ANÁLISIS DEL DEBATE DE LOS CANDIDATOS A JEFE DE GOBIERNO.

Debate se titula el evento, pero no tiene el elemento más interesante de una comunicación, el ida y vuelta, el intercambio. Un modo rígido y acordado en que las exposiciones de cada candidato a Jefe de Gobierno parecen líneas paralelas que tal vez se toquen en algún punto, allá en el infinito. El reglamento acordado asegura la equidad del tiempo disponible, pero el debate pierde sustancia. En este caso, lo justo quita lo valiente. Y sin valentía, se pierde el picante, se elevó solo en breves momentos la temperatura. Un breve pico de fiebre por algo parecido a una discusión entre Horacio Rodríguez Larreta Matías Lammens, que no rebalsó lo acordado. Todos se atuvieron al reglamento.

La figura de los moderadores es casi la de simples cronometristas y elogiadores del evento que ahí tiene lugar y de la democracia. Cuando todo es el formato y la organización, lo mismo da que lo hubieran moderado Lanata, Majul o Navarro y Víctor Hugo Morales. Usted lector pudo haber jugado ese papel, y quien esto escribe también. La organización rígida no permite rasgo alguno de individualidad creativa ni de rebeldía.

Exposiciones paralelas sobre temas en común pero que casi no encuentran puntos de contacto, la única interacción son las preguntas en diagonal que un candidato le realiza a otro, por sorteo. En un evento tan acartonado, en que cada cual se cuida de no pisar el palito del furcio o el exabrupto, la indagación del otro es el evento más interesante, en tanto no está rígidamente planificada la respuesta. La pregunta, también, oficiaba como modo de exponer alguna propuesta del candidato que la formulaba, como se observó en especial en Gabriel Solano, del Frente de Izquierda y los Trabajadores. A continuación, realizaré una valoración subjetiva y por demás discutible del mensaje de cada uno.
Horacio Rodríguez Larreta demostró conocer la Ciudad de Buenos Aires palmo a palmo.

Obviamente, una cosa es saber de la realidad y otra el qué hacemos con ella. Aparecieron en sus propuestas las políticas de securitización extrema, una cámara de seguridad en cada esquina. A la hora de plantear medidas sociales inclusivas, de impulso del trabajo se circunscribió al pacto fiscal al que adhiriera la Ciudad en 2017. Cuando le preguntaron por las personas, contestó con las cosas. Parece haber plata para obras de infraestructura, parques acá y allá, el Metrobús. Pero si le piden por la situación de los trabajadores precarizados, contesta aludiendo al pacto fiscal que impide incorporar trabajadores en la planta permanente del Estado, excepto en rubros como educación para cubrir de dotación docente a los edificios escolares nuevos. Planteó la extensión del programa Escuelas del Futuro, que generó reacciones en el estudiantado. El candidato casi que se sintió local, con las de ganar y mostró dominio en los temas tratados. Adoptó una posición no confrontativa, aceptando la existencia de problemas urbanos que esperan solución pero matizándolos con otros logros en infraestructura. Prácticamente no mencionó la actual crisis económica y mucho menos a los sectores vulnerables que las padecen, manejándose casi como jefe de municipio sin mayor injerencia en ese tema. Para Larreta, casi que no es problema de él que llegues o no a fin de mes, su preocupación pasa por hacer túneles, pasos a nivel para que los autos circulen y parquizar bonitamente la ciudad. La sensación es que se preocupa más por las veredas que por los que transitan por ellas.

