La Copa del Mundo de 1978 en la Argentina de Videla es un tema difícil de abordar. Demasiadas aristas, incontables puntos de vista y temas sensibles, que se vuelven más ásperos con los años. 

Matías Bauso, escritor, periodista y abogado argentino, decidió meterse de lleno en la discusión sobre el ´78. Con la intención de reabrir la discusión y derribar mitos, escribió un libro sobre el tema de más de 900 páginas titulado 78, historia oral del mundial, publicado por Sudamericana.

Nos reunimos un domingo por la tarde en un café de Puerto Madero para charlar del libro. 

 

LA ARGENTINA DE 1978.

RM-¿Por qué elegís hacer un libro sobre el ´78?

MB-Siempre me pareció que el ´78 era un tema poco estudiado. Cubierto de falsedades, tergiversaciones, mentiras, errores. En la literatura argentina de no ficción el tema más trabajado en los últimos 30 años son los setenta, pero el Mundial fue poco trabajado y hubo una sola visión muy rígida que se puede resumir en: “La dictadura usó el Mundial para tapar los crímenes”. Yo creo que, dentro de los muchos mitos que rodean al Mundial, ese es el principal.

Además, a mí siempre me gustó el futbol, desde muy chiquito. En el ´78 estaba en primer grado y lo viví con mucha intensidad. Fue muy impresionante el nivel de involucramiento que hubo.

RM-De todos modos, el fanatismo en la Argentina con los mundiales no era como ahora.

MB-Los medios de comunicación eran otra cosa, a la Selección no le iba bien y el futbol no era lo que es hoy a nivel espectáculo, aunque siempre fue lo más popular. Tampoco era un espectáculo familiar. Las familias no iban a la cancha. Iban muy pocas mujeres y tenían un pequeño sector reservado. El Mundial 78 fue el primer contacto masivo de la mujer con el futbol en la Argentina, pero después del Mundial la mujer no se quedó en el futbol, porque el futbol, con su cánones machistas y reprimidos, volvió a ser lo mismo de siempre.

RM-¿Cuándo te propusiste escribir, tenías miedo de que la política se comiera por entero al libro?

MB-En seguida me di cuenta que para contar el 78 no podía contar solo el futbol. Para que se entendiera tenía que contar muchas otras cosas más. Pero subestimé esas otras muchísimas cosas. Tenía que cubrir todos los aspectos para no quedar en definiciones reduccionistas que no dieran muestras de como fue el fenómeno. Yo no pretendo con el libro zanjar la discusión, pretendo reabrirla.

RM-¿Por eso es que elegís una forma oral o coral de contar la historia?

MB-La biografía oral es una manera de contar que en Estados Unidos o Inglaterra tiene mucha difusión. Es ágil, pero se hace solo con testimonios tomados actualmente sobre hechos del pasado. Me interesaba trabajar ese sistema, pero me di cuenta de que iba a tener algunos problemas. El principal fue la memoria. Con el tiempo se fijó un discurso. La gente tenía una visión actual distorsionada sobre lo que pasó. Por ejemplo, se calcula que salieron entre 16 y 17 millones de personas a la calle a festejar. Entre el 60 y el 70% de la población. Todo aquel que pudo salir a la calle, salió. Hoy te cuesta muchísimo encontrar alguien que reconozca que salió a festejar feliz porque por fin éramos campeones del mundo. Hasta hay quienes dicen que hicieron un poco de fuerza por Holanda. El problema del testimonio es que está mediado por el crecimiento de la culpa colectiva respecto de este episodio popular.

Hay un montón de cosas que ya estaban dichas en la época, quizás no con tanto énfasis, sobre la violación a los derechos humanos que uno ni siquiera con una mirada muy aguda lo encuentra en los medios más populares. Los temas de mayor difusión están contados en los diarios. Hasta en las revistas de actualidad. Me parecía que eso tenía que reflejarse e iba en contra de la historia oral. Finalmente, lo terminé incluyendo.

RM-¿Cuál fue la reacción de los lectores frente al libro?

MB-Fue un libro bastante leído, pero poco debatido. Es una sociedad que no está acostumbrada a debatir. Lo que es un poco más matizado, que no se pone ni en un lado ni en el otro, no encuentra mucho lugar. En esta historia está bien claro quiénes son las víctimas y los victimarios. Eso no acepta ningún matiz. Si bien es muy cierto que mientras se gritaban los goles en River se torturaba en la ESMA, también es cierto, y ahí está la gran complejidad del tema, que mientras se gritaban los goles en River se gritaban también en la ESMA. Ese es el punto central para poder entender las escalas de complejidad del tema y la importancia que tiene el futbol en esta sociedad. Es tan importante que terminaron viendo torturados y torturadores el partido juntos y los torturados decían que esas dos horas eran oasis para ellos, porque básicamente no los torturaban, porque se detenía todo, y porque ellos querían que Argentina ganara.

