Un recorrido emotivo por la música Spinetta.

La música, para los que tenemos muy a flor de piel la memoria emotiva, no es solo música. Por eso voy a intentar compartir mi recuerdo emotivo y personal con Luis Alberto Spinetta con la sola intención de que quizás alguno de los que lo lean puedan hacer lo mismo con sus artistas predilectos.

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-Chau loco, ¿ese es Spinetta?, ¿ese otro también?

Habían empezado las vacaciones y mi vieja me llevó en pleno verano hasta la Recoleta en bondi para ver una exposición por los treinta años de rock nacional. Para un pibe curioso aficionado a la música, la muestra instalada en el Centro cultural Recoleta era un paraíso alucinatorio. Para entenderlo en 2020 hay que posicionarse en la época: en 1996 para escuchar un disco había que comprarlo y ver fotos o videos no estaba a la distancia de un click, como hoy.

Recuerdo haber vuelto a casa después de una tarde de éxtasis total queriendo ser Spinetta. Hasta ese momento lo único que conocía del flaco eran las canciones del primer álbum de Almendra. Mis viejos tenían dos LP de rock argentino: “Vida”, de Sui Géneris y el primero de Almendra, que escuchábamos tirados en un sillón azul en el comedor de mi casa. Recuerdo como si fuera hoy la imagen de Ana tocando su sombra sobre la alfombra, contando las luces, mirando la gran ciudad en sus noches de insomnio. Pero de Pescado Rabioso o de Invisble no había escuchado nada de nada.

En las fotos el Flaco aparecía con pelo largo y enrulado, con actitud rebelde. Por unos altoparlantes pasaban canciones de Pescado y me volví loco.

Pasó mucho tiempo hasta que tuve plata para comprarme cd´s de Spinetta. Muchas tardes me encerraba en mi pieza a tocar la guitarra e intentar escribir canciones parecidas a las suyas.

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Mi tía fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Una de las tantas epopeyas increíbles que hizo en su vida, se cuenta el haberme llevado a ver recitales cuando yo era un nene. En esa época, fines de los 90, fuimos a ver todos los conciertos gratuitos que se hacían en Capital Federal. Vimos a Divididos, a Los Pericos, a Los Fabulosos Cadillacs, a Charly García y al Flaco Spinetta. Seguramente hubo más, pero yo recuerdo esos.

Es posible que la memoria me falle, pero en mi mente quedó grabada la imagen de Spinetta en las pantallas gigantes con el pelo teñido de rubio, una camiseta de futbol y una Fender roja. Recuerdo unas cuantas canciones duras, fuertes. Si no me equivoco, el Flaco tocaba en ese momento con Los Socios del Desierto, una banda dura, pesada.

Para un pibito de un barrio de la Provincia de Buenos Aires, aquello era épico. El olor a porro, los pibes vestidos raro, los golpes de la batería en el medio del pecho.

No sé si antes o después fuimos con mi hermano hasta la Plaza del Congreso para ver un festival en apoyo al reclamo de los docentes. Queríamos ver a Los visitantes y, por supuesto, al Flaco. Recuerdo haber visto pasar a Palo Pandolfo y a Luis Alberto, creo que con un sombrero rojo, sobre el escenario.

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Hacía tiempo que no escuchaba a Spinetta cuando se anunció su recital en Vélez. Primero dudé, pero finalmente un amigo sacó dos entradas medio sobre la hora. Recuerdo las caras de asombro de muchos conocidos cuando les comentaba que iría a ver a Spinetta. Lejos estaba de ser una moda. Muchos de esos hoy lo idolatran. Bien por ellos. Peor sería que nunca lo hubieran podido disfrutar.

El recital fue una especie de reencuentro. Como volver a ver a un familiar cercano con el que te distanciaste sin saber por qué y al que quisiste mucho. El recital fue desproporcionadamente largo. Una locura hermosa. Cuando salimos estábamos fusilados. No esperábamos ver a Almendra. Morimos de la emoción. El cansancio era de estar parados en el campo horas y horas y de habernos emocionado tanto. En los descansos que hacía para que las distintas bandas se acomoden, nos sentábamos donde podíamos.

Mi amigo había pedaleado desde Beccar hasta Liniers, pero ahora se había bancado cinco horas de recital y a esa hora el tren ya no pasaba. Su regreso a casa fue otra locura.

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Hoy se me dio por escuchar de nuevo Estrelicia, el disco que registró el Unplugged de Spinetta para MTV en Miami. Cuando el Flaco presenta a Rodolfo García, batero de almendra que toca el acordeón en la canción “La miel en tu ventana”, dice: “Este es un tema de la época en que la gente hacía el amor embanderada… hace mucho”. No sé por qué, pero esa frase me emocionó con mucha profundidad y me acordé del día en que informaron que había muerto y los afortunados que lo habíamos escuchado durante toda nuestras vidas andábamos tristes dándonos abrazos por teléfono celular.

Sebastian Pujol

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