No. Yo no digo que no tengan derechos. Digo que sus prioridades no están acertadas. Escuchame, no tienen para comer pero bien que al parlante de dos lucas no lo venden por nada y todos los sábados están con esa musiquita a todo volumen. Decí que son los únicos así en el barrio, el resto es gente de bien, de trabajo. Sí, es verdad que ellos también trabajan, pero no sé… son distintos. Son negros, vos me entendés. O sea, no negros de piel, yo no discrimino a nadie por eso, hay negros trabajadores, como esos que vienen de África a vender las cosas del Once. Yo digo negros de alma, de cabeza. Trabajan, pero no llegan nunca a fin de mes, porque los primeros días se la pasan a asado. Yo que trabajo como una negra, de piel digo, no puedo hacer asado hace no sé cuánto. Y eso que en casa trabajamos los dos. De ellos trabaja el padre y nadie más, porque esa mujer es impresentable, con todos los hijos que tuvo, no me imagino de qué podría trabajar. Aunque seguro que cobra planes, para eso se embarazan tantas veces. Y así es como pueden darse el lujo de comer carne tres veces la primera semana del mes. Bien que después piden al fiado los fideos y el arroz en el almacén de Graciela, ella me lo contó ¿Así qué les enseñás a tus hijos? que despilfarrar está bien, total alguien te va a dar gratis. Ya sé que después lo pagan, pero esos nenes ven que la mamá agarra la comida y no pone ningún billetito, después cómo querés que trabajen. 

Decí que en el barrio son los únicos. El resto, toda gente trabajadora. Es un barrio de gente como yo, un barrio “clase media”, no sé cómo fue que ellos llegaron. Seguro algo turbio, olvídate ¿Te digo la verdad? Los nenes me dan pena. Los más chiquitos, porque los creciditos tienen una caripela, que madre mía. Y la nena, la que tiene como trece, pobrecita. Va a quedar preñada en cualquier momento seguro. Espero que no lo aborte, porque viste cómo son estas negritas, abren las piernas y después se sacan al nene ¡Una barbaridad! 

Creo que sí, que los chiquitos van a la escuela. A una pública seguro ¿Ves? eso es lo que yo critico: el más grandecito, ese que tiene cara de drogadicto, el otro día andaba con un celular grandote. O sea, le compran el celular pero los nenes caen en la pública. Bueno, eso siempre y cuando el celular sea comprado… ¿no?

El hombre trabaja, sí. No sé dónde, ni nada, porque ella no es sociable. No habla con nadie en el barrio. Igual mejor, mirá si se me hace la amiga y quiere venir a tomar mates a casa… tendría que esconder las cosas de valor jajaja. Es un chiste. Pero de verdad, mejor que nunca me habló. 

El otro día Tatiana, la hija de Rubén ¿sabés quién es? No importa. Me dijo: “Mabel ¿sabías que los villeros se compraron un auto bastante nuevito?”, casi me caigo de culo. No quería creerlo. Después los vi, a todos metidos adentro de una camioneta de esas lindas, de esas nuevitas. Los nueve adentro, contentos como mono con navaja e igual de peligrosos. Ninguno con cinturón y hasta la impresentable llevaba a los dos más chiquitos adelante, uno sacaba la cabeza por la ventana y ella meta sonrisa. Casi me muero. Después me enteré, porque me dijo Coca, que parece que no es de ellos, que se la dan en el trabajo al hombre y, seguramente se la trajo sin permiso para llevarlos a hacer un picnic a la bajadita del acceso. Seguro, seguro… si aunque el mono se vista de seda… Ahora, no sé dónde trabaja para que le den una camioneta tan linda. Me gustaría tener una de esas, pero con nuestros dos sueldos nunca pudimos comprarnos una. Igual el golcito anda de diez. Nosotros nos fuimos hasta la costa de vacaciones, varias veces y siempre se portó. El golcito se porta. Pero, la verdad, me gustaría tener camionetita…tenerla mía, no como esos. Y bueno, así es la vida. Una trabaja y trabaja, pero esos vagos son los que la pasan bien. Lo único que me jeda tranquila es que de ellos, no es.

