Romina Del Plá es una militante con larga trayectoria en el movimiento obrero argentino. Diputada Nacional por el Frente de Izquierda, Secretaria General del SUTEBA La Matanza y dirigente de Tribuna Docente y del Partido Obrero, integra junto a Nicolas Del Caño la formula presidencial de cara a las PASO de agosto. En charla con revista marfil reflexiono acerca de la realidad económica que tendrá que enfrentar el próximo gobierno, las propuestas del Frente de Izquierda, la clase obrera y las cuestiones de genero que atraviesan a toda la sociedad. Una mirada de izquierda sobre la realidad histórica y actual que tiene conclusiones como esta: La patria obrera de la argentina la vamos a construir sobre la base de la lucha por la unidad socialista de América Latina y por la revolución mundial”.

Revista Marfil- Teniendo en cuenta la crisis que estamos atravesando y la postura del FMI de continuar con los préstamos, ¿Que margen de acción cree que tendrá el próximo gobierno?

Romina Del Plá- No hay margen de acción de la mano del FMI, porque se trata de un tutelaje de tipo colonial sobre la economía nacional. Es lo contrario a la soberanía. Y hoy los principales candidatos que buscan imponer una falsa polarización en las elecciones, los Macri- Pichetto y los Fernández-Fernández, reivindican la continuidad del pacto ruinoso con el FMI. Se ve entonces por qué denunciamos que esta polarización es falsa: porque son todos agentes del Fondo y del capital financiero internacional. 

Acá tenemos distintos aspectos del problema. Por un lado, enfrentamos una bancarrota económica, con una deuda impagable, recesión, inflación, y una dramática situación social, con quiebras de empresas a diarios, despidos masivos, pulverización del salario y un brutal crecimiento de la pobreza. Las recetas del FMI sólo pueden agravar ese panorama, detrás de las reformas anti laboral y anti jubilatoria. 

Tenemos ejemplos como Grecia, que luego del acuerdo con la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea) han retrocedido descomunalmente. Como sucede ahora en nuestro país, ese acuerdo fue encarado en nombre de garantizar el pago de una deuda descomunal. El pacto con el FMI y compañía asumido por el gobierno de Tsipras –desconociendo olímpicamente el plebiscito que él mismo había convocado- establecía la “reestructuración de deuda” acordada con el FMI –lo que predican ahora los Fernández. Al cabo de cuatro años, Grecia tiene una desocupación del 18,1% y del 40,4% en la juventud, que en el caso de las mujeres jóvenes se eleva al 44%, y es un país devastado por salarios de hambre en torno de los 600 euros. El resultado de este derrotero es que el “centroizquierda” Syriza acaba de perder las elecciones a manos del partido macrista de Grecia, la Nueva Democracia. Los argentinos debemos mirarnos en el espejo de Grecia y no repetir la historia.

RM- ¿Por qué el Frente de Izquierda es el único que se opone al pago de la deuda? ¿Cómo podría llevarse a cabo la medida sin que afecte a los trabajadores?

RDP– En países como el nuestro la deuda es un mecanismo por excelencia de sometimiento al imperialismo. Se trata de una deuda usurera, cercana al 100% del PBI, que además es impagable. La historia de las últimas décadas demuestra que cuánto más pagamos, más debemos. Cristina Kirchner se ha reivindicado a sí misma como “pagadora serial”. Es a su vez un mecanismo confiscatorio de los recursos nacionales, y su factura la pagamos siempre los trabajadores, que sufren la confiscación salarial a través de mecanismos como la devaluación y los despidos. Lo que afecta ruinosamente a los trabajadores es la continuidad del pacto con el FMI, no su ruptura.

Ni Macri, ni los Fernández, ni los Lavagna plantean desconocer la deuda usuraria y fraudulenta porque son los representantes políticos de los empresarios y banqueros que han alimentado esa deuda, con la estatización o porque son directamente acreedores.  

Nuestro planteo de no pago de la deuda va de la mano de un plan integral de reorganización del país sobre nuevas bases sociales. No sólo hay que dejar de pagar la deuda, hay que nacionalizar la banca y el comercio exterior, bajo control de los trabajadores, para utilizar los recursos en función de las necesidades sociales reales de la mayoría nacional. Esta medida asimismo pondría coto a la sangría de la fuga de capitales. 

