Un mal gobierno de Alberto Fernández no sólo dinamitaría el frente pan peronista que alcanzó la victoria en las últimas elecciones. Un mal gobierno de Alberto sería por supuesto más sufrimiento para los sectores más postergados de nuestra sociedad. Finalmente, un mal gobierno de Alberto sería peligroso. A nivel regional para muestra basta un botón o un Bolsonaro. Que es casi lo mismo.

Nuestro continente una vez más está en disputa y los antagonismos internos de varios actores políticos no ayudan. El famoso fuego amigo, traslucido en críticas y en desautorizaciones contra el presidente, hoy ni siquiera genera rédito político para quien lo lanza. El contexto económico gravísimo y la sombra de la deuda acechando cualquier germen de iniciativa política, al parecer no generan la suficiente grandeza que se necesita para una situación de extrema emergencia.

I- Garks Attacks!

El reciente paro del campo por cuatro días debido al aumento de las retenciones en tres puntos, es una muestra más del sentir de un sector profundamente clasista, retrogrado e  hijo de puta. Ahora que las retenciones segmentadas sólo afectarían a la cúpula de la aristocracia agraria, ahora que se evita el error del 2008, ahora que la pobreza que dejo Macri es una bomba socioeconómica, los muchachos de todas las organizaciones que incluso se beneficiarían por dicha resolución, lanzan un paro golpista y extorsivo. Parece irracional, pero no lo es. Si entendemos que tomamos decisiones sólo por cuestiones económicas nunca podríamos entender el quehacer de los actores sociales. Aquí y ahora el mal  llamado “campo” el cual representa a las organizaciones más o menos patronales, se mueven por un odio profundo hacía todo peronismo, filo peronismo. Bendición y maldición. El campo argentino es el productor de divisas que tanto necesita nuestro país, pero ¿cómo se negocia con estos tipos que se creen y han ejercido un poder cuasi para estatal de presión? Son los patrones de estancia.

II-Kirchnerismo mágico

Mayormente el fuego amigo proviene de boludos a cuerda que han entendido al kirchnerismo como una revolución social y política comparable con la revolución cubana. Ven en todas las acciones de gobierno una falta. Se sienten frustrados porque miden con la misma vara cualquier medida en cualquier contexto histórico. No existen correlación de fuerzas, por mero voluntarismo y convicción todo cambiará. Más cercanos a mitologías espirituales de auto ayuda y autoconocimiento, no serían relevantes sino tuviesen poder dentro del Gobierno.

Alberto debe lidiar con ellos y reconstruir un relato propio y generar un espacio politico suyo.  El discurso en el  congreso con su tono y sus formas son un camino. Alberto debe atravesar éste enjambre y la tensión política que existe con CFK. Cuando Cristina pateó el tablero y hace la jugada política de ponerlo de de candidato, reconfirmamos que está a tres o cuatro pasos más que los demás mortales, incluso de los mismos que se encuentran en sus filas. La banda del Kirchnerismo mágico entiende a la política Argentina como un juego de buenos y malos, piensan, en su argumentación dicotómica que no hay necesidad de negociar, transar, rosquear. A estuvo con B por eso Z. Ven traidores por todos lados o tienen un purismo que se los asemeja más a un grupo Troskirchnerista que a otra cosa. No les gusto Scioli en su momento y por eso les sorprendió que Alberto Fernández sea finalmente el candidato del espacio popular. Cristina resolverá esa tensión, tiene que hacerlo. Sabe más que nadie que Alberto no podría construirse a su sombra. Tiene que correrse. Pero el poder, dicen, es una adicción muy fuerte. Se juega mucho en esta relación.

II- ¡Oh capitán! ¡Mi capitán!

El relato Albertista tiene que comenzar a construirse. El reloj corre y la bomba económica macrista no se desactivará en este año, como pretenden algunos ciudadanos con severos cuadros de ansiedad, que hoy le piden definiciones y soluciones.  Dan risa, sino fuera que están en el en el prime time televisivo y radial.

Para no apartarnos tanto de los hitazos peronistas diremos que “la única verdad es la realidad” y desde nuestra verdad intersubjetiva podemos afirmar que para salir de éste desastre Alberto debe fumar bajo el agua.  Lo bueno es él ya estuvo allí. En otro contexto, con otras olas, con otros vientos. Pero es el mejor capitán que podríamos haber contratado. Las metáforas náuticas nunca son afortunadas cuando se trata de un país, pero créanme que si a Alberto Fernández le va mal, tenemos pocos botes salvavidas.

Carlo Magno

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