La desesperación de encontrarnos atascadas dentro de un círculo nada virtuoso pero sí vicioso, es como una serie en la cual nos encontramos, sabemos el desenlace, el nudo, el desarrollo pero la introducción se nos aparece un poco borrosa. En el recorrido de los capítulos nos vamos dando cuenta en dónde estamos y hasta qué deberíamos hacer. De más está decir, que eso que deberíamos hacer no es lo que terminamos haciendo.

Sí, estamos chipeadas. Pero también armadas de feminismo, eso mismo es lo que permite preguntarnos ¿Cómo me saco esto?

La serie en la que estamos es la vida real. Viene desde nuestra infancia, siendo atravesada por la industria de Cris Morena, Disney y demás poderes que nos instauraron modelos de vínculos, pensamientos y actitudes. Es la industria de los valores que hoy decidimos no reproducir, o por lo menos, dejar de llevarlos a la práctica, con todo el dolor que eso implica. Ésta misma industria nos muestra al dolor como algo necesario, excluyente. Es decir que elegir, querer, amar y buscar está totalmente formado y recreado, desde la perspectiva del entretenimiento, hasta nuestras actuales y futuras relaciones.

Empezando desde la fantasía, que se transformó en conflictos entre amigas por envidia, codicia y mucha competencia; hasta en creer que es hermoso ir y volver con la misma persona, romantizando las actitudes egoístas de aquellos con quienes nos relacionamos o de nosotras mismas. Es difícil poder diferenciar el límite entre ser una persona “romántica” y no poder reconocer que  existe una realidad que no está contada en la televisión. En las escenas de películas ¿Cuánto le dura el llanto a una piba que es dejada por un flaco por otra mina? Un par de horas. ¿Cuán triste estuvo Mar de Casi Ángeles al ser “cambiada” por Luna? Unos capítulos. Nada de eso pasa en la vida real, compañeras. El sufrimiento real no nos es explicado ni tampoco mostrado, entonces nos creamos una ilusión de la vida cotidiana que después es esa misma la que nos golpea con los verdaderos problemas que las relaciones humanas generan. Y que todos los seres humanxs traen en cada momento. El sufrimiento existe, las lágrimas y las peleas también. No pretendo militar los conflictos entre las relaciones pero sí hacernos cargo de su existencia y cómo entenderlos, y en el caso de que sean negativos o agresivos, tratar de destruirlos (de nuestra cabeza y perspectiva de las relaciones).

¿Cómo nos sacamos esto de  habernos emocionado y pedido que por favor vuelvan a juntarse unos personajes aunque ambxs hayan sufrido horrores? Aún peor: ¿Cómo nos sacamos esto de pretender que nuestra vida emocional se maneje como una película?

No solamente que nos invadieron la cabeza con maneras de amar y de “soportar” actitudes violentas y machistas, sino que también en el día a día nos cuesta salir de este tupper patriarcal. Cuesta salir y genera dolor el hecho de haber esperado que cada persona con la que nos relacionamos, de tal manera que esté cumpliendo las Leyes de Cris Morena y Disney. Y a su vez, el sentir la frustración de que estas inmersa en una relación basada en la ilusión de que será como una película, también es doloroso.

En Disney no te muestran la desvalorización, el sentimiento de miedo, inseguridad. Te muestran celos, discusiones a los gritos, puertazos y golpes a la pared: eso no tiene que pasar y si pasa, pedí ayuda y rajá. No te muestran los miedos de manera consciente ni tampoco la posibilidad de la comunicación entre personas. Te muestran agarradas de pelo entre amigas, sexo sin protección, y parejas que se revisan celulares. Cuando sos chica y te enamoras, lo único que buscas es la réplica de lo que te muestran visto en la tele. Porque creemos que lo buscamos y lo deseamos. Nuestro deseo deja de ser autentico en la medida que esté estimulado por un mundo de significaciones constantes. Golpes, celos, puteadas, etc.

Entonces, si nuestro deseo siempre estuvo condicionado por un modelo de amor violento, ¿cómo no nos va a costar salir de esa lógica machista y egoísta en la cual las mujeres fuimos (y somos) oprimidas y violentadas? ¿Cómo no nos va a enojar y frustrar que sigan existiendo varones con un accionar lleno de violencia disfrazado de amor romántico?

Ya el movimiento feminista nos dijo que lo que aprendimos hay que de-construirlo para poder construir una nueva manera de amar y ser amadxs. La nueva manera será, entonces, la manera en la cual no duela, no golpee y no lastime. Será con comunicación, paciencia y reflexión.

Será amor compañero, sano y libre o no será amor.

 

Azul Verzura

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