Sentada en la parada del colectivo, recordé aquel primer hombre que observé hurgar en la basura. Este era otro. Aquel anterior hombre buscaba comida y no la encontró, o tal vez no lo vi, o tal vez ya no lo recuerdo; yo era muy miserable. Hay tantos momentos que se me mezclan y confunden en la nebulosa que es complicado recordar con precisión.

Esta vez vi pasar con la espalda encorvada y con un bastón en la mano, entre Alvear y Ruta 9, a uno más entre los invisibles. Éste encontró lo que buscaba.

Tomó una lata de cerveza del piso y la aplastó con el pié, luego la guardó en una bolsa de McDonalds mojada, que estaba en el tacho alto de fierro oxidado, frente a él. Sin comida, sin alcohol, con el bastón en una mano y la bolsa en la otra, continuó su camino. Encorvado, sucio y desprolijo; olvidando que existían las veredas sobre la ruta en dirección a Maschwitz, siguió su camino deteniéndose en cada tacho revisando si había comida y aplastando con el pie las latas que iba encontrando.

¿Cuántas veces me he detenido a observarlos, escuchado historias, reído y filosofado con ellos; vestigios de la miseria humana, tan suyas y tan mía como la de todos?

Su caminar lento, pesado y doblado era tan común en aquella clase de paria humana, los leprosos de la sociedad, a quienes nadie se les acerca por temor a verse en su espejo.

El hombre continuó yéndose sin comida, sin alcohol y recogiendo latas de cerveza ajenas. Su olor a pis y mierda pegada en la ropa dejaban de sentirse al alejarse. La elección de ser un antisocial, una garrapata del sistema; por qué no un héroe, un sobreviviente, un reflejo de los antiguos Crotos caminando por la Ciudad de Benavidez.

Su marcha se reflejo ahí donde nadie quería ver. Caminando por la vida, recogiendo la mierda y basura ajena. Sin comida y sin bebida, sucio por el paso del tiempo y sin querer cambiar de piel, de ropa.

Yo encorvada por mis penas y por las de aquellos seres que regalaban las suyas, porque son cobardes, negadores, mentirosos, violentos, abusivos, manipuladores, sociópatas creados por el sistema. Sombras que no pueden verse, irreflejos en el espejo; porque temen no existir, no ser vistos, no ser reconocidos.

El hombre se alejó, sin más. Como un rayo de sol escapando de la nebulosa, lo más real, lo más tangible; las penas sobre su espalda también eran las mías.

Maria Del Mar.

 

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