Carolina Amaya es arquitecta de profesión y gestora territorial de vocación. Desde hace quince años trabaja en la gestión pública. Formó parte del Instituto de Desarrollo Urbano Ambiental y Regional (IDUAR), un organismo descentralizado de la Municipalidad de Moreno, del que fue administradora durante dos años. En el 2016 comenzó a trabajar en el Municipio de La Matanza. Sentada en un café de Parque Leloir al costado de la ruta, dialogó con Revista Marfil sobre las problemáticas del hábitat y la vivienda.

Revista Marfil- Alberto Fernández anunció que en caso de ser electo presidente crearía un ministerio que se ocupe de planificar el manejo de las tierras con fines de construcción de viviendas. ¿Cómo recibiste la noticia?

Carolina Amaya- Es una enorme noticia. Actualmente estoy participando en equipos de campaña en este tema, para sumar miradas o líneas de trabajo en lo que tiene que ver con la política de hábitat. Nos sorprendimos, en el buen sentido, con la noticia de la declaración de Alberto Fernández.

En los equipos técnicos de campaña y de política pública creemos que el hábitat abarca mucho más que la vivienda. Es la vida recreativa, el espacio verde, la transitabilidad, etc. La creación de un Ministerio como instrumento de gestión que se ocupe del desarrollo y de la producción de hábitat como nuevo motor del trabajo, sin insumos dolarizados, con mano de obra y materiales de acá, puede ser un disparador interesante. Poniendo énfasis en el federalismo y la desentralización. El empoderamiento de los gobiernos locales que son los más próximos a la gente es muy importante.

RM-¿Qué te atrajo de la gestión pública?

CA– Mi ADN está en lo que tiene que ver con la tierra. Es la matriz física donde se desarrollan todas las políticas públicas: salud, educación, etc. La pobreza vive en algún lado. ¿Dónde vive?, ¿cómo vive? ¿las escuelas dónde las ponés? Necesitás un terreno. Hay mucha especulación en el desarrollo del suelo y del urbanismo. No es un tema menor ni soslayado por las grandes corporaciones. Cuando las administraciones son débiles en la toma de decisiones termina ganando el mercado. En todos estos años de gestión municipal aprendí que el Estado también puede ser eficiente, proactivo e inteligente, para que eso se vuelque en más inclusión.

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RM-¿Cómo evaluarías a la gestión actual en cuanto al hábitat y la vivienda, en relación a lo hecho en los gobiernos kirchneristas?

CA- La relación de la obra pública con el PBI está absolutamente reducida. Una de las preguntas que surgen es: ¿Qué hizo la gobernadora con los préstamos que tomó y qué parte de eso enfocó a la regularización de los 1600 asentamientos que tiene la provincia? La Argentina es uno de los países que tiene más población urbana. Casi el 90% de los habitantes vive en las ciudades o cerca de las mismas.

Durante la gestión anterior trabajé en la construcción de vivienda social con empresa, que fue el Plan Federal de Viviendas y estuve en una experiencia más de inclusión y de capacitación que fueron las cooperativas en el plan Techo y Trabajo. Durante la gestión en que yo estuve hice la misma cantidad de casas con cooperativas que con el Plan Federal, que fue más ineficiente por los requisitos y especulaciones de las empresas.

En la navidad de 2006 entregamos 588 viviendas en un barrio. Fue el primer Plan Federal que se entregó en la Provincia de Buenos Aires. Fue un suceso de una intensidad muy grande. Y muchas cosas llegaron después, por ejemplo, la escuela, el jardín, etc.

Los programas en el texto eran para sacarse el sombrero. El problema era cuando se bajaban a los territorios. Había un problema de implementación. Hubo un programa que se llamaba Mejor Vivir. En lo escrito era muy bueno, pero cuando bajaba al territorio lo primero que pedía era la escritura del terreno. Arrancaba mal. La ciudad popular no tiene escritura o la está gestionando y los procesos de escrituración son largos. Estaba pensado para un escenario ideal. Creo que estuvimos llenos de buenas intenciones, y entiendo que son parte de las discusiones que se van a dar ante un cambio de escenario político.

RM-¿Creés que la reactivación de la economía generara un mejoramiento automático del hábitat?

CA-No, creo que no. El tarifazo que ejecutó este gobierno corrió el eje y tuvo un impacto muy fuerte en la clase media. En lugar de comprar cemento tienen que ver cómo compran fideos. Pero en los asentamientos no hay gas o luz que esté medida. Entonces ahí hay otras necesidades básicas que no están satisfechas.

El territorio tiene que tener una sinergia. Aprendí en todos estos años de trinchera que si no se planifica el territorio no se llega a ningún lado. Es imprescindible una mirada a futuro. Hacia dónde querés ir, qué querés hacer, cómo querés que tu ciudad crezca.