Hay casi unanimidad entre los exiliados sobre este tema. Muchos de ellos habían perdido familiares, amigos. Habían tenido que dejar todo y el futbol les daba arraigo. Convivían con la contradicción de que el triunfo favorecía al gobierno ilegítimo que les había hecho tanto mal, pero no podían evitar salir a festejar. 

En los grupos de boicot europeos no participan argentinos, porque estaban a favor. Los Montoneros también estaban a favor del Mundial, lo cual habla de una contradicción, pero también de un gesto de sinceridad. El Mundial era un viejo anhelo popular. Desde la final con Uruguay del ´30 creíamos que teníamos el mejor futbol del mundo, pero no lo podíamos mostrar ni en un amistoso, porque no le ganábamos a nadie. Ganábamos en Sudamerica cada tanto, pero contra los europeos siempre nos costaba. Hasta el 78. Eso hace que la gente salga a festejar después de cada partido. 

La Dictadura apostaba a un Mundial ordenado. Cuando vieron lo que generaban los triunfos deportivos se quisieron agarrar de eso. Pensaron: “Salimos campeones y no nos vamos nunca más”. Otro aspecto subestimado en las investigaciones es el efecto que produjo en la Dictadura el triunfo. 

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RM-¿Te parece que tuvo algún parecido con la Guerra de Malvinas?

MB-Tiene un gran parecido a Malvinas, en el nacionalismo rampante y en la vocación de unanimidad. Hay una diferencia con Malvinas, más allá de las muertes obviamente: en abril de 1982 vino al país Alexander Haig, Secretario de Estado estadounidense, se llenó la plaza y cuando salió Galtieri la gente lo vitoreó. Videla no tuvo expresiones de fervor popular cuando inaugura el Mundial en cancha de River. Hay un aplauso respetuoso, sereno, pero no hay algarabía. Los festejos no se dirigen a Plaza de Mayo. Los comandantes fueron a los siete partidos de Argentina y nadie los vivó. Tuvieron un plauso unánime, pero no fervoroso.

RM-Se nota en el libro la intención de contar la vida cotidiana de la gente común durante un evento extraordinario.

MB-Es lo que uno se olvida cuando se estudian los setenta. Hubo una dimensión de vida cotidiana que continuó. A la gente le dolía la muela e iba al dentista, se separaba, festejaba cumpleaños, llenaba los estadios para escuchar bandas de rock y para ver futbol. Es muy impresionante comprobarlo y muy útil tenerlo en consideración al analizar la época. Una sociedad, también hay que decirlo, cansada de la violencia.

Cuando vinieron los periodistas extranjeros esperaban un panorama de trincheras en las calles y se encontraron con un país con arquitectura europea en el centro y con gente feliz por el torneo de futbol.

Los militares endeudaron al país para pagar el Mundial y fueron tan torpes políticamente que no se dieron cuenta que el futbol multiplica. Durante un mes el futbol tapa todo y hablamos de la pelota y nada más, pero el caso argentino no estaba en la tapa de los diarios y a partir del Mundial todo el mundo, pero sobre todo Europa, se enteró de lo que pasaba. Acá la gente prefería no enterarse. El gobierno militar fue hábil al conseguir que la población tome todas las denuncias que llegaban del exterior como una difamación contra todos los argentinos.

El mundo se enteró de que en Argentina los militares torturaban y robaban bebés. Hasta ese momento Argentina no le importaba al mundo, porque ya tenían la cuota de sudamericanos cubierta con Chile, que fue la primera dictadura y que tenía a Pinochet, que era un villano casi de dibujito animado, al estilo Marvel. Videla, sin embargo, tenía fama de moderado. Para la prensa mundial en el caso argentino no estaba muy claro quienes eran los buenos y quienes los malos, porque los Montoneros habían atentado contra un gobierno democrático. No entendían bien lo que pasaba.

Hay una anécdota que cuento en el libro y que es muy interesante. Unos tres o cuatro días antes del Mundial tres marinos argentinos de alto rango van a un hotel muy importante de París y dos botenes jóvenes se niegan a recibirles las valijas. Los militares obligan al hotel a que los despidan. El caso llega a la tapa de todos los diarios franceses y los terminan reincorporando.

