En el año 1964 el general Juan Carlos Onganía pronunció un discurso durante la Quinta Conferencia de Ejércitos Americanos que pasó inadvertido para la mayoría de la población, con el paso del tiempo sería una fuente ineludible para comprender nuestra historia reciente. En el mismo se advertía la nueva ideología de una gran parte de los altos mandos del ejército argentino: la doctrina de seguridad nacional.

Bajo esta concepción Onganía entendía que el deber de obediencia del ejercito al gobierno constitucional dejaba de tener vigencia absoluta si se producía “ al amparo de ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento trastrocamiento en el equilibrio e independencia de poderes”.

Y añadía:

“En emergencias de esta índole, las instituciones armadas, al servicio de la Constitución no podrán, ciertamente mantenerse impasibles, so color de una ciega sumisión al poder establecido, que las convertirían en instrumentos de una autoridad no legítima”.

Se estaba gestando el huevo de la serpiente.

El protagonismo de Juan Carlos Onganía cobró notoriedad en la vida pública nacional el 28 de junio de 1966 cuando encabezó el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia.

La autodenominada “revolución argentina” consideraba que el rol de las FFAA no se limitaba a la defensa de las fronteras y de la soberanía territorial, sino que las fronteras pasaban a ser “ideológicas”. Como señalaba Oscar Anzorena “cualquier pensador progresista, todo militante popular, todo movimiento en defensa de legítimos derechos, pasará a considerarse, peligroso y vehículo de la infiltración marxista”.

La “revolución argentina” dispuso el cierre del Congreso, la prohibición de los partidos políticos y una férrea persecución dirigida principalmente contra  los estudiantes universitarios combativos y los sindicatos obreros.

Los sectores populares fueron golpeados por la política económica del gobierno de facto. En los primeros años los signos de conflictividad social se multiplicaban de norte a sur del país: los zafreros tucumanos resistían el cierre de los ingenios azucareros; también lo hacían los obreros portuarios y los gremios del riel.

La rama disidente de la CGT, denominada de los argentinos, se gestaba en 1968. En su mensaje al pueblo expresaban el siguiente cuadro social:

“Un millón y medios de desocupados y subempleados son la medida de este sistema y de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derechos de huelga anulados, conquistas pisoteadas, gremios intervenidos, personerías suspendidas, salarios congelados. La situación del país no puede ser otro que un espejo de la nuestra”.

Un error frecuente es focalizar el estallido social sólo en la ciudad de Córdoba, es necesario advertir una escalada nacional contra la dictadura a saber:

  • El 12 de mayo de 1969 la dictadura elimina el denominado sábado ingles
  • El 13 de mayo el ingenio Amalia es ocupado por los trabajadores
  • El 14 de mayo se reúnen en asamblea los trabajadores cordobeses de la industria automotriz
  • El 15 de mayo en Corrientes durante una protesta estudiantil contra el aumento de los vales del comedor estudiantil la policía asesina a Juan Cabral
  • El 16 de mayo en la capital Santafecina, en Formosa se repudia la represión con manifestaciones

Es en este contexto social de conflictividad creciente el 29 de mayo se produce el “Cordobazo”.

El dirigente peronista Elpidio Torres describe en su libro “El Cordobazo”:

“Durante varios meses había planteado la necesidad de encontrar el camino que nos condujera a la unidad gremial para poder realizar un paro general. Ese era el clamor de las bases sindicales. Evidentemente esa unidad debía darse entre ambas CGT, la de Azopardo y la de los Argentinos”

El 29 de mayo en la planta IKA, actual Renault, los obreros abandonan la fábrica, deciden caminar hasta la Plaza Velez Sárfield. En el camino, la Guardia de Caballería dispara contra Máximo Mena quien muere al instante.

“ La desesperación, la impotencia ante el hecho consumado, recordaba Torres, produjo la inmediata reacción de los trabajadores, quienes sin medir consecuencias, avanzaron sobre los “cosacos” del régimen”.

Confluyeron las columnas de AOMA (Asociación Obrera Minera Argentina), la de Luz y Fuerza, la de los empleados no docentes de la Universidad.

En el trascurso del día morían tres estudiantes, situación que provoca la reacción de los manifestantes  y el posterior repliegue policial.

Los barrios Güemes, Nueva Córdoba, Centro y alrededores fueron controlados por los  manifestantes, ayudados por muchos vecinos que ayudaban a formar las barricadas.

Como señalaba Elpidio Torres “los trabajadores carecíamos de armas de fuego. Sólo habíamos cargado al salir de sus respectivos lugares tuercas, tornillos y bulones que posteriormente fueron arrojados por medio de “gomeras” ”.

Torres, Agustín Tosco, Atilio López y otros sindicalistas fueron detenidos. Ante el desborde de las fuerzas policiales el ejército tomó intervención en la represión de los manifestantes.

Sin embargo, en Junio de 1970 el dictador Onganía renunciaba, decisión que no estaba en sus planes originales.

Murales como el de Ricardo Carpani o el cuento  “La noche de la barricada” Iverna Codina, perpetuaron aquella rebelión popular que marcó nuestra  historia política nacional.

Juan Granero

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