“Y para no olvidarme de lo que fui/ mi Patria y mi guitarra las llevo en mí/ una es fuerte y es fiel / la otra un papel”. Joan Manuel Serrat, en tema Vagabundear.

24 de agosto, la fecha elegida. Se tira al aire por twitter, se replica por redes sociales. Yo lo voto. Y lo voté. Ahora, el yo voy. Al Obelisco, a defender la República.

La idea convocante llama a rescatar las instituciones frente a la referida amenaza del autoritarismo populista. El fantasma que tomó otra corporeidad luego del triunfo contundente en las PASO del Frente de Todos. El peronismo plebeyo e irreverente, león escondido detrás de la oveja de Alberto Fernández.  El retorno tan temido de la corrupción y del gobierno discrecional de ella, Cristina Fernández, ubicada en un segundo plano pero que dirige presuntamente la batuta manejando como un títere al líder de fórmula. Esta y otras formulaciones por el estilo se replican en las redes, forman el sentido común de la patria republicana que se convoca.

Las comparaciones siempre son odiosas, pero sirven por esa idea de lo circular de la historia argentina, de sus ciclos económicos, sociales y políticos. Con todas las variaciones de época lógicas, la asimilación con la marcha de la Constitución y la Libertad de 1945 es una tentación. Aquella reunió a personalidades de la casi totalidad de los partidos políticos y participaron sectores medios y altos que se oponían al naziperonismo, devenido en este 2019 autoritarismo populista. En este sentido, hay que reconocer que hemos evolucionado en las caracterizaciones para bien, así sea crudo el intercambio y la violencia de los mensajes en las redes sociales.

Aquella convocatoria de 1945 juntó a los que veían en riesgo sus posiciones adquiridas por el desafío que significaba el sujeto social plebeyo que venía a reclamar su lugar en la estructura social y política. Una lucha de clases casi desembozada tenía lugar en ese momento entre sectores de alta alcurnia de la oligarquía, sectores intermedios y los obreros industriales venidos del interior  que reclamaban sus derechos. Muchos sectores medios profesionales y burgueses participaron de esta marcha por la Constitución y la Libertad, tal vez por esa misma tesis aspiracional con las que algunos explican el voto al macrismo por parte de sectores que se vieron ostensiblemente perjudicados por sus políticas económicas. El deseo de pertenecer, de reconocerse en los poderosos, que no abren el acceso a esas posiciones concentradas pero dejan caer ilusiones de poder parecerse, de mimetizarse. El príncipe y el mendigo de clase media son la misma cosa, porque en definitiva todos quieren ser príncipes.

Unidos, tomados del brazo encabezando la marcha iban los radicales, los socialistas, los comunistas, los demócratas progresistas. Todo el arco político se alzaba frente a un régimen militar que comenzó a atisbar una forma de hacer política a través de su líder Juan Domingo Perón.

La movilización se reunió primero frente al Congreso de la Nación y se desplazó luego hacia Recoleta. Del centro hacia Barrio Norte. El Sur no existía para ellos desde que tuvieron que abandonar sus mansiones de lujo huyendo del brote de fiebre amarilla a fines del siglo XIX. El diario de Mitre, La Nación titularía al día siguiente: “Ferviente en su amplitud inusitada fue el inmenso desfile cívico de ayer”. Que algunas palabras cambian y otras permanecen hasta en la actualidad. El ciudadano de la mítica Atenas, donde decidían sólo los ricos y propietarios. Lo cívico y la Coalición Cívica, una de las adherentes del 24 de agosto.

Se hizo viral el video convocando desde Madrid a la marcha de Luis Brandoni, el reconocido actor. Se llama a defender la república, la democracia y la decencia. Un ejercicio de contricción al que se invita al pueblo argentino. Poner en el altar a una idea abstracta de República que no promete prácticamente nada. Sufrir ahora para el futuro que no llega nunca. Con la República no se come, no se educa ni se cura parece.

Voy a acudir aquí a una imagen bíblica del Antiguo Testamento, con perdón de los no creyentes pero para tomar una idea. Dios le hace llegar en el monte del Sinaí las tablas de la ley a Moisés, los diez mandamientos. Le tira por la cabeza, podríamos decir, un código al que atenerse, y lo hace volver con su pueblo al eterno peregrinar por el desierto hacia la tierra prometida. No los manda derecho, por el mismo camino y más rápido pero poco le faltó. Tuvieron que cruzar ríos y mares.  Pero una cosa es que el sacrificio lo pida Dios, y otra los funcionarios bien terrenales que nos gobiernan. Y quienes arengan para cruzar el río, son personas bien terrenales, tienen el estómago lleno y se olvidaron por completo de las necesidades de su pueblo, que perdió la fe en esa república que no los incluye.

En el video que circulara por las redes de Luis Brandoni, el actor convoca a juntarse el 24 de agosto. Y es de color la última frase: “Viva la patria. ¿Eh?”. Así, sin signos de exclamación ni mucho menos un puño levantado. Y con un signo de pregunta, dubitativo. Que expresa mejor que nada el vacío de una abstracción que no se hace carne, Porque, como se diera cuenta tarde el gobierno, los argentinos se sintieron desamparados. Y comenzó a tirar salvavidas hacia todos lados, cuando ya había chocado el Titanic. Esa idea de república, vacía de contenido y sin contenido social, naufraga hacia la derrota estrepitosa. Los últimos reflejos no alcanzan, cuando el daño ocasionado fue mucho. Desocupación, tarifazos, recesión. Muchos argentinos debajo de la línea de pobreza. Todas esas cosas que hacen sentir a la Patria dubitativa a la que alude Brandoni como una extrañeza. Porque, como dice la cita del gran Joan Manuel Serrat que encabeza este escrito: para no olvidarme de lo que fui, mi patria y mi guitarra las llevo en mí. Una es fuerte y es fiel, la otra un papel.

Llenar de sentido la Patria incluyendo a todos, el desafío enorme que tendrá por delante el próximo gobierno.

Sebastián Giménez

 

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