Luzbelito y un viaje de ida.

Enero del año 1999, la fiesta menemista estaba llegando a su fin pese a que no todos se daban cuenta de eso.

Tengo 12 años recién cumplidos y 20 pesos en el bolsillo, cortesía de mi abuela paterna y su clásico regalo que nos daba a sus nietos para Navidad (para el cumpleaños nos daba 50). Le pido permiso a mi mama y después de conseguir la aprobación, tras algunos consejos para evitar insolarme en la calle, emprendo el viaje. La caminata es ligera, no sé si por una temprana ansiedad o si tener ese dinero en el bolsillo me daba la sensación de llevar un tesoro que podría ser robado. Tras recorrer esas 15 cuadras que separaban mi casa del local de discos, llegué a mi destino. Entrar a Musimundo, con su cortina de aire frío que te pegaba en la cabeza al pasar, era una sensación increíble.

Estar en una disquería era una de las cosas que más disfrutaba a esa edad, dar vueltas por todo el local, ver estante por estante los álbumes de bandas que en su mayoría me eran desconocidas, como buscando algo que no sabía que era, me parecía una de las mejores formas de gastar mi tiempo. Y digo tiempo y no dinero porque en esos años veía discos que por cuestiones económicas nunca compraba. Ese día era diferente, tenia 20 pesos y el objetivo de comprar un disco de Los Redondos. Un compañero del colegio me había grabado un casette con varias canciones que me habían gustado mucho. Sin conocer ni siquiera los nombres de los discos, busco la letra P en la sección de Rock nacional y me pongo frente a frente con la discografía ricotera. El arte de tapa era la mejor carta de presentación que podía tener, uno muchas veces compraba música por los ojos y Rocambole era un especialista en crear tapas memorables. Luzbelito fue la portada que  me voló la cabeza. Lo agarro para verlo por un largo rato y lo doy vuelta para ver que canciones tenia, compruebo que no conozco ninguna, y decido llevarlo. El regalo de la abuela quedo cortó para los 22 pesos que valía en ese entonces comprar el CD, tuve que comprarlo en casette por fuerza mayor.

La vuelta a mi casa fue más rápida que la ida, llegue en tiempo record, me metí en mi pieza que compartía con mi hermano mayor, comprobé que él no este y me puse a escuchar el álbum. En tiempos donde Spotify y YouTube no existían, los discos se escuchaban enteros, tema a tema, respetando el orden de las canciones como las había elegido el artista. Uno se tomaba el tiempo de apreciar la obra, uno se daba el tiempo para disfrutar la música.

Con el librito de las letras en la mano, lo primero que se escucha al poner play es la electricidad y el riff de guitarras del tema Luzbelito y las Sirenas. Increíble, tengo la piel erizada y mi cabeza siguiendo el ritmo demoledor  del tema. El viaje musical por Luzbelito es sombrío, oscuro, es un disco con una temática clara, salvo por Mariposa Pontiac- Rock del País, que es un rock and roll mas “festivo”. Cada canción que pasa tiene una frase que me queda marcada, los temas me parecen excelentes en una primera escuchada. Llega el último, Juguetes Perdidos y me genera una emoción tan grande como solo la música lo puede lograr, fin del disco. Lo vuelvo a escuchar entero otra vez.

Enero del año 2020, el país busca reconstruirse tras la experiencia macrista. Termino de escribir estas líneas y como buen consumidor de música del siglo XXI,  pongo en YouTube Luzbelito. Comienzo a escuchar la electricidad, pasaron 21 años de la primera vez que lo escuche, y la piel se me eriza como a los 12 años. Todo vuelve a empezar.

Diego Leonessi

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