¿Qué se está haciendo ahora? Se largaron licitaciones a través de consultoras para planificar veintiséis distritos en seis meses. Eso está mal, no se planifica con consultoras. Cambiar un código de zonificación de 1979 en 2009 en Moreno nos llevó un año y medio. Te tenés que sentar con las fuerzas vivas de tu comunidad y que todos opinen. No es lo mismo lo que quieren los comerciantes a lo que quiere la barriada que estaba en zona rural. Si hay una potestad que tienen los gobiernos municipales es la gestión de su norma y su zonificación.

Me parece que tenemos que replantearnos, más allá de que nuestras miradas sean de mayor inclusión y del orden popular y federal, porque siempre nos quedamos en estructuras verticalistas. ¿Qué estamos haciendo para generar más participación social? Verdadera participación. Hay que hacerse muchas preguntas.

Sinceramente creo que la política es el ámbito fundamental para la transformación social. Por eso yo no trabajo en el ámbito privado, aunque me cueste el bolsillo. Ahí es donde está la matriz para hacer para muchos. Pero hay que ponerse más creativos.

RM- ¿Cómo fue el trabajo del IDUAR en Moreno?

CA-El IDUAR fue un lugar muy prestigiado y de vanguardia en lo que tiene que ver con la gestión de tierra y vivienda. Hicimos mucho por el desarrollo urbano local. En los últimos veinte años hubo un cambio de paradigma en la gestión municipal. Antes era alumbrado, barrido y limpieza. Hoy los municipios tienen que atender demandas que están fuera de su faz presupuestaria.

En el instituto había equipos interdisciplinarios, que generaban un cruce en el que se matizaba y se rivalizaba. El conflicto de las ciudades no lo resuelven solo los arquitectos. Se necesita una pata contable, una legal y una mirada social. La formación de cuadros técnicos con mirada social es central. Por eso son tan importantes las universidades públicas. Parte del trabajo que hicimos tiene que ver con el relacionamiento con las universidades. Ahora se creó la Universidad Nacional de Moreno, acercando el conocimiento al territorio.

Llegó un momento en que quisimos ganarle la carrera al déficit habitacional, pero no se pudo. Empezamos a transitar un fenómeno de toma de tierras, que implica la comisión de un delito y, a veces, hasta la especulación de algún vivo. Cuando el terreno se toma: ¿Dónde se pone el Estado?, ¿te echa?, ¿te saca a los tiros? Si legitimas eso -porque ahí hay una controversia entre lo legal y lo legítimo- después hay que integrar ese terreno ocupado a la ciudad. Moreno fue punta de lanza en lo que tiene que ver con una política de captación de suelo urbano y aplicación de leyes que sumaban tierra.

RM-¿Cómo es el proceso de urbanización de una villa y cuán importante es la organización propia del barrio?

CA-Las mesas de trabajo tienen que ser con los vecinos. Los procesos de urbanización son de tres o cuatro años, donde el Estado tiene que ser sostén. La comunidad organizada es la esencia de todo proceso. Si tenés al territorio y la población en contra, no entrás. El coordinador de la unidad ejecutora en Matanza es un personaje muy político, que se llama Juan Enriquez. Él nació en la Villa Palito. Hace veinte años que lleva adelante la urbanización de este barrio emblemático que vienen a estudiar de todas partes del mundo. Él dice que cuando tenés el proyecto, la organización social en el barrio y un soporte profesional, listo. Eso atraviesa procesos gubernamentales, colores políticos, todo.

Por otro lado, hay una ley en vigencia desde el 2014 de acceso justo a la vivienda. Tiene que ver con el ordenamiento territorial, con una cuestión participativa y de inclusión. Una de las herramientas en las que trabaja esta ley, además de la regularización de los asentamientos y de las barriadas informales, tiene que ver con generación de suelo urbano, para empatarle un poco al avance informal que naturalmente se da porque el 90% de nuestra población vive en la ciudad o cerca. Vive donde puede, donde nadie ejerce su derecho de propiedad responsablemente, etc. Generar suelo urbano es identificar los vacíos que tenés, estratégicos o no, para ponerlos en oferta.

Hay una premisa en la ley de hábitat que tiene que ver con una función social de la propiedad. Hasta donde vos sos propietario de un bien que no alambrás, que no cuidas, por el que no pagás los impuestos. Llega un punto donde, si no estás haciendo nada con ese terreno y el Estado te lo pone en valor porque, por ejemplo, pasa una ruta por ahí, en algún momento dejó de ser tuyo para ser de todos. Esa es mi postura, un poco subversiva. Hay un montón de leyes que aplican a eso. Herramientas que le permiten proceder al Estado. Después hay que tener los cojones para hacerlo.

Sebastián Pujol

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