Con intención negativa, cuando tuvo lugar la movida desequilibrante en el tablero de ajedrez político de Cristina Fernández de Kirchner la oposición se apresuró a identificarla con aquella de 1973, de Cámpora al gobierno, Perón al poder. Allá hace tiempo, una especie de claúsula caprichosa de la dictadura militar en retirada había impedido al General Perón ser candidato. Así, fue candidato el último delegado, el doctor Héctor J. Cámpora. 

Las situaciones no son en absoluto comparables. Ponerlas en paralelo tenía como objetivo desvalorizar la figura del candidato a Presidente Alberto Fernández, haciéndolo ver como un simple delegado de Cristina Fernández de Kirchner, al que manejaría a su antojo. Dos Tíos, ayer y hoy. Al Tío Cámpora se lo considera así como un fiel y simple subordinado estratégico de Perón. Y el Tío Alberto. Sin embargo, los que lo conocen a Fernández, descartan esa visión de plano. Muchos analistas han puesto de manifiesto el hecho de que es el primer presidente rosquero, o sea un armador político que llega al poder.

En 1971, Joan Manuel Serrat escribió la canción Tío Alberto, que formó parte del disco En Tránsito. Y hoy curiosamente estamos transcurriendo una transición demasiado larga, de agosto a octubre. De octubre a diciembre. El célebre cantor catalán describía al Tío Alberto como un hombre que gitano o payo pudo ser. La grieta, pudo haber sido los dos extremos. Pero eligió otra cosa, una especie de vida nómade, heterodoxa y sensible en la España de inicios de los 70. Describe a ese Tío en la canción como una persona que camina sobre el bien y el mal, con la cadencia de su vals. El Tío Alberto de ahora aparece también como un hombre político que quiere cerrar la grieta, el enfrentamiento del que se nutrían el kirchnerismo duro y el macrismo. El bien, el mal y su mestizaje, todo junto bailando en la cadencia del vals de la rosca política. 

No es ajena a la figura política del Presidente electo otra característica del Tío Alberto de la canción esa que cuenta que “atracó de puerto en puerto”. El kirchnerismo, el Frente Renovador. Y ahora, la vuelta al Frente de Todos, nombre de la unidad del peronismo.

Como dijo en una nota reciente el chino Navarro, los argentinos nos enfrentamos en las tribunas pero nos entendemos tomando un café. Describió el poeta catalán también de aquel personaje que “da todo lo que pueda dar, su casa está de par en par, quien quiere entrar tiene un plato en la mesa”. El diálogo y postura frentista le permitió a Alberto Fernández sumar y unificar al peronismo, incorporando a Sergio Masa como refuerzo más significativo y vital. Conflicto y reconciliación, aún sabe sonreír el Tío Alberto, como dijera Serrat.

Diálogo y consensos para lograr un nuevo orden y progresismo, esas categorías con que retratara en su libro el periodista Martín Rodríguez los años kirchneristas. El espejo de Andrés Manuel Gómez Obrador en México, la primera visita. Son tiempos difíciles, sin embargo, anunció el Presidente electo. Tiempos de un nuevo contrato social necesario (empresarios, trabajadores y el Estado como mediador), y en un contexto donde la solidaridad es, en general, un bien escaso. El desafío de distribuir equitativamente los ingresos y también los costos de la crisis, protegiendo a los más débiles. Negociación, disputas, poder, conflicto. No será fácil, pero la heterodoxia anunciada por el Presidente electo en el alicaído debate de candidatos sirve como promesa. Porque por el mismo camino y más rápido íbamos de mal en peor. No hay plan B, decía Sanderis. Sí que lo hay, parece reponer Alberto Fernández. Hay plan B, plan C, elasticidad para hacer frente a las demandas. No hay una ruta unívoca y a la vez encorsetada hacia un futuro feliz que nunca llega. Para llegar al futuro, hay que vivir un poquito mejor el presente. Aflojar la presión de la crisis, patear la deuda para adelante, que los acreedores dejen vivir. Con una mano en la calculadora y otra en el corazón. Razón y sensibilidad, en la cadencia del vals que quiere el Tío Alberto. Orden y progresismo, un nuevo intento de soñar con algo distinto. El poeta catalán le dedica otro verso poco antes de terminar su canción, llamando a brindar por esa vida, ante todo heterodoxa:

“El vaso de mi juventud yo lo levanto a su salud, rey del país, del sueño y la quimera”. 

El gobierno del Tío Héctor Cámpora fue una transición que no terminó bien, ojalá el del tío Alberto tenga un mejor final. En medio de las dificultades, el desafío de empezar de nuevo. El 10 de diciembre se pondrá la banda presidencial Alberto Fernández. El otoño se hizo primavera, como en la canción. Y aún sabe sonreír, el Tío Alberto. 

Sebastián Giménez

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