Igual, como siempre digo, que hagan lo que quieran, siempre y cuando no me perjudiquen. Los derechos de uno terminan donde comienzan los del otro ¿o no? Eso sí me molesta un poco, porque ellos, por vagos nomás, tienen más derechos que yo. Yo me rompo el lomo y no llego a fin de mes. Yo y mi marido, casados como Dios manda, trabajamos todo el día y no llegamos, y estos negros (de cabeza, no de piel, ya te lo dije) andan como si nada sin trabajar, con celulares, asado y camioneta ¿con qué plata? ¿Me decís? ¡Con la mía! ¡Con la tuya! ¡Con la de toda la gente decente y trabajadora! Y ahora hasta quieren que le paguemos nosotros los abortos a esas negritas abiertas de piernas. Porque las madres no les enseñan a respetarse y a no ser unas putitas, pero después le ponen ese pañuelito de mierda y les dicen que tienen que pelear por sus derechos ¿De qué derecho me hablan? ¿El de matar bebés? Yo no pienso pagarle el aborto a esas pendejas. Ay, perdón, es que me pongo así cuando pienso en esas asesinas… perdón. Pero bueno, que ellos hagan lo que quieran. Siempre y cuando no me perjudiquen a ni a mí ni a los míos, porque ahí sí que los mato. Te juro que los mato, negros de mierda. 

Es que a veces pienso que ya nacen así, que es genético eso de ser chorro. Qué sé yo, como que primero son vagos y reciben los planes, después ya no les alcanza y salen a robar, enseguida empiezan a drogarse y listo. Y los hijos les salen así ya… de la droga, supongo. Ya les salen como drogados. A veces pienso que deberían matarlos de chiquitos, o castrarlos para que ya no tengan descendencia y todos seríamos tan felices, pero bue… soy cristiana. Tengo esos pensamientos y después me pongo a rezar unos cuantos padrenuestros. Pero eso sí, si alguno de esos le hace algo a mi familia, lo mato con mis propias manos, te lo juro por mis padres, que Dios los tenga en la gloria. Porque ahora los chiquitos dan pena, pero en el futuro te matan por dos pesos, y ahí nos lamentamos todos. Si la justicia funcionara estarían todos donde tienen que estar, pero no. Los tenemos acá en el barrio. Decí que son los únicos. Y doy gracias todos los días porque mis hijos ya están grandes y con sus vidas solucionadas, porque si éstos llegaban cuando eran chiquitos, me moría. Los hubiese tenido encerrados a los míos para que no se cruzaran con los de ellos. Por suerte me salieron bien los dos: trabajadores, honestos, limpitos, cristianos y con buenas amistades. Los vagos de los vecinos traen a cada uno a la casa, como si viviesen en uno de esos barrios donde se juntan en las esquinas a tomar alcohol. Sacan las sillas a la vereda ¿podés creer? La verdad es que les pondría una bomba, mirá. A parte es inseguro, yo cuando estoy llegando tarde y los veo ahí, me cruzo de vereda. Y sabés que hasta me saludan los maleducados: “buenas noches, doña”. Con ese tonito que tienen, es como si hablaran otro idioma. No, la verdad es que no escuché que le hayan robado a ninguna vecina ¿Ah, sí? ¿A María la ayudaron con las bolsas? Y bueno… seguro esperaban que les diera algo. De todos modos no hay que confiarse, con éstos nunca se sabe. Un día están drogados y ni te reconocen… ya ni códigos tienen. 

Pero como siempre digo, hay que agradecer por lo que una tiene y desearle lo mejor al prójimo. Cuando rezo todas las noches pido por ellos también. Le pido a mi señor todopoderoso que consigan una casa hermosa en un barrio en el que se adapten mejor y que nunca les falte la comida, ni el abrigo en invierno, ni el pan ni la leche para los más chiquitos. Después me siento mejor, porque yo no tengo que dejar de ser la mujer amable que siempre fui por culpa de ellos. Siempre puse la otra mejilla y con éstos, también. 

Vera Suárez

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