Sarmiento fue uno de esos tipos tan complejos que generan odios y pasiones. La efeméride indica que en estos días deberíamos estar publicando artículos referidos a la independencia, pero si hay una obra que manifiesta la problemática abierta a partir de aquel lejano 9 de julio y antes, es el Facundo. Después del torbellino revolucionario se configuran dos posturas. Sarmiento militaba intensamente por una de ellas: La civilización. El otro lado, el federal, era la barbarie. En los próximos párrafos intentaremos entender el argumento civilizador del sanjuanino que termino materializando, vaya contradicción, el lema que él dirigía al rosismo: ¡Terror, muerte y sangre!

Durante el siglo XIX el colonialismo europeo buscaba derramar los valores occidentales en cada rincón del planeta. El imperialismo brindaba extensas conquistas territoriales, económicas y políticas a Europa. Asia, América y África sufrían las consecuencias de este convencimiento europeo de supremacía. Porque eso fue, la convicción de que eran el avance de la historia, su movimiento. El resto quedaba hundido en la quietud o asesinado ante la resistencia, porque si se pretendía un caminar distinto, una mirada alternativa, sabemos bien que pasaba. A esta altura no hay spoiler que valga. Muerte y tortura sin más. La convicción no es buena en misma, sino por el contenido que traiga consigo.

 Si bien el tema era económico, occidente necesitaba de una filosofía que respalde los mecanismos a utilizar. Había que construir una retórica que permitiera apoderarse de un bien tan deseado y todopoderoso: la razón. La posibilidad de pensar representaba el progreso. Adherir al sistema fundado en la razón era tener cultura, pertenecer a la civilización. En definitiva, era tener humanidad. El conflicto se presenta cuando hay pueblos que no están de acuerdo con los mandamientos de esta razón. Quizás por tener otra cosmovisión del mundo. Quizás porque los métodos y objetivos impuestos por Europa resultan ser criminales.

Así se crea un antagonismo irreconciliable. Los que pueden acceder a las ideas europeas y los que están afuera: Civilización y barbarie. Esto es lo que se funda con el Facundo en Argentina. Lo fantástico es que un personaje colonizado sea el principal teórico del argumento colonizador, y por más que nos pese, no podemos negar que es uno de los pilares del pensamiento nacional.

De modo que Sarmiento se sumerge en la vida del gaucho para analizar su comportamiento en la búsqueda de encontrar las facetas que construyen su identidad. Algunas de ellas serán las de la nación. Describe su infancia y adolescencia. Muy tempranamente el gaucho se emancipa de la familia y se instala en la inmensidad de los llanos con su inseparable compañero, el caballo. Arriba suyo vivirá gran parte de su vida; será el lugar para comer y dormir. En él transitara los largos caminos que separan sus destinos errantes.

En los primeros capítulos se puede visualizar una construcción de la figura del gaucho integrado a la naturaleza. Un ser salvaje que no entiende de la vida en sociedad. En el episodio del tigre, Facundo Quiroga escapa del animal trepándose a un árbol. A salvo, se intercambian miradas. El de abajo quiere a su presa, el de arriba resiste para no morir. A lo lejos llegan los compañeros que de un latigazo logran reducir a la fiera. El caudillo baja, toma su cuchillo y lo apuñala en el corazón. Es una lucha entre iguales, entre salvajes. Esta equidad entre gaucho y naturaleza deja al primero en la irracionalidad, le quita la razón. Si no la tiene, se hace imposible una integración, no hay otro camino más que su aniquilamiento. El avance sobre la naturaleza incluye al gaucho. También al nativo.

La naturaleza es quietud. Es lo exterior. El hombre para conocerla debe transformarla, y lo hace a través de la cultura. Avanza sobre ella, cerca los campos, marca el ganado. El gaucho, al formar parte de esta naturaleza, resiste. Como las bestias, se defiende. El hombre, en tanto hombre universal de la civilización europea, avanza sobre él, matándolo. Este es el argumento legitimador utilizado por todo el colonialismo europeo y nacional; Si forma parte de la naturaleza, no tiene razón. Si no tiene razón no es humano y por ende no lo puedo integrar, y si encima se resiste no queda otra que matarlo.

