Adrián Paenza no sólo es un gran divulgador e intelectual de las matemáticas. Para mí y para muchos incapaces en la geometría, derivadas y funciones, Paenza fue la puerta de entrada al básquet de la NBA.

Pero antes de la Magia,  estaba el querido Fútbol de Primera, donde veíamos como mucho diez minutos de nuestro club, en el cual Macaya nunca decía nada sustancial o sus descripciones eran tan evidentes como verdades absolutas: – Qué mal le pegó Carrario a la pelota. Efectivamente el tweety la había tirado fuera del estadio. Cuando Marcelo Araujo terminaba por exagerar apodos, equivocar nombres, dramatizar partidos. Después de todo eso, empezaba La Magia de la NBA. Allí comencé a tener ídolos tan lejanos y extraños como queribles y maravillosos: Charles Barkley, John Stockton, Karl Malone, Scottie Pippen, Maxi Box, Gary Payton y por supuesto Michael Jeffrey Jordan. ¿Qué más podía pasar después de él?

La magia era un programa maravilloso, educativo y un excelente resumen del gran show basquetbolístico. Yo como muchos intentamos jugar al básquet. La altura y las propias limitaciones técnicas me hicieron ser un mejor espectador y admirador. Fan de Chicago Bulls peleaba con mi hermano Guille ferozmente. Él era un nostálgico admirador de los Ángeles Lakers, amaba y hoy también al Básquet en todas sus ligas y expresiones. Desde la Liga Nacional, pasando por Lituania o el club de barrio, el que nos quedaba a tres cuadras de casa, el Club Atlético San Miguel.

Nunca dejó de atormentarme con Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, Larry Bird , Wilt Chamberlain, Isaiah Jamar Thomas. Pero yo tenía el ancho, jugaba al truco con Michael Air Jordan y ¿Qué más podía pasar después de él?

Y pasó Kobe Briant, un fenómeno. Un jugador que marcó una época y que devolvió la supremacía a los Lakers. Una vez más.

De más está decir que Guille se tomó revancha y por años la taba se había dado vuelta.

Así es el fulbo. Digo el Baske.

Cuando lo llame para decirle que Kobe se había muerto, Guille se puso a llorar, no sabía nada. Me corto el teléfono.

Pensé en lo matemático y preciso que es el basquetbol, meter una pelotita en un aro 45,7 cm, con una parábola que tiene que ser perfecta. No sólo se fue un fenómeno del básquet, también un mago de las matemáticas aplicadas.  La magia de la NBA perdió a unos de sus grandes hechiceros. I love this game.

Carlo Magno.

 

 

 

 

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