“Yo ya no comprendo nada, tantas caras dibujadas, como manchas en una pared” Lunes por la Madrugada, tema de Los Abuelos de la Nada.

Martes 20 de agosto, luego del fin de semana largo. Asunción del nuevo ministro de Hacienda Hernán Lacunza. El Presidente Mauricio Macri cae en el furcio, agradeciendo la presencia tan temprana de los medios periodísticos un día lunes. Son las 8:30 hs. 

La equivocación causó gracia, lo que no es broma es que el momento de la gestión actual parece un lunes eterno. Esos días en que el laburante comienza la semana con todas las responsabilidades por delante. El fin de semana, allá lejos. No se pasan los días lunes, y se reman en dulce de leche los días y las semanas cuando el sueño es sólo llegar a fin de mes. Un lunes por la madrugada, se imaginó el Presidente trayendo sin querer la imagen del mítico y talentoso Miguel Abuelo y los Abuelos de la Nada. Pero era martes, por suerte. 

Los Abuelos de la Nada pueden funcionar también como una curiosa metáfora nominal para describir a un gobierno que no dejará sucesores o prácticamente nadie reclamará su herencia. Ninguna generación de nietos de este gobierno probablemente se referenciará en él, desde que los jóvenes le huyen. Esa edad adolescente o adultez temprana que a veces condice con el deseo de cambiar el mundo parece ser antitética de la política entendida solo como gestión aséptica. La Ceocracia parece no haber permeado en los jóvenes, aún con la incorporación tardía de Martín Lousteau a la campaña electoral. Es imposible hoy imaginar a un futuro caudillo, así sea liberal, acudiendo a alguna cita o máxima que vaya a dejar como legado el gobierno de Mauricio Macri. Cancelado el futuro y sin un pasado de logros importantes que mostrar en tres años y medio de gestión, el gobierno se debate en una perpetua coyuntura apagando incendios, viviendo el día a día, tomándole la temperatura al dólar, dejándolo subir como la fiebre para que escarmienten los argentinos infieles que no lo eligieron. Todos los días son lunes.

Cambio de figuras. Entra Lacunza, porque salió Dujovne. Pero la máxima que enunciara el Presidente se repite, por el mismo camino y más rápido. La derrota electoral le quitó sólo el dinamismo. El camino continúa recto. Casi una modificación bielsista, con perdón de Marcelo, el ex Dt de la Selección Argentina. El fútbol se juega con un solo 9, aunque vayas perdiendo y te quedes fuera del Mundial faltando cinco minutos. Crespo por Batistuta. Lacunza por Dujovne.

Algunos recordarán un sketch de Videomatch donde un hombre se subía a un taxi, ese microcosmos de la sociología de barrio que describiera y analizara Horacio González en un libro. El chofer le preguntaba: ¿Dónde vamos? Derecho, respondía el pasajero. A las pocas cuadras, volvía a indagar el taxista, y la única respuesta que daba el peculiar viajante era: Derecho. Derecho hacia la nada. Casi como la declaración de Guido Sandleris, no hay plan B. Hay que seguir derecho, por el mismo camino, no más rápido porque se los negó el resultado electoral. No parece importar cuántos argentinos más se sumerjan en la pobreza en un modelo económico que sólo desparramó recesión y miseria en amplios sectores de la población. 

Habrá derrame cuando haya crecimiento, reza el axioma neoliberal. Al margen de que se ha revelado falso en numerosas ocasiones, la sentencia deja sin explicar qué pasa cuando no hay crecimiento sino recesión. Cuando no hay nada que derramar. Por definición, cuando no se derrama el agua del vaso, se concentra, como se concentraron los beneficios de la timba financiera en los sectores económicos dominantes. Concentración de los beneficios, expansión de los costos de esta fiesta del poder en todo el tejido social arrasado. Tafifazos, sueldos licuados, desocupación. La síntesis de lo que fueron estos años, un fin de semana largo para algunos y un lunes eterno para casi todos. A trabajar cada vez más, para ganar cada vez menos. Un eterno lunes por la madrugada. Apenas se asoma el sol, los trabajadores vuelven, a pesar de todo, a levantarse para pelearla como cada día. 

 

Sebastián Giménez

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