De manera que Sarmiento desarrolla una descripción de la otredad. Aquello que no forma parte de la civilización occidental y que se reúsa a adquirir sus valores. La campaña es enemiga de las costumbres de la ciudad. No conocen las ideas europeas y por eso son barbaros. No les gusta la ciudad y viven en grandes extensiones de tierra, en donde las vinculaciones son más difíciles. No tienen un centro de reunión en donde funcionen las instituciones que organizaran sus vidas. Es decir que no cuentan con un municipio, una urbe, en donde fluyan los circuitos civilizadores. Aquello a lo que debía su grandeza Roma.

La única sociedad que tienen es ficticia, la pulpería. Sin ningún interés público ni social, concurren todos los tipos de gauchos: El cantor, el rastreador y el baqueano.  Sarmiento milita fuertemente en contra de la campaña, pero aun así reconoce en estos sectores barbaros reminiscencias de nuestra identidad. Escribe:

 “El gaucho constituye la identidad nacional fraternizando en el circular de la copa” (pag. 66).

 Se concurre a este lugar, una especie de taberna, a demostrar coraje al batirse a duelo. Aquel que resulte más valiente, temerario, será respetado por todo el gauchaje. Este prestigio lo convertirá en comandante de campaña, primer eslabón de poder del caudillaje. De esta manera, Sarmiento ubica el origen del caudillo dirigente en la supremacía de la fuerza. Este personaje construye la estructura de poder a partir de la supervivencia del más apto. Otra vez la naturaleza. La ley de la fuerza.

La revolución de 1810 le brindaría al gaucho y al caudillo la posibilidad de incorporarse a la vida pública. La montonera o como la llamaba Sarmiento “la asociación bélica de campaña”, era el lugar donde se manifestaba el odio en contra de la autoridad. Combatiendo a los realistas y patriotas por igual. Por igual más tarde, cuando los patriotas fueron patriotas porteños. La voluntad de lucha estaba dada por la necesidad de sofocar el ardor interno. Por eso el gaucho se unía a la Revolución, para satisfacer el impulso de la fuerza, su potencialidad natural. No tenía un proyecto político y social. Este fue el inicio de la montonera cuyo destino final ya conocemos. Después de pavón, estos movimientos sociales cayeron en las manos civilizadoras de las ideas europeas y fueron pasados a degüello.

Sarmiento fue protagonista de ese festín cuchillero. Si bien tenía una convicción civilizadora, materializaba su desprecio a las masas:

“Los pueblos en masa no son capaces de comparar distintamente unas épocas con otras; el momento presente es para ellos el único sobre el cual se extienden sus miradas” (pag. 78).

No hay pasado ni futuro en la irracionalidad.

Las décadas de 1860 y 1870 fueron el escenario de este aniquilamiento. El triunfo de la civilización se consuma en el 1880. Parecía ser el cierre de un antagonismo que se presentaba crónico. Por lo menos, sería el fin del primer capítulo. La llegada masiva de la oleada inmigratoria que el proceso de estructuración capitalista requería, serviría de combustión para el nacimiento de un nuevo sujeto político bárbaro: la clase obrera.  Las clases dominantes buscarían contener dentro de los límites de la supervivencia a un sector social que, a partir de la identificación con el otro, va construyendo una conciencia de clase que pujara por derechos, amenazando privilegios. Pero sobre todo una clase que pondrá en riesgo la apropiación universal de la razón, del curso de la historia.

El antagonismo es universal y la historia no cierra. La otredad construida para legitimar supremacías será el origen de la tensión existente en toda época. La razón siempre estuvo del lado del poder. Hace ya tiempo que tenemos claro que la realización de la cultura europea es la realización de la humanidad.

 

Ignacio Calza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s