 

EL EQUIPO.

RM-Nos gustaría llevarte un poco al futbol. Leyendo el libro, sin haber visto los partidos completos, da la impresión de que costó que el equipo apareciera.

MB-Argentina pudo haber perdido los 7 partidos. Porque el de Perú también se podría haber perdido si entraba la que pega en el palo y algunos mano a mano de los primeros minutos. 

RM-Sin embargo, está instalado que el equipo del ´78 jugaba bien y el del ´86 era más rústico.

MB-Ese es otro de los mitos. El relato fijado sobre el 78 impidió que se estudiara ese equipo. Es increíble que nadie contara la historia del primer campeón del mundo. Es un equipo bajo tinieblas, básicamente el equipo del proceso. Menotti elige grandes jugadores. Si vos confrontás los dos planteles campeones, el del ´78 tiene más cracks que el del ´86. Los cracks indiscutibles del ´86 son Diego, Bochini y Borghi. Burruchaga puede ser crack. Clausen puede estar entre los cuatro o cinco mejores argentinos en su puesto de la historia. En el ´78 había muy buenos jugadores como Ardiles, Olguín, Tarantini, Valencia, Luque, Villa y siete cracks, que son Fillol, que era un marciano, Passarella, Kempes, Houseman, Bertoni y Ortiz. Los últimos tres de este lista están entre los mejores wines de la historia sudamericana.

Si vos ves los partidos, él del ´78 no era un equipo menottista en el sentido que nosotros lo consideramos hoy y el del 86 no era bilardista. El equipo de Menotti era mucho más frontal de lo que uno recuerda, no tenía elaboración, ni pausa y tenía muchísimo vértigo. Era menottista en su nobleza. Siempre fue al frente. Lo primero que hizo Menotti fue ponerlos en la velocidad competitiva de los europeos, lo que incidió negativamente en la precisión. El equipo de Bilardo tiene muchísima más elaboración y posesión. No se colgaba del travesaño. Después del título mundial los dos equipos se convierten en caricaturas de si mismos.

RM-¿Creés que Kempes es el jugador más subestimado de la historia de nuestro fútbol?

MB-Eso es porque él es muy humilde y no buscó ese papel y porque el fulgor fue breve. Después entró en una pendiente. En el ´78 era muy joven, tenía 24 años. Poseía una potencia física absolutamente desusada, una facilidad para el gol terrible, y una precisión increíble. El tercer gol en la final es una cosa de locos. El saque de arco lo hace Kempes. La pone pasando el círculo central, la baja Luque y viene un holándes y le hace falta. Kempes corre desde el arco, la coloca en el piso y la toca. Sale la jugada que termina con él abajo del arco haciendo el gol en el minuto 116 más o menos. Un animal. Cuando el equipo no podía agarrar la pelota, como en el segundo tiempo con Holanda, Kempes se paraba al lado de Gallego y de repente estaba de nueve. Era impresionante el nivel de despliegue.

Sin embargo, en el mundial 78, más allá de Kempes, el jugador es Fillol. Es determinante contra Francia, contra Polonia que nos crea mil situaciones de gol en un partido palo por palo, contra Brasil y la final. En cuatro partidos es determinante

RM-Al respecto del partido con Perú, te tomaste el trabajo de ir derribando uno a uno los mitos, que formaban una lista larga.

MB-Hay muchas cosas que se dijeron que son mentiras y otras que son ciertas. Es cierto que Perú era un equipo cansado, que se quería volver a su casa. Era el sexto partido en 18 días. No tenía la preparación de argentina. Se dieron por satisfechos al haber pasado de ronda y primeros en el grupo. En la segunda, perdieron muy fácil con Brasil. Cayeron uno a cero con Polonia, pero su arquero fue figura y tapó cinco o seis mano a mano. La defensa era un flan inconcebible. Los centrales hacían cosas que no se podían creer. Y el arquero era inconsistente. Argentina le había ganado superándolo en cinco partidos. A fines de marzo jugaron en Lima y a la media hora Argentina ganaba tres a cero.

También es cierto que el micro de Perú tenía que tardar veinte minutos en llegar desde la concentración al estadio y tardó una hora y veinte. Que Videla y Kissinger entraron al vestuario para saludar a los jugadores. Que la familia de Quiroga, el arquero, vivía en Rosario y seguramente recibió presiones. Que la actuación de los dos centrales y de Cubilla fue muy dudosa. 

