de que en algunos municipios sí se puede abordar la emergencia con controles, con algunas recorridas sanitarias para la detención en adultos mayores y tener lugar para la atención cumpliendo el protocolo. Sabiendo las características de las casas y la manera en que se vive, no se puede hacer aislamiento social y obligatorio. Nosotros tenemos que plantear, defender y tratar de atender el aislamiento comunitario dentro de los barrios.

La otra vez hablábamos con unos compañeros y decíamos que esta situación nos hace acordar al 2001, más que nada por la reproducción de las ollas populares. Pero en este caso, no solo es hacer llegar el alimento, sino también conseguir barbijos para las familias, el alcohol en las filas que se forman cuando van a buscar los recipientes con comida o la desinfección.

¿Creés que fueron acertadas las medidas que se tomaron en un primer momento para evitar que se disparen los casos en los barrios?

Si tengo que hablarte de los barrios de CABA, me parece que están llegando tarde. Pero nadie estaba preparado para esto. Todas la medidas que se van tomando ya con el virus latente siempre terminan siendo deficientes, por las características de los barrios y el abandono de tantos años. 

Un problema importante también es la falta de información y la falta de conciencia. Es muy difícil hacerte a la idea de no salir de tu barrio cuando no tenés qué darle de comer a tus hijos, cuando no podés comprar la garrafa de gas o un medicamento. En muchos lugares toman conciencia recién ahora. Muchos necesitan salir a buscar dinero y estamos tratando de organizarnos con eso.

La organización con el IFE fue muy difícil. La gente no está adecuada a las tecnologías, no sabe cómo acceder, sumado a la deficiencia de la conexión a internet. Nosotros pusimos un punto de internet en La Cava, pero la página colapsaba. Se hacía muy difícil. Era muy burocrático. Muchas familias se quedaron sin la posibilidad del beneficio.

¿Cómo es la situación en La Cava, el barrio donde naciste?

En La Cava se dio una reproducción de ollas populares, de comedores que se empezaron a abrir en los patios de la casas o en espacios sociales. El mismo municipio en este caso abrió algún comedor o una olla de algunos días por semana. Los que ya venían trabajando con espacios más culturales, de apoyo escolar, se vieron limitados hoy también a dar comida a las familias. Es difícil, tenemos varios contagios y no sabemos desde que momento están repartiendo el virus.

La idea es también que uno de los puntos donde vayamos con el programa Integrar es Salud sea La Cava. Desde la Secretaría pudimos hacer integración con el ministerio de seguridad, que nos trajo las mochilas para fumigar y vamos a tener articulación pronto con Cascos Blancos, para hacer las recorridas sanitarias. 

Se va tomando conciencia de que si no trabajamos todos juntos nos vamos a ir pisando con distintos programas y no vamos a poder potenciar la asistencia. Ese es el trabajo que me toca. Es un virus que demanda este tipo de acciones, sin mezquindades políticas.

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¿Cuáles pensás que serán los principales problemas estructurales que deberán ser atendidos con prioridad cuando termine esta crisis sanitaria?

El gran tema estructural de los barrios cuando empiece a aflojar la cuarentena va a ser el ingreso de los servicios básicos. Tener ese piso de dignidad. También potenciar el trabajo en la economía popular. Pensamos que se puede hacer mucho desde ese lugar. Las fábricas van a reducir su personal. Ya lo vienen haciendo o no están pagando el salario completo. Hasta que eso remonte va a pasar un tiempo y creo que tenemos que apuntar al desarrollo comunitario para paliar la crisis y poder hacer trabajo dentro de los barrios. Para nosotros va a ser de gran importancia en el trabajo postpandemia.

Si tengo que contarte los defectos y las injusticias que se han dado en el gobierno macrista creo que no me alcanza el tiempo. Yo quiero mirar para adelante. Creo que siempre está la posibilidad en un gobierno peronista de cambiar la historia dentro de los barrios, más allá de quien esté en la gestión. Nadie tiene la varita mágica de la gestión efectiva, pero tenemos una gran posibilidad. Nosotros estamos planteando una nueva estrategia de abordaje en los barrios, que tiene que ver con el trabajo junto a las organizaciones sociales a través de sus cooperativas, y con los municipios, provincias y Nación. 

Lo que yo vi a lo largo de mis cuarenta y cinco años es que en general todos los planteos y las fórmulas que se han propuesto para abordar la problemática fallaron. Hubo muy pocos proyectos exitosos de integración. En los lugares en que fue exitoso fue en donde hubo voluntad política y organización territorial para que permanezca en el tiempo. Es lo que planteamos. Organizarnos y, desde la política, apuntalar esa organización y cimentar el trabajo comunitario. Ese será nuestro trabajo en los tres años y medio que nos quedan de gestión.

Sebastián Pujol

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