El poder está rodeado de símbolos y la impronta que se quiere dar a una gestión también. El Presidente electo Alberto Fernández ordena retirar el vallado de Plaza de Mayo, que fue sinónimo de la gestión que se va. Una gestión que hizo énfasis en la seguridad, en el cuidarse del otro peligroso. En cuidar el orden, los que gobiernan en la Casa Rosada, los gobernados allá lejos o marchando a prudente distancia. Ahora el intento es otro. Que se acerque el pueblo, que se pueda un poco caminar entre la gente. Acercarse a lo plebeyo. Tal vez, emulando el pan y circo. Pero que haya pan, que se acabe el hambre en el país exportador de alimentos.

Que caigan las rejas, que se saquen. Acá no molesta la gente. Como Yrigoyen, como Rosas. Fueron célebres los relatos de aquellas asunciones del mando por parecidas. El pueblo desenganchó los caballos de los carros que los transportaban y fueron llevados a pulso y en andas a la Casa de Gobierno o a la Sala de Representantes. Rotas cadenas, rejas quitadas, la Argentina se debate en el desafío de intentar acabar con la grieta. Quiere decir, que haya discusión, que haya diferencias pero en el marco de una pacífica convivencia democrática. Que se respete el 7 de diciembre y también el 10 de diciembre, el día de la asunción del mando de la coalición triunfante del Frente de Todos. No es poco lo logrado, en tiempos en que arde la democracia en Latinoamérica, lamentablemente.

Tirar las rejas, sacarlas servirá para tener una mejor percepción de lo que el pueblo, los argentinos de a pie esperan. Ya Frigerio, ministro del gobierno saliente, se sinceró, luego de las PASO, diciendo que ellos habían notado el malestar en la gente, pero veían las encuestas (equivocadas, claro) y sonreían. Ojalá la gestión que se inicia sea de cara a la gente, al pueblo. No habrá milagros, pero se habrá inaugurado al menos una nueva sensibilidad. Una mayor cercanía de los que ejercen el poder con sus representados.

Un Presidente y un gabinete que, además de su competencia y responsabilidad técnica, caminen la calle. Con sus bemoles y contradicciones, una gestión que abre de alguna forma una esperanza. Que es lo último que se pierde. Que perdimos ingresos, que perdimos derechos sociales, con una pobreza e indigencia crecientes. Pero la expectativa está ahí. Asume un nuevo presidente. La esperanza la viene a brindar la tan vituperada política, que le ganó al márketing y las encuestas de opinión. Esperanza que no es cheque en blanco. Es renovarle el crédito de nuevo a la política y a la democracia, que después de todo es la única forma de poder generar cambios por medios pacíficos. No es poco. Con todas las críticas que se puedan hacer y las contradicciones que se puedan generar.

Un desafío quijotesco que se emprende sin rejas, sin las cajitas de cristal de la ortodoxia. Cabalgar a campo traviesa, atravesando el desierto de la recesión económica y la devastación social e intentando buscar mejores lugares, pero libres de ataduras. Tiempo de embarrarse en la crisis, para intentar capearla, de buscar oportunidades fuera de la lógica. Política que despertará críticas loables, resentidas y resistencias. Pero el 10 de diciembre, algo se empezará a mover. Y, como dijo el célebre y mítico personaje de Cervantes: ladran Sancho, señal que cabalgamos.

Sebastián Giménez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s