Nunca se pensó qué pasó con Brasil-Polonia. Argentina seguro incentivó a Polonia. Lo hace en el ´74, cuando Polonia ya clasificado le tenía que ganar a Italia para que argentina pase, y a través de Hector Vega Onesime, director de El Grafico, le llevan mil doláres por jugador. Entonces, ponen los titulares y le ganan a Italia. Si en Alemania, sin el idioma, sin el contacto, sin nada, le pudieron llevar la plata, imaginate acá. Lacoste tenía la llave de todas las puertas.

RM-Argentina jugaba con el resultado puesto por el tema horario.

MB- Lo del horario estaba decidido desde marzo. Es un beneficio que había tenido Alemania en el ´74. Cuando se sortea el mundial se decide que Argentina juegue todos los partidos a las 19.15hs y el resto de los equipos a las 13 y 16hs. De esa manera, la FIFA evitaba canchas vacías, porque la venta de entradas en Europa había sido un fracaso.

RM-También tirás abajo el mito del cargamento de trigo.

MB-Argentina tenía un convenio con Perú de bastante antigüedad y que argentina subejecutó varios años y también en el ´78. El cargamento estaba comprometido en mayo y se hizo en julio por cuestiones operativas, siendo mucho menor de lo realmente comprometido. Por otro lado, ¿a qué jugador vas a convencer de que pierda a cambio de trigo para su país? Un soborno masivo es imposible que no se filtre en cuarenta años. El que mira futbol sabe que no es necesario comprar a todos los jugadores y que con uno o dos es suficiente. También hubiera sido más fácil comprar el referí, que en ese partido no favorece a Argentina.

El partido tiene un trámite raro. Argentina no crea situaciones de gol hasta el minuto 21, cuando hace el gol. Después se pierde cuatro o cinco goles seguidos y antes del entretiempo mete el segundo. Al comienzo del segundo tiempo hace tres goles en seis minutos. Ahí se desmorona Perú. Por otro lado, hay que tener en cuenta la importancia del factor de presión que fue la cancha de Rosario Central, totalmente colmada.

RM-¿Cómo fue la reacción de los futbolístas durante las entrevistas? ¿Notaste algún recelo al hablar del Mundial?

MB-Me costó horrores que hablaran de futbol, que era lo que me interesaba. Apenas empezábamos a charlar lo primero que salía era la cuestión política. Me costó que bajen la guardia, romper ese discurso formado y defensivo que tiene por estos casi cuarenta años de hostigamiento. Ellos pensaron que tocaban el cielo con las manos y lo que recibieron fue rechazo.

RM-¿El reconocimiento les duró hasta el 82?

MB-Para mí les duró hasta el ´86. Hasta que Argentina tuvo otro título Mundial para blandir, con la leyenda sobrehumana de Maradona y todo lo que él representa culturalmente.

Hay varias etapas. En 1982, con la derrota en España, recibieron el primer juicio. Con el advenimiento de la democracia reciben el segundo y el golpe mortal se lo dan en el ´86. Pero, en 1999 el diario La Nación hace una encuesta muy grande entre deportistas y el público en general al respecto de los grandes hechos del siglo. Preguntan cuál es el mejor deportista, el mejor equipo y el gran logro deportivo del siglo. El mejor equipo y el gran logro, lo gana el ´78. 

La década kirchnerista también influye en la visión sobre el ´78, con una resignificación sobre los derechos humanos, con la dictadura en el centro de la escena. Yo creo que perdió contrastes y matices el análisis.

RM-Hablemos de Menotti. Con el tiempo, fue muy cuestionado por su actuación durante el Mundial, especialmente por ser alguien que se dice progresista o de izquierda. Después de haberlo investigado para el libro, ¿cuál es tu opinión al respecto?

MB-Hay una paradoja muy argentina en esto y es que Menotti es nombrado director técnico en democracia y sale campeón en dictadura y Bilardo es nombrado en dictadura y sale campeón en democracia.

Menotti después del Mundial se convierte en un personaje muy importante del país. La revista Gente hace una encuesta en agosto de 1978 sobre quien tenía que ser presidente y Menotti salió segundo, después de Videla. Muchos periodistas deportivos le reprochan que con esa popularidad podría haber hecho mucho más. Yo creo que Menotti firmó solicitadas difíciles siendo un personaje tan popular. Yo creo que a nadie se le puede reclamar heroísmo. Le podés reclamar que no sea vil, pero Menotti nunca lo fue. Fue coherente en sostener que no había que mezclar política y deporte. No hizo declaraciones a favor de los militares. Fue muy cauto.

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