Una de las expresiones de la violencia de género se hace notable en la política diaria. Desde la construcción de la política hasta la militancia en los barrios, en la universidad o espacios estudiantiles, la violencia también se sufre y por parte de nuestros propios compañeros. 

Aunque existan diferentes prácticas de violencia política y en algunas situaciones la asimetría de poder se vuelva más burda y fácil de reconocer, no podemos dejar de pasar por alto que, dentro de un espacio donde el poder es moneda corriente, el machirulaje y todas sus consecuencias nacen a flor de piel dentro de esos ámbitos. 

Cuando hablamos de política se puede estar hablando de cualquier cosa. En este sentido hay que destacar que la violencia política se puede ver expresada en todos los espacios donde se desarrolle la política, porque siempre va a estar. En algunos espacios quizás más que en otros, pero la violencia de genero no tiene recovecos donde no este. Y si no está, es porque un grupo de feministas se encargó de romper con todos los mandatos patriarcales y violentos que puedan llegar a causar algún tipo de acto violento. E incluso, todavía no alcanza con eso, sino que es un trabajo diario que requiere constancia, paciencia, y construcción. 

¿Qué es la violencia política?

Es aquella que se desarrolla en un plano político donde, tanto el violento como quienes son violentades y violentadas, comparten militancia, partido político, organización política o frente. No es fácil de identificar y el componente que más lo dificulta es el vínculo con el violento. 

A todas y todes nos gustaría que nuestros compañeros, quienes levantan la bandera del campo nacional y popular con tanto orgullo y pasión, quienes defienden a capa y espada los derechos humanos o quienes ante una injusticia de carácter económico y/o social, sean los primeros en discutir la situación y salir a la calle para concientizar lo ocurrido, tengan el mismo ímpetu que tienen para lo antes nombrado; como para llamarse a la reflexión  y/o a la corrección de conductas violentas tanto propias como ajenas a uno mismo, es decir, de otros compañeros. 

Hay un patrón común que se repite en este tipo de casos y en estos tiempos donde se cree que la única violencia es la física o si te revisa el celular. Y caemos en la trampa de que se nos pasen por arriba los diferentes tipos de violencias y mas en ámbitos donde el poder es moneda corriente. 

La política no es mala y tampoco hay que demonizarla. Es un espacio como los demás donde convivimos con tipos. Y por lo tanto, conviviremos con violentos. Sin ánimos de ofender (o sí) , no se quiere decir que todos los tipos son violentos políticos, sino que hay una gran tendencia a que donde exista un grupo de chabones, alguno sea un violento. De hecho, la política transforma. Hay políticas neoliberales que destruyen y políticas nacionales y populares que transforman sociedades.

Entonces, no debemos caer en lo banal de creer que nuestros compañeros jamás nos violentarían porque son compañeros de unidades básicas, de organización o de partido. Porque hay algo que es inherente a qué tipo de pechera usa, lamentablemente. 

Retomando, el patrón común nace desde la necesidad de que su mandato de la masculinidad o la fobia a verse por debajo de algo sea la primera bandera por sobre todas las otras. Además de que dentro de cada violento exista un seductor nato de todo tipo, sexual, amistoso, familiar, también la seducción política viene a poner palos en la rueda a la hora de identificar a un compañero macho. 

No solamente hay que tener en cuenta la diferencia entre que un compañero con  responsabilidades políticas sea violento con una compañera, a que si el violento no tiene ninguna responsabilidad. La legitimidad política de los violentos no va más. Es tema arcaico, vetusto y hasta un poco anti militancia. La legitimidad política construye una especie de capa  invisible donde todos los errores, actos, violencias, destratos, operetas, pasan desapercibidas por su falo político en el cual el pobre varón cis se cree impune. Y esa impunidad, todavía en muchos lugares se sigue sosteniendo. 

Las responsabilidades de los varones cis violentos hacen que su testimonio de auto defensa (DE NO SE QUÉ), tenga un poco más de credibilidad, de que se alienten los procesos, de que tenga tiempo de seguir ejerciendo la violencia pero por otros medios. Por atrás, con los compañeros que lo siguen escuchando, que no lo corren, que se hacen los boludos, que se comen el cuento de que “se está de-construyendo” o incluso, con el tupe -tan ridículo- de llevar a cabo un problema altamente político a un plano personal con la mujer que decide denunciarlo, hablar, correrlo o simplemente aplicar un protocolo. Cuando digo personal no digo que la violencia de genero política no es personal, porque lo es porque somos mujeres o disidentes. Pero ellos lo ven en términos sentimentales. En su pequeña psiquis toda podrida por violencias y disputas sin contenido, nuestra cabeza, nuestra construcción politica, nuestra manera de militar pasa únicamente por lo sentimental y no podemos tener una discusión, hacer una denuncia, o marcarle actitudes a algún machirulo porque ya es “personal”. 

Y no, denunciar a un compañero que cree que puede hablar por encima mio, que me corre de las responsabilidades, que me oculta información porque se cree amenazado, que no deja crecer a las compañeras, que filtró información que le dio su compañera y luego se separó y decidió comentar todo lo políticamente hablado, que utilizó el plano político para vincularse emocionalmente y luego deslegitimarnos políticamente, es político. 

Creer en la denuncia, en el “no nos callamos más” es creer en el feminismo que llega a todos los lugares y el feminismo que tiene fines políticos de transformación. 

¿Alguna vez un compañero se preguntó que se sentirá militar con un compañero que lo violentó, lo hostigó, lo corrió y/o lo deslegitimó? 

No. Porque no les pasa. Y si les pasa, es porque existe algo patriarcal en el medio. Pero no, a ellos no los deslegitiman por ser violentos, mira si los van a deslegitimar por decir 3 boludeces.

“Que nuestro tono, que si cogemos con compañeros valemos menos, que si crecemos políticamente nuestro responsable varón cis político nos opera, que si nuestro compañero violentó a una compañera nos hacemos los boludos hasta que explote todo mientras la piba pronto dejará de militar porque le incomoda. Que si no estamos exagerando, que no hay que meternos en esa porque es un chabón con responsabilidades” al carajo con esas frases y como dijo Cristina Kirchner, ningún machirulo más. 

Si sos militante político y ejerces la violencia contra una compañera o compañere, es violencia de género y política. Porque además de ser violento, compartís un espacio político donde tu violencia se transfiere a ése espacio. Lo personal es político y si sos un violento en la cama, también sos un violento en una unidad básica. 

Compañeros militantes violentos mal llamados peronistas, debo decir que jamás un peronista ejercería la violencia contra otra persona. Las libertades, los derechos y la igualdad primero y si no entendieron al peronismo dentro de un marco feminista actual, no entendieron al movimiento político.

Azul Verzura

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