Cuando desde el Partido Obrero y el Frente de Izquierda planteamos la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa usuraria estamos atendiendo una medida fundamental para parar esta sangría, que es la condición indispensable para encarar un plan de desarrollo social y nacional. Ese camino solo lo puede emprender un gobierno de trabajadores. Nuestra campaña político-electoral será un terreno clave para la preparación del movimiento obrero y popular ante el intento de descargar la quiebra del país sobre sus espaldas.

RM-¿El Frente de Izquierda está trabajando en algún proyecto de ley?

RDP– En muchos, pero el problema es que tenemos un congreso paralizado. No hay prácticamente sesiones ni comisiones. Cuando funciona, lo hace bajo el dominio del lobby capitalista y clerical; eso al menos nos da un terreno para la lucha. Lo que tenemos ahora es que los bloques mayoritarios no quieren que funcione el congreso en medio de las elecciones porque lo que tienen para tratar son más medidas de guerra contra el pueblo, contra los derechos laborales y jubilatorios, y seguir denegando reivindicaciones fundamentales de las mujeres y la juventud.

Uno de nuestros proyectos de ley que atienden a un problema urgente es el que establece la prohibición de despidos y suspensiones, sobre la base de repartir las horas de trabajo disponibles sin afectar el salario. Otro es el del salario igual al costo de la canasta familiar para todos los trabajadores de todos los rubros y el del cese de la tercerización y precarización laboral. Somos fuertes impulsores del derecho al aborto legal –yo soy cuarta firmante de ese proyecto de ley- que todos los bloques mayoritarios quieren dejar morir, no sólo en un año electoral, sino porque están comprometidos por distintas vías con las iglesias. Yo soy autora de una ley para que la educación sexual (ESI) sea laica, científica, respetuosa de la diversidad sexual y de género y obligatoria en todos los niveles educativos, en base a la cual logramos un dictamen de comisiones que no habilitan que se trate en sesión para llegar a una media sanción. Ahora seguimos trabajado en proyectos que apuntan a la separación de la Iglesia del Estado. Vamos a insistir en el reclamo por el tratamiento de cada uno de estos proyectos, y a seguir traduciendo cada reivindicación popular en iniciativas legislativas. Pero queremos ser claros con el mensaje: este Congreso, sus partidos mayoritarios, no están dispuestos a trabajar sobre la base de ninguna demanda popular. Todos ellos, macristas, kirchneristas y pejotistas, vienen por la agenda del FMI y el reforzamiento del rol de las iglesias para regimentar a la población y tratar de impedir un estallido social. 

Nosotros usamos nuestros proyectos de ley y nuestra participación en el Congreso para exponer un planteo de salida, para dar mayor proyección al programa de lucha de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y para pelear por ello dentro del parlamento. Los diputados del Frente de Izquierda usamos este lugar para reforzar la lucha y la movilización independiente que será la clave para conquistar derechos. 

RM- ¿En qué situación se encuentra el conflicto interno del Partido Obrero?

RDP- Lamentablemente, Altamira y un grupo de compañeros han desconocido nuestro Congreso partidario y sus resoluciones –que es la instancia máxima de nuestra organización en la cual deliberan delegados de todo el país, se vuelcan todas las posiciones, se vota y luego salimos todos juntos a militar y luchar por las orientaciones votadas, respetando las disidencias hacia el interior del Partido, pero defendiendo las posiciones mayoritarias hacia afuera –para eso se vota, como en cualquier asamblea obrera. Altamira quedó en minoría en el Congreso y ahora rechaza sus resoluciones. Se niega a militar lo que ha resuelto la enorme mayoría de la militancia, colocándose objetivamente por fuera del Partido Obrero. En nuestro Partido pueden –y ha sucedido siempre- convivir diferentes opiniones, pero sobre la base de un método de unidad en la acción. También existe el derecho a formar una tendencia o una fracción fundamentada en divergencias políticas, pero sobre la base de defender lo resuelto en el Congreso. Sin esa base común no se puede construir una organización común.

