De aquel memorable relato de Scalabrini Ortiz sobre la jornada del 17 de octubre de 1945 varios pasajes merecen un atención particular.

Scalabrini comienza su relato de la siguiente manera:

“Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar”

La primer palabra  que resuena : “inesperado”, la irrupción. Desde los márgenes a  la ciudad-puerto, la Buenos Aires cosmopolita, que se relamía frente al  espejo mostrando el fruto de las divisas del modelo agro exportador

Como señalaba  Félix Luna, en su libro “El 45” :

“la ciudad los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos desembarcando en nuestro planeta. Argentinos periféricos, ignorados, omitidos, apenas presumidos, que de súbito aparecieron en el centro mismo de la urbe para imponerse arrolladoramente…”

En otro pasaje Scalabrini señala:

“ Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe”

La imagen que propone Scalabrini nos remite a aquella sentencia de otro Forjista Don Arturo Jauretche cuando recalcaba que las multitudes no odian porque conquistar derechos provoca alegría.

De la misma frase destaco “ unidos en una sola fe”

Muchas veces se oye hablar a ciertos  antiperonistas señalando que el peronismo vino a borrar las luchas sociales anteriores, preferimos pensar que más bien confluyeron  en una sola fe. 

Otro pasaje memorable del texto es aquel que sentencia:

“Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río”

Ahí aparece la fusión , no es la negación de la individualidad sino cuando circunstancialmente los deseos individuales se ven materializados en un espacio en común compartido con otros. Es una multitud que percibe que su poder está en la confluencia. No asoma el espíritu de revancha sino el de afirmación: estamos acá para reclamar lo que nos corresponde.

“El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”

Este ultimo pasaje nos remite a lo profundo, a la raíz, la historia antigua de América,a los enormes sinsabores que acarreaba el pueblo.

Como sostenía Rodolfo Kusch “en América no hay otra constante que la de su  pueblo. La base de nuestra razón de ser está en el subsuelo social. Es lo que demuestra el peronismo y esté, a su vez, es la consecuencia de una verdad que América viene arrastrando a través de su historia. Fue la verdad que alentaba detrás del Inca Atahualpa y es la que sigue palpitando, aun hoy, después de la muerte de Perón. Contra esa constante que es el  pueblo, se estrechan las izquierdas y las derechas y los centros. Quizá ni siquiera quepa ahí la política”

Por ello el peronismo se niega a ser un objeto de museo o la sortija de quienes no buscan otra cosa que las mayorías (en detrimento de ellas mismas). 

Como cantaba Atahualpa “No se puede ver la cruz del sur en las noches de tormenta, hay que buscar dentro de uno para encotrarla a la huella”.

Juan Manuel Granero

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