Las semanas de mayo, rumbo al 25.

En 1810, a esta altura el virreynato del Río de la Plata era un hervidero y un semillero de intrigas de los patriotas que se juntaban en la jabonería de Vieytes. Belgrano, Moreno, el jefe del regimiento de Patricios Saavedra, Castelli, Larrea. Curiosamente, en una jabonería. Ayer y hoy, siempre fue importante parece lavarse las manos.

La convulsión tenía su origen en un enemigo visible de la madre patria en el Viejo Mundo, Napoleón Bonaparte y la caída de la monarquía española de Fernando VII bajo su égida imperialista. El pueblo español organizó la resistencia ante la ocupación francesa y las ciudades se gobernaron por Juntas. Y en el Río de la Plata, se reclamó el derecho a ser una más de esas Juntas. Europa y América, el afuera y el adentro relacionándose inevitablemente aunque las noticias llegaran por barco meses después. Hoy, la velocidad de internet nos informó con rapidez que un enemigo (invisible esta vez) devastaba (y sigue devastando) Europa. 

-Cayó la Junta Central de Sevilla, cundió la noticia en el Virreynato. Y, aunque haya querido acallarlo el virrey Cisneros, esa caída lo arrastraría también a él. ¿De quién era delegado ahora, si su autoridad ya no existía, si caducó? Doscientos diez años después, escuchamos que cayeron, colapsaron los sistemas de salud del llamado mundo desarrollado. Que las características del virus o las demoras en la gestión sanitaria en esas urbes subestimando su gravedad desembocaron en un colapso por el aumento visceral del número de contagios y fallecidos. 

Los patriotas de aquél entonces reclamaron al Virrey un Cabildo abierto, reuniendo a los vecinos principales. No había autoridad nacional, pero estuvieron presentes los Fernández, Larreta y Kicillof de ese momento. No había epidemiólogos, no con ese nombre, pero las pestes no eran raras. Un intento de resistencia del Virrey tuvo lugar, con un interés económico también, de defensa del monopolio español. Siempre hay un matiz económico en todos los acontecimientos políticos y el liberalismo de los revolucionarios tampoco sería gratuito al país postergando las posibilidades de desarrollar una industria. 

La semana de Mayo que estudiamos en la Escuela y las dos semanas de Mayo 2020, extensión de la cuarentena y el asilamiento social preventivo y obligatorio. De los déspotas que querían seguir siéndolo a pesar de caducar su autoridad en las postrimerías del siglo XIX a los criticadores seriales de la cuarentena que defienden obstinadamente estrategias que ya se demostraron fracasadas en los países que intentaron privilegiar la economía (que se hundió igualmente) y dando lugar al colapso sanitario, con el aumento geométrico de contagios y fallecimientos consiguiente. Del enemigo visible desencadenante de la crisis, Napoleón Bonaparte al enemigo invisible, la pandemia que asola al mundo. Si allá España resistía de alguna forma a la dominación francesa, acá también se esgrimió el derecho a gobernarnos por nosotros mismos. Y tomar las decisiones autónomas que fueran necesarias, en materia económica o de salubridad pública, el desafío que compete en el siglo XXI en una experiencia inédita para la humanidad toda. 

El Presidente Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof y el Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta en la conferencia de prensa del 8 de mayo. En aquella Junta revolucionaria, los había morenistas y saavedristas, pero el 25 todos estuvieron unidos ante el enemigo común, el Virrey Cisneros y los realistas. Hoy, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se presentan unidos frente al enemigo invisible.  Unidad y también concentración de un país que decidió empezar a ser libre un 25, pero que fue unitario desde siempre. Por el puerto, por las industrias, por el trazado de las vías del ferrocarril, que todo desembocó siempre en Buenos Aires. La producción, la riqueza, la pobreza y la gente. El AMBA como el área más vulnerable al coronavirus nos expone una vez más los riesgos de haber encarnado un país tan unitario, aunque declamemos federalismo a cada rato y en nuestra Carta Magna. Que no pudo Alfonsín trasladar la capital a Viedma.  El puerto, el aeropuerto, las puertas de entrada a un país que desarrolló otros lugares, otras importantes provincias, pero sigue siendo esencialmente unitario. Su mayor potencia y su mayor debilidad, su talón de Aquiles vulnerable en la aglomeración tan peligrosa en tiempos de pandemia. Todos unidos, y también (y lamentablemente) amontonados. Dos semanas más de confinamiento. Y el sol del 25 viene asomando.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

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