El Partido Obrero sigue adelante. Hay una vigorosa militancia en todo el país, que reúne a todas las generaciones (incluidos compañeros que fueron fundadores del PO) y que está volcada a fondo en la lucha para derrotar al FMI y la campaña electoral del Frente de Izquierda Unidad. La situación del Partido Obrero es esa, la de un Partido que no ahorra empeños en la lucha por un gobierno de los trabajadores, interviniendo vigorosamente en todos los terrenos de la lucha de clases. 

RM-¿Se puede encontrar en la sociedad Argentina conciencia de clase?

RDP-Absolutamente. Está lo más importante: los que luchamos por esa conciencia de clase, con un programa socialista y con una batalla diaria en todos los frentes de lucha. Hay conciencia de clase en los miles que nos organizamos para construir un partido revolucionario en todo el país. Hay luchas muy importantes, como la de las mujeres, los desocupados y los trabajadores que se organizan en distintos lugares contra el ajuste y los despidos, como hemos visto en el Sutna, en Textilana, en Interpack, en Pikilngton o los mineros de El Aguilar en Jujuy. Si aún no se generaliza una conciencia independiente, es por la loza de la burocracia sindical y la acción consciente de los aparatos y partidos patronales. Contra la conciencia de clase trabaja especialmente el nacionalismo burgués, como el kirchnerismo en nuestro país, que defiende un programa de conciliación de clase.

Hace muy poquito se acaba de cumplir el 50 aniversario del Cordobazo. Fue una gesta heroica de la clase obrera y los estudiantes cordobeses que no reclamaban el regreso de Perón ni ninguna salida capitalista, sino un gobierno obrero y popular. Fue un levantamiento con conciencia de clase. Pero no podríamos comprender lo que pasa hoy sin considerar el papel que han jugado las AAA, creadas por Perón para liquidar al activismo obrero, o la dictadura genocida. Y luego los partidos del “orden democrático”, que despertaron ilusiones que se demuestran  inviables. Con la democracia capitalista no se come, no se educa, no se vive. La burguesía nacional ha fracasado. La conciencia de clase está en desarrollo como expresión de una necesidad histórica. La subjetividad es algo impresionantemente dinámico. Y acá tenemos todos los condimentos para el progreso de nuestra causa por la revolución social: una bancarrota capitalista fenomenal, una clase obrera con enormes trayectorias que han quedado grabadas a fuego en la conciencia colectiva (el argentinazo de 2001 aún late entre importantes generaciones), y militantes revolucionarios muy firmes que luchamos por darle cause a ese desarrollo.  

RM-¿La clase obrera debe tener patria?

RDP-Es muy interesante la pregunta. La patria como idea es una línea divisoria falsa para enfrentar a los explotados entre sí. Se asocia a la xenofobia, a la discriminación, a la persecución. En nombre de la patria, los Macri, los Pichetto y los varones del PJ que hoy se enfilan con los Fernández, quieren expulsar del país a trabajadores migrantes mientras gobiernan y gobernaron para los Repsol, Chevron, Shell o los fondos buitre.  

Nuestra patria argentina la construyeron los inmigrantes europeos, entre ellos contingentes de obreros que traían consigo las ideas más avanzadas del anarquismo, el socialismo, el comunismo.  Para los comunistas la patria de la humanidad es la de la clase obrera unida, sin fronteras entre trabajadores, levantando su potencia sólo contra los explotadores. 

Lo que sucede es que en países como el nuestro, sometidos y arrasados por el imperialismo hay una verdadera patriada, entendida como la defensa de los intereses y los recursos nacionales, requiere de una revolución social. La patria obrera de la argentina la vamos a construir sobre la base de la lucha por la unidad socialista de América Latina y por la revolución mundial.

RM-¿La izquierda trotskista combate al Estado? De ser así, ¿cómo resuelve la problemática de participar en la democracia de un Estado al que combate?

