Comienzo por la lectura, tomo un libro fácil o que por lo menos me abstraiga de la realidad. No lo consigo, lo dejo, comienzo otro, tampoco tengo suerte, entro a Netflix y mi concentración parece haberse ido para siempre. Leo la palabra “productividad” en redes y no le encuentro el significado. Por largos días parece que lo “importante” carece de sentido o por lo menos lo que hasta hace dos  meses creía que lo era ahora no lo es. Lo que me invade es otra cosa, no tengo que hablar por Skipe con mi psicóloga para notar el sentimiento que me abruma, casi se puede tocar.

Como un marinero vigía intento subir al mástil más alto y observar;  pero el horizonte no asoma, la niebla lo tapa y por momentos es tan espesa que no puedo ver ni mis manos.

Hacé ejercicio en tu casa, armá una rutina, cocina, levantate como si fueras a ir al trabajo: el estado intenta de cuidarme y la sociedad me da órdenes para que no deje de ser productivo. ¿Y si no quiero ser productivo? ¿Y si no quiero vivir una pandemia como algo normal? ¿Y si esta vez estar deprimido y angustiado es la normalidad? Igual sigo en el mástil despejando la niebla con mis manos para intentar ver más allá y que en algún momento aparezca la luz del faro, ya no importa cual lo que me importa es encontrarla.

Juan José Romero

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