Un balde de pintura, dos rodillos, un Thinner porque seguro algo se mancha feo, dos lijas, un enduido. Materiales para pintar en épocas de pintores flacos.

Subo al auto en el estacionamiento de Easy. Desde ahí hasta mi casa me espera media hora de viaje. Primero opto por sintonizar radio Metro. No comulgo con ella salvo a las seis de la tarde cuando está Wainraich y me roba alguna sonrisa. Justo engancho la tanda publicitaria. Me fumo al gobierno diciendo que lograron comprendan un texto ocho de cada diez niños. Luego una canción de colchones muy pegadiza, al terminar otra del gobierno que en este caso informa sobre la revolución lograda con los trenes. No soporto más, cambio. Ni siquiera transcurrieron diez minutos.  Paso el dial a AM. A esa hora la audición de fútbol de La Red suele tener la mejor información. Encima en la edición vespertina no está Vilouta que al mediodía se destaca en cada intervención por resaltar “la mierda de país” en que vivimos. Es verdad, no elijo bien. Prometo mejorar para Octubre. Otra vez tanda publicitaria. Se ponen de acuerdo. Escucho sobre una semilla transgénica milagrosa para “mi campo”. Luego, el gobierno. Esta vez el de la ciudad, cuenta cómo la mantienen limpia. Se me mezclan en la cabeza “haciendo lo que hay que hacer”, “sigamos cambiando juntos”, “Vamos Buenos Aires”. Bajo del auto prendido fuego.

Pongo la televisión y al ratito comienza un partido de la Copa América. La pintura se pospone para el día siguiente. Despejo la cabeza durante cuarenta y cinco minutos. En el entretiempo, como Tomahawks norteaméricanos sobre Afganistán me ametralla nuevamente la publicidad oficial. Ahora anuncian cómo mejoró la calidad de vida de los jubilados en  los últimos tres años. El cinismo me desborada, tiro el control remoto contra el sillón. Desquiciado pero precavido. Salgo a la vereda en busca de oxígeno.

El kirchnerismo fue criticado con dureza por todo lo que hizo. También por lo que dejó de hacer. Por todo. Muchas personas arman un combo con esa totalidad y hasta olvidan el bienestar que supieron gozar. La publicidad fue uno de los bastiones de ataque. ¿En qué trinchera se esconderá el cuerpo de infantería atacante mientras duran las publicidades actuales?

Ahora bien, aquellas publicidades rescataban logros gubernamentales ciertos. En ocasiones, parecían pequeños. La inauguración de puentes o rutas en lugares recónditos solían irritar a gorilas y troskos. Pero eran logros ciertos. Con el macrismo volvió lo peor de los noventa. No sólo las políticas neoliberales, también la mentira como forma de hacer política. Muchos lo intuimos durante el debate presidencial de 2015. Lamentablemente el 51 % se comió, o se quiso comer, el verso.

La pauta publicitaria actual es refutada por los hechos. Mejoras en ramales de zona norte que sólo mejoran el tránsito para la clase media bien posicionada (y hasta ahí nomás), cierre de trazados a lo largo de todo el país y viaje cotidiano como ganado con puertas abiertas para los más dichosos. Sinfín de escuelas rurales y no tan rurales cerradas, otras abiertas con goteras o explotando por los aires y punto final para el plan Fines. Medicamentos para jubilados antes gratuitos ahora atravesados por la inflación imparable con descuentos irrisorios, clínicas cerradas y un Pami devastado. La ironía de la limpia ciudad con sus contenedores de basura inteligentes anti indigentes, con reformas en la parte céntrica y con los lugares olvidados de siempre.

En la vereda durante el entretiempo, repasaba ensimismado estas ideas mientras mi vecino de enfrente rodillo en mano daba un color horriblemente indescifrable a su casa. ¿Es marrón o dorado?, me interrumpió un amigo que llegaba dispuesto a ayudarme a pintar mi casa y a devolverme el muy buen libro de Alejandro Wall, “Ahora que somos felices”. Le pregunté: ¿Lograremos nosotros el celeste academia que quiere tu ahijado en la habitación?. Ni en pedo, me respondió contundente y realista.

Mi vecino escuchó, o nos vio, o supuso, no sé. Se bajó de la escalera, cruzó la calle y habló mientras miraba hacia su casa:

– Va quedar para el culo pero mejor que la del tipo de al lado, se mandó unas cagadas divinas. Somos todos pintores caseros en el barrio, hay que rebuscárselas. Nadie contrata a gente que sepa. Al menos en esta zona tenemos para la pintura.

Luego miró mi casa. Dispuesto a entablar una charla se dirigió a mí.

– Vi que compraste pintura. Es cierto, le falta una manito al frente.

– Sí, pero queda así. Vamos a pintar adentro.

– Ah… y éste es tu ayudante. No les veo uña de guitarrero.

– Y la verdad que no. Por eso me puse a ver el partido. Sólo el fútbol puede traer felicidad en estos tiempos.

– Hay que meterle huevos igual, viejo. ¿Quién juega?

– Perú contra Bolivia.

– Lindo partido. ¿Cómo van?

– Uno a uno terminó el primer tiempo, estuvo parejo. Está por arrancar el segundo.

– Ponete unos mates y vamos a verlo… que quede como sea.

Sergio Delbreil

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