RDP- La izquierda trotskista, que en nuestro país se agrupa casi enteramente en el Frente de Izquierda Unidad, lo hace de manera independiente del Estado y en lucha contra el Estado. Por eso estamos presentes y defendiendo cada reclamo obrero y popular, que choca no sólo con los empresarios, sino con todo el peso del Estado que a través de sus ministerios, las fuerzas represivas, el aparato comunicacional bajo su dominio, vuelcan todo su poder contra esas luchas. La integración a ese Estado es incompatible con la tarea de la izquierda.

Nuestra participación en la democracia y las instituciones de este Estado podría parecer formalmente contradictoria, pero es en realidad una unidad con la lucha que libramos. Nos valemos de todas las instancias para desarrollar y ampliar la proyección de un programa obrero y socialista. Las elecciones son para nosotros una oportunidad prioritaria para contraponer nuestros planteos al de todas las variantes capitalistas que se disputan quién será el síndico de una crisis que quieren descargar sobre los trabajadores. Es la oportunidad para luchar por la conciencia de clase. Lo mismo vale para nuestra labor en el parlamento. Somos voceros de las luchas de la clase obrera, las mujeres y la juventud, luchando por ellas, en el terreno que domina por excelencia la burguesía. Usamos el lugar que conquistamos como diputados para reforzar esas luchas y la organización independiente, y para superar los límites insalvables de la institución democrática capitalista por esa vía.  

RM-¿Que opina acerca de la legislación de genero vigente?

RDP- Ha habido un enorme retroceso en las últimas décadas en materia de derechos para las mujeres y las disidencias. En particular para las trabajadoras, que asistieron a la liquidación de derechos fundamentales de los convenios colectivos de trabajo, entregados por la burocracia sindical. Las personas travestis y trans tienen un promedio de vida de 35 años, lo que la ley de identidad de género –una conquista arrancada con la lucha- por sí sola no puede revertir, mientras crecen la discriminación laboral, la super-explotación, el peso de las iglesias y sectores que predican la subordinación de la mujer, el odio héteronormativo, y la condena a formas de vida degradantes de las disidencias.

La irrupción masiva del movimiento de lucha de la mujer y las disidencias debe entenderse precisamente como una reacción a ese estado de cosas. Y su potencial radica en todo lo que tiene por conquistar, y los métodos de movilización y combate que ha adoptado para ello.

Las mujeres no cuentan con una legislación que las respalde. La ley de paridad de género –que se presentó como gran progreso- no resuelve nada, solo alcanza a las mujeres de la burguesía, pero no a las mujeres de la clase obrera que en pleno siglo XXI cobran menos por el mismo trabajo, no tienen derecho a una maternidad planificada ni al aborto legal. Ni licencias ni trabajo bajo convenio, la mayoría tienen los peores trabajos, los más precarizados y peores pagos. No hay ninguna medida efectiva para desarmar el negocio millonario de la trata de personas, mientras dictan blanqueos de capitales para legalizar el dinero que proviene de la esclavitud sexual. 

Nosotros tenemos números proyectos de ley presentados para dar respuesta a estos problemas de fondo que son sistemáticamente cajoneados, por los que seguimos batallando. Pero la lucha por la emancipación de las mujeres y la disidencia no se resolverá por la vía legislativa, requiere de una acción histórica de todos los explotados. El camino es el de la marea verde y el Ni Una Menos.    

RM-¿Existe un feminismo marxista?

RDP-Hay quienes así se reivindican. Para el Partido Obrero y el Plenario de Trabajadoras de lo que se trata es de desarrollar un movimiento de lucha de las mujeres independiente de los capitalistas. El feminismo como concepto teórico supone la primacía de la confrontación entre géneros, y de la conciliación entre clases. Nosotros desarrollamos la lucha de la mujer como una lucha de la clase obrera, que supone la unidad de la familia trabajadora contra el régimen capitalista que necesita de la opresión de la mujer. La mujer que lucha contra la violencia social, familiar y económica, no comparte intereses con Christine Lagarde –aunque comparta el género.

Si quienes participan de esta lucha se consideran feministas, pero enfrentan al Estado y la opresión, el marxismo –la lucha por la revolución obrera y socialista, como movimiento histórico- será el mejor refugio que pueden encontrar, sin dudas.

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