Sobre la respuesta a lo traumatico

A partir de los hechos acontecidos estos últimos días, la denuncia de violencia y abuso sexual realizada por Danila Cortes, pareja del jugador del Club Boca Juniors Sebastian Villa, surgen en la opinión publica  múltiples posturas, pero sobretodo se abren las aguas entre aquellos que creen la versión y aquellos que dudan.

El principal argumento de aquellos quienes ponen en duda la denuncia, es el interrogante sobre ¿por qué demoró tanto en hablar? Si fuera cierto ¿por qué esperó nueve años para contar lo sucedido?

Pienso que hay preguntas previas que debiéramos hacer, entre ellas ¿Cuáles son los mecanismos con los que cuenta el psiquismo para continuar con la vida “como si nada” hubiera ocurrido?  ¿Qué ocurre en la subjetividad de una adolescente de dieciséis años luego de haber sufrido un abuso sexual?

Si buscamos la respuesta en la obra freudiana, notaremos que éste va elaborando distintas hipótesis respecto a las estrategias del aparato psíquico frente a un hecho traumático. Plantea por un lado que una de las posibilidades es que el sujeto se defienda mediante el mecanismo de la represión, que conlleva a que  se retire de ese hecho traumático toda emoción o afectividad. Es decir, la persona no desconoce lo acontecido pero por un mecanismo de defensa no puede ligar el afecto (angustia, miedo, asco, etc.) con aquella situación vivida.

Por otro lado puede darse lo que llama “desmentida” para el sujeto este hecho no ha ocurrido. Se produce una desgarradura, dice Freud, entre el sujeto y el mundo exterior. El sujeto evita “al modo de una huida” un fragmento de la realidad.

Es bastante probable entonces, que los acontecimientos posteriores al hecho, se hayan producido con una “normalidad aparente”. La mujer manifiesta que no contaba con las herramientas necesarias para dar cuenta de lo ocurrido en aquel momento.

No olvidemos además que desde la perspectiva del psicoanálisis cada sujeto dará una respuesta única y singular frente a aquello traumático que irrumpe, a pesar de que desde el sentido común se intente una y otra vez cuestionar o proponer acciones que debería haber llevado a cabo la víctima (“yo en su lugar hubiera gritado, lo tendría que haber denunciado en ese momento, tendría que haberlo contado a los productores, hubiera llamado a sus padres, etc.’)

Luego entonces podemos preguntarnos porque aparecen de pronto, transcurrido el tiempo: la angustia, la afectividad por lo vivido, la denuncia.

Si se me permite recurrir nuevamente a la obra de Freud, allí encontraremos que él va elaborando su teoría respecto de las formaciones del inconsciente, a través del trabajo con sus pacientes. Una de las ideas que se me presenta a partir de los hechos a los que hago referencia, es su conceptualización respecto a los dos tiempos del trauma.

Freud desde el psicoanálisis hace foco en tiempos lógicos, más que en cronológicos. Y para explicar el mecanismo de la formación del síntoma recupera un término muy valioso en su teoría, “la resignificación” {nachtraglich}. Es decir, él plantea que puede darse que un hecho traumático sea elaborado como tal por parte del sujeto sufriente, solo a partir de otro hecho más actual que conecta, recupera y cubre de afecto o emoción aquella situación traumática primera que había quedado relegada de la conciencia.  A esta explicación bastante incipiente que doy respecto de la teoría del trauma, también debiéramos hacerla jugar con la sexualidad y sus efectos en la subjetividad cuando este encuentro se da de manera traumática.

Nos encontramos en un momento de cambio respecto a las representaciones sociales, comienzan a ponerse en duda muchos patrones de conducta que estaban naturalizados. A lo largo de los últimos años, las mujeres fuimos encarnando distintas luchas persiguiendo igualdad de derechos sobre variados temas. Ya no más aquello que estaba silenciado y se vivía con culpabilidad por parte de las victimas será callado. Podríamos pensar que este es un nuevo acuerdo entre las mujeres.

Entonces frente a la pregunta sobre ¿Por qué denuncia ahora? La primera respuesta sería: porque hay quienes están dispuestos a escucharla.

Cecilia Carné. Psicóloga.

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