La cama estaba hecha y con olor a jabón líquido; así era en un principio. Luego se confundió con el olor a óxido. 

La sangre caía por el lado derecho, opuesto al que yo veía  de frente.

Ella estaba tranquila, despeinada y con un camisón naranja claro, que le cubría el torso, los pechos y apenas los muslos.

Su piel había perdido calor pero aún quedaba un brillo. 

-¿Por qué? – Pregunté sin encontrar más que esa pequeña chispa en el fondo de la tormenta interna.

-Porque pedí una razón y la obtuve – 

-Teniendo mil razones para seguir con vida, elegiste la que te desangra ¿Cuál es la razón? – 

-Es la única manera de que se lave su historia, mis marcas, todo se va como el Río, todo fluye, todo cae. Me vacío – 

-Había otra manera, siempre hay otra manera – 

-Sí, seguramente.  Sin embargo este cuerpo está dañado, ya no me sirve, buscaré otro-  

-¿Aún crees en esas cosas? ¿Aún piensas que hay una batalla allí afuera y no comprendes que es tu cabeza la que está mal?- 

-¿Yo estoy mal? Veo al monstruo del que vengo, veo sangre y las voces, los nombres y sus historias resuenan en la mía. Alguna vez leí, que quien ha sido maltratado, maltrata ¿Acaso algo no debería matarme? Recuerdo la última discusión, aún estábamos en el colegio y me dijo ‘Que yo no lo iba a dejar, que sí lo hacía, él se iba a matar. Sentí la verdad en su cuerpo, en su mano agarrándome el brazo y en sus ojos que ardían de furia. Lo odie. Me negó su amor, no me decía lo que quería y por sobre eso, me maltrataba. Me odiaba y sentía que tenía toda la razón de hacerlo. Recuerdo que lo miré fijo y no titubie al decirle: “Hacé lo que quieras, yo ya tengo las manos manchadas. No me importa cargar con una muerte más” – 

Ella se reía mientras moría, se reía mientras su mirada se perdía dentro suyo, en sus    recuerdos – Se reía en su propia ironía. 

-¿Cuál muerte? – Mi tono sonó grave, sabía que no solo se desangraba por las venas. – 

-La de mi hija. Aún no era un bebé, apenas una semilla y a veces me pregunto ¿No había otra opción? Claro que no, cualquier otra hubiera sido terrible para ella, pero y yo ¿Dónde estaba yo en ese entonces? – Ella se quedó pensativa y concluyó esa pregunta con una lágrima en los ojos. Luego siguió – No crea que me mato por él, uno nunca se suicida por otro, creame. Es mucho más egoísta que eso. Lo vi 5 años después trabajando en un bazar y luego pasados los 7 años me lo crucé en la calle y caminamos 10 pasos juntos. No recuerdo si me reconoció. Tal vez él puede negar su pasado mejor que yo – 

-No lo comprendo. Si no lo haces por él, ni por la niña ¿Por qué lo hiciste? – 

-Por qué no veo otra salida de esta maldición familiar. Entregar la sangre es la única manera – 

Su cabeza se tambaleó para desmayarse, su cuerpo intentó caer de costado. Pude atajarla, antes de que tocara el piso. Entonces, en mi oído comenzó a recitar:

El final. El final de la agonía

Batallas internas que se dan

pero que vencen, nos ganan. 

Dolor en el cuerpo, en el alma, cansancio.

Reflejo del monstruo, de la mierda 

y la oscuridad.

Todo y mucho más habita en esa profundidad. 

Te lo  pedí. Dame una razón, para no hacerlo 

y que no valga la pena

Fluir por mis venas, hasta vaciar mi cuerpo

Dame un placer más dulce que el de dormir y no despertar.

Dame una tranquilidad más vívida,

que la de estar muerta

y sumergirme en el vacío de los pensamientos. 

Su mano fría me arrulla. 

La muerte, es lo más parecido a mi madre

que he sentido, jamás. 

No me reclama, ni intenta manipularme,

 simplemente me canta 

y su voz cálida como la briza de invierno en el oído,

 no me deja escuchar otra cosa que su armonía, 

su quietud, su descansar. 

 

Lentamente se fue apagando, durmiendo, muriendo. Inmóvil, incapaz. Mis brazos la sujetaban, entonces me vi en el espejo del ropero: Yo le acariciaba la cabellera y la acunaba. Su última confesión, sólo podía hacérmela a mí. 

Afuera alguien lloraba, quizá en la puerta, algún vagabundo tenía hambre. Dentro, todo se volvió frío, muy, muy frío.

 

Maria Del Mar – https://crotoxina.webnode.com/)

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