Una retórica docente la del Presidente Alberto Fernández. El profesor de la UBA y los gráficos. Siempre las comparaciones son odiosas, pero que las hay las hay. Compara lo incomparable, ya sabemos. Que el primer mundo, que el tercer mundo. Pero todo el mundo parece igual en una pandemia, ante un virus que se esparce con una facilidad asombrosa.

El hombre es el Presidente de la república, pero te habla como un profesor explicando los resultados de la cuarentena, favorables en comparación a otras latitudes. Nos pusimos a resguardo y nos abstuvimos de decir que era una gripecita, con el diario del lunes bajo el brazo y planteando la estrategia de una cuarentena ortodoxa implantada cuando teníamos cincuenta casos confirmados en el país. A veces llegamos tarde los argentinos, pero por una vez parecemos habernos anticipado. No ir detrás de los acontecimientos, sino organizar, administrar la cuarentena.

La economía y la subjetividad se resienten. Y se rebelan también porque lo que pasa allá avisa, pero la amenaza a veces no termina de corporizarse. La situación hace acordar a los ríos de montaña, en particular en la estación estival. Uno puede estar bañándose en un tramo del río con un calor de mil demonios, hasta que alguien te avisa “está lloviendo arriba”, en el nacimiento del río, a kilómetros de distancia. Y mirás el cielo y ves alguna nube y te preguntás si será verdad lo que anuncia esa chicharra de mil demonios, que te ordena abandonar el lugar. Entregarse a la tarea odiosa de levantar campamento, interrumpir el plácido baño y mudar la toalla, el bolso mientras te sigue pegando en la nuca el sol abrazador. ¿Para qué? Uno tarda en convencerse. Llueve allá arriba, se extiende el virus en Italia, España, Nueva York, Brasil, Ecuador y qué lo parió.

Levantar las cosas, dejar de estudiar, de trabajar. Distancia social. Acuartelamiento de cada uno en su casa para vencer al enemigo invisible. Los días pasan, y ya no distinguimos entre lunes y miércoles, que ya no sabemos ni en qué día vivimos como dijo el Presidente. Que va a haber ayuda para todos, dice, que el Estado estará presente. Pero ¿cómo llegar a todos los informales? La ayuda siempre será poca, cómo llegás a los más débiles más que con bolsones de comida, al comerciante obligado a cerrar, a levantar campamento.

Mientras, Tecnópolis se convierte en un hospital de campaña. Precaverse para no ver desbordado el sistema sanitario. Si los argentinos siempre actuamos después de que ocurren las cosas, esta vez nos adelantamos a los acontecimientos con la ayuda de la anticipación de las noticias globales que viajaron por internet. Como el turista que tuvo que abandonar el río a tiempo, subir unos cuantos metros y guarecerse bien arriba. Porque el río no avisa subiendo de a poco, sino que baja como un torrente endemoniado dispuesto a llevarse todo por delante, atravesando puentes y arrastrando todo a su paso. Cambiando tanto el paisaje que sorprende verlo subir su nivel hasta lo imposible, metros y metros alcanzando y superando el peldaño de roca desde donde sabían tirarse los clavadistas. Y recién ahí uno comprende la necesidad de los sistemas de alerta, de los avisos, De actuar a tiempo, precaverse.

Parecería que se actuó a tiempo en el aspecto sanitario. Pero, como se dijo, aún no se logró nada. Y otro tema será superar la gran depresión económica del país y mundial, que algunos asemejan a la de 1929. En ese momento, se revirtió el colapso del capitalismo apostando al Estado empresario y una política monetaria expansiva, el ideario keynesiano que había quedado en el olvido. Si los hechos cambian, cambio de opinión, supo decir el economista inglés.

Esta crisis a la que empujó un factor externo a lo económico e inesperado, pondrá en cuestión las teorías del capitalismo financiero, la globalización y la misma organización social.

No habrá un salvador, sino que parece un desafío colectivo, más allá de la grieta, sumando a los intendentes de la oposición y los propios asesores, que lo ayudaron al Presidente a no olvidar lo más importante del mensaje, la duración de la extensión de la cuarentena hasta el 26 de abril. La unión es la receta ante el desborde común que ocasiona la situación. El desafío ni siquiera lo podremos comprender con los cuadros en un pizarrón, porque en estos momentos todo quedó en suspenso, pataleando en el aire. Nadie sabe nada, ni en el país ni en el mundo, en este año que parece un sueño o una pesadilla. Complejísimo y titánico es el desafío de subir la cuesta empinadísima para ponerse a salvo, borrar el pizarrón y escribir de nuevo. Una nueva historia.

 

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s