La semana de Mayo estuvo llena de sobresaltos, pensamientos y reflexiones. La semana de mayo no sólo nos recibió con el final de Games of Thrones y el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández, sino que nos recibe con un nuevo aniversario de muerte de nuestra comandante en guerra Juana Azurduy, la flor del Alto Perú.

El aniversario cae justo el 25 de Mayo ¿casualidad? ¿causalidad? no lo sé, pero me propongo analizar el proceso revolucionario desde un perspectiva feminista…desde los ojos de Juana Azurduy quien fuera una de las  piezas fundamentales.

Azurduy fue una patriota del Alto Perú que luchó en las guerras de independencia hispanoamericanas por la emancipación del Virreinato, es decir contra la dominación española. Su personaje, es tan importante tanto para nuestro país como para Bolivia pues el primer enfrentamiento fue en la Republiqueta (hoy sur de Bolivia y norte argentino), en el cual asumió como comandante en guerra y lideró uno de los primeros enfrentamientos en el territorio. Si, lo lideró Juana: mujer, madre y con raíces quechua. Toda una revelación para la época, o quizás más común de lo que pensamos sólo que la historia mitrista se encargó de quitar del medio algunos “detalles” históricos.

Quisiera repasar un poco quién era ella pues lo considera fundamental para entender de dónde venía su espíritu revolucionario. Juana perteneció a una familia de buena posición económica, hija de una chola y un blanco dueño de varias propiedades, esta mixtura consiguió que fuera criada bajo conceptos diferentes a los de la época, es decir en libertad y con amor hacia la lengua quechua, pues eran sus raíces maternas.

De chica supo conversar, enseñar y tratar con los pobladores originarios, tuvo contacto de primera fuente con las consecuencias españolas en un pueblo que supo tener todo y al que todo le habían quitado.

Al quedar huérfana a los 7 años, ella y su hermana fueron a parar a la casas de sus tíos, sus nuevos tutores eran conservadores y tenían enseñanzas que no coincidían con el espíritu rebelde y libre de Juana, por lo que fue enviada a un convento. Algunos dicen que Juana solo aceptó por creer que quienes estaban en un convento accedían a puesto de poder. Entendió desde temprana edad que transformar la realidad sólo podría realizarse desde el poder y la política, su género no le iba impedir perseguir y concretar sus ideales.

Sin embargo, las fuertes discusiones con la madre superiora sobre sus enseñanzas y reglas terminaron provocando la expulsión a los 17 años. Inmersa en una realidad que solo la quería devota y sumisa decide volver a a la casa de sus padres. Ahí conoce a Padilla, su vecino y futuro esposo, ambos compartían los ideales independentistas ,y querían terminar con el hambre y la miseria a la que la monarquía española había sometido al pueblo altoperuano.

Los esposos tuvieron cuatro hijos, Padilla y Azurduy comienzan a disgustarse por las desigualdades para los criollos en impuestos y acceso a cargos públicos. Fue el reconocimiento de la desigualdad lo que llevó a la pareja a pensar el sueño de la revolución.

Para esa época la Revolución Francesa  era un hecho, y las consignas de Igualdad, Libertad y Fraternidad ya resonaban en los corazones revolucionarios de este lado del charco; además habían llegado lecturas de la ilustración francesa como Voltaire, Montesquieu y Rousseau quienes hablaban de un nuevo contrato social.

A partir de la Revolución de Chuquisaca en 1809, la pareja tomó un papel activo en el proceso revolucionario de la región, tuvieron contacto con Castelli, Belgrano, San Martín y Güemes. Siempre acompañados por sus hijos a quienes nunca quisieron abandonar, además de enseñarles valores concretos. Los cuatro murieron  de malaria, una enfermedad de la época que se cobró la vida de miles de niñxs y compatriotas. A pesar de este duro golpe, la pareja siguió luchando, Juana queda embarazada y aún en esa condición luchó.

Juana murió el 25 de mayo de 1962 en Sucre, Bolivia. Se fue de este mundo en la pobreza absoluta, víctima de la persecución de aquellos que se sintieron despojados de sus privilegios por causa de su lucha. Nuestra comandante fue seguidora de Martín de Gûemes, caudillo adorado por lo gauchos y odiado por la Oligarquía porteña.

La flor del Alto Perú luchó por una nueva Patria, por una nación y por lograr todo lo que hoy vemos normal e imposible de cambiar aunque, seamos sinceros, si hilamos finos podemos ver algunos resabios del pensamiento realista y colonial entre nuestros compatriotas y sobre todo en los que detenta el monopolio del poder económico y financiero.

Este 25 de mayo nos invita a pensar nuevamente en esta “grieta”, grieta que delimita el sentido que tiene la expresión “ser patriota”. Azurduy nos enseña que  patriota era y es el que aspira, desea y lucha por una patria que incluya a todxs, que los dignifique, donde todxs tenga la misma libertad para elegir forma y estilo de vida, porque en el fondo la patria somos todxs. Ese era el sueño de San Martín, Belgrano, Güemes y Azurduy.

Juana… mujer olvidada por la historia hoy quiero homenajearte contando un poco de tu historia, supiste ganarte tu lugar en una generación de mujeres que necesitó de vos para saber que realmente fuimos parte fundamental y activa de los grandes procesos históricos de nuestro país y no nos dedicamos solo a bordar banderas, regalar joyas y hacer beneficencia.

 

Ma.Florencia Ordóñez

Un comentario en “Juana de Mayo

  1. Maravilloso análisis histórico,sale de lo común,mucho énfasis en el rol independentista de la mujer,la reivindica con creces, felicitaciones

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