Matías Lammens aportó una visión de la movilidad social referenciada en su propia familia y el deseo de querer ayudar a las Pymes a las que se dejó solas y son las principales creadoras de trabajo. Expresó también la necesidad de ayudar a la clase media en el acceso a la vivienda. Reconoce las obras de infraestructura visibles en la Ciudad pero propone otras prioridades. Citó cifras del presupuesto en reparación de veredas mayores a los de infraestructura escolar. En una de las preguntas que le hiciera al Jefe de Gobierno, indagó cuánto invertiría en Educación en el próximo presupuesto. Noventa mil millones de pesos, contestó Horacio Rodríguez Larreta. Pregunta de números que se disolvió porque, en este tipo de eventos, probablemente ninguno de los observadores del debate se ocupe de chequear la proporción en el total del presupuesto que la cifra enunciada representa. Y mucho menos hacer el correlato con la devaluación y el incremento de los precios de las cosas. Doña Rosa no observa el debate con ninguna calculadora en la mano. El candidato del Frente de Todos pareció manejarse con mayor soltura cuando fue indagado, apelando con buenos reflejos a frases de sentido común y razonamientos plausibles. Curiosamente, cuando improvisó pareció afianzar mejor el discurso que cuando fue el emisor solitario del mensaje, perdiendo espontaneidad e incluso bajando la vista al machete en algunos instantes. Su intervención fue correcta, estuvo a la altura de las circunstancias pero no generó en principio un acontecimiento, en el sentido de producir un hecho significativo que le permita soñar con superar al favorito, el actual Jefe de Gobierno. Le faltó tal vez el punch que sí tiene la cumbia viralizada en las redes sociales que apoya su candidatura.

Matías Tombolini se mostró sólido y tranquilo. Una exposición seria del profesor de la Universidad de Buenos Aires. En su prédica, tomaron relevancia aspectos poco mencionados o prácticamente desconocidos de lo microsocial. Aportó a la formación de una Justicia Vecinal, mencionó la situación preocupante de los clubes de barrio, grandes integradores sociales agobiados por las tarifas. Esbozó una crítica de la actual situación económica al amparo de ser el candidato del espacio político de Lavagna, al que definió como el ministro de Economía más exitoso de los últimos cuarenta años. Se dio el lujo de esquivar la pregunta de Gabriel Solano acerca de los aportes del Estado a la enseñanza privada y de coincidir parcialmente con el legislador del Frente de Izquierda en cuanto al problema de la basura. Mencionó el problema ambiental que ocasionan los residuos, en particular en un barrio periférico y por pocos tenido en cuenta de la Ciudad, Villa Soldati. Su exposición fue amena, equidistante de los otros candidatos, cordial en el intercambio. Si Larreta habló más de las cosas que de las personas, Gabriel Solano se caracterizó por ser su antítesis. Defendió en su discurso la situación de los trabajadores, los más perjudicados por la crisis económica, criticando el deterioro de sus salarios y a los sindicatos cómplices o acuerdistas (CGT). Nombró la situación reciente de las enfermeras, trabajadoras de la salud de encomiable labor apartadas injustamente de la carrera médica. Puso también en el debate la situación de los trabajadores precarizados del Estado, como los agentes de tránsito porteños. Criticó el deseo de Horacio Rodríguez Larreta de incrementar la presencia de cámaras de vigilancia en la Ciudad recuperando la imagen de Orwell y el Gran Hermano. También denunció el poder agresivo de las pistolas Taser, amparándose en lo afirmado por la ONU. Un socialista a lo Alfredo Palacios, que puso también sobre el tapete a los grandes explotados del capitalismo de inicios del siglo XX. No lo eligen tal vez en mayor magnitud los trabajadores porque no cuenta con posibilidades tangibles de vencer al actual oficialismo.

Y esto nos pone en contacto con un tema clave en la campaña. Hubo cuatro candidatos en el debate, pero existe eso que se llama polarización. Los votos tendiendo a aglutinarse para vencer y elegir entre dos opciones y no necesariamente por las propuestas. El voto castigo. El voto salvación. También, por supuesto, el voto convencido. Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Alfredo Grande, psicoanalista y escritor, trajo en algunos de sus escritos la idea de que la diferencia entre el macrismo y el kirchnerismo es que el último deja caer algunas migajas de la mesa, pero con el banquete nadie se mete. Con el capitalismo nadie se mete. No es izquierda y derecha. Una especie de centro izquierda y progresismo más permeable a las inquietudes sociales versus la derecha de las obras de infraestructura, el Metrobús y el Paseo del Bajo. Los trabajadores, la clase media y las cosas. Las personas y las cosas. Dentro de poco, los porteños decidirán qué priorizan, nada más. Y nada menos.

Sebastán Gimenez. Escritor y trabajador social.

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