A fines de los noventa Jorge Lanata condujo Día D, un programa de televisión que se emitía por América TV y que le dió una reputación de independiente, indomable e implacable que dura hasta el día de hoy y que es su más importante capital. Referente para una generación de desencantados que presenciaba el derrumbe, Lanata se caracterizaba por llevar políticos a su estudio para demostrar que eran feos, sucios y malos.
Ya no importaba qué podía acotar ese ser humano que se le ponía adelante. Se podría decir que ni siquiera era un ser humano. No, muy lejos de serlo. Esa persona era un político y los políticos eran el mal supremo.
Recuerdo un dicho muy común en aquella época que decia: “Dios le dió a la Argentina hermosos paisajes y numerosos recursos naturales. Pero para contrarrestar le dió a los políticos”
De golpe, Lanata pasó a ser la atracción de las entrevistas. Se corrió el foco, como pasó en el fútbol y las hinchadas: la gente empezaba a ir a la cancha para ver la tribuna y no el campo de juego, los argentinos futboleros se volvieron hinchas de su hinchada. Acá se corrió el foco del entrevistado y se centró en el tipo que emitía las preguntas, alguna repregunta y el clima, a veces más ameno, a veces más tenso. Eran fanáticos del entrevistador.
Jorge sigue vigente y sigue vigente su modo de entrevistar. A entender del autor de esta nota, la máxima exponente de esta línea periodística, es María O’Donnell.
Con la intención de frenar cualquier tipo de suspicacia, me apresuro a aclarar que está critica es valedera para las ocasiones en que a María se le pone adelante Alberto Fernández o Vidal. En cualquiera de los dos caso María O’Donell es igualmente implacable, lo cual me cuesta considerarlo una virtud. No hay nada de atractivo o sustancial en escuchar una entrevista en la que el periodista intenta hacer quedar mal al entrevistado, que en lugar de preguntar afirma, que interrumpe, que no deja terminar las ideas.
Las entrevistas de O’Donell son una sesión de boxeo en la que intenta cagar a piñas al que se le pone adelante. La búsqueda del traspié a toda costa.
El entrevistado solo atina a defenderse como puede y recibir lo mejor posible los golpes.
Por el momento, vamos a dejar de lado el análisis del lugar desde el que dicen interpelar a la opinión pública, ese Corea del Centro imaginario.
De todos modos, O’Donnell es solo una pieza más del periodismo argentino, al cual el tiempo recordara por su triste papel en esta gran farsa.
Sebastian Pujol

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