Suele conocerse su palabra mediante extractos de “La Razón de mi vida” o por fragmentos de sus discursos más notables, normalmente de tiempos cercanos a su muerte. La tentación de caer en esa repetición fue grande, hubiera sido un grato trabajo. Sin embargo, a quienes contemporáneamente la amaron (y también a quienes la odiaron) su visión del país y del mundo les llegó desde otro lado, desde instantes anteriores a esos textos y a esos balcones.

Lo principal fue su acción, pero también golpeó su testimonio cotidiano. Solía dar charlas o discursos, ya sea en inauguraciones, presentaciones, enunciados radiales, etc. Buscando rescatar ese registro, esta nota extrae fragmentos de la muy recomendada obra de Anibal Fernandez y Carlos Caramello “Eva Perón – Discursos completos – tomos I y II” de editorial Booket que cuenta con prólogo de Nestor Carlos Kirchner. Allí podrán encontrar cronológicamente la totalidad de la idea que desde este espacio resumimos con cierta organización temática.

Evita es quizás la mejor exponente del lema de Perón: “mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”. Ese modo de sentir la política le dio llegada inmediata al pueblo, a sus queridos descamisados, a las mujeres. A ellos van siempre dirigidas sus palabras.

En sus primeras intervenciones se la escuchará aclarando con humildad en numerosas ocasiones “mis palabras no son de gran elocuencia, salen del corazón”; excusándose al hablar de Perón “no soy yo, como esposa del Coronel Perón, la más indicada para hablar”; marcando su rol en el movimiento “escondí toda vanidad y me puse al lado suyo, que fue estar al lado del país en su entraña más digna y respetable”; distandiandose de todas las esposas de anteriores presidentes “Me lo hubieran permitido el protocolo, las costumbres de nuestro país, la línea del menor esfuerzo, la inercia, la vanidad, la satisfacción, el prurito de ignorar estando arriba aquello que está abajo, fuera de la pupila. Nadie me hubiera recriminado ser solamente la esposa del General Perón, confundiendo mis deberes de sociabilidad con mis deberes sociales. Pero me lo hubiese impedido el corazón”, “la historia, en definitiva, no tiene en cuenta un simple vínculo conyugal, sino el desinterés de un corazón y la rectitud de una conciencia”.

Estas aclaraciones fueron disminuyendo en la medida que sus acciones empezaron a hablar por ella, en la medida que su figura se fue agigantando. Hubieran sido expresiones redundantes. Dejarlas le permitió profundizar en su visión del país, de la política, del mundo.

Hablará siempre partiendo de la comunión con el pueblo, nacida aquél 17 de Octubre en que luchó para liberar al Coronel Perón: “Yo pertenezco a mi pueblo, me confundo con él, soy lo que una de ustedes; un corazón de mujer que, en el día difícil y amargo de la derrota, ha sacado fuerzas de su flaqueza, y ha luchado y se ha impuesto por el futuro de su país, de su pueblo.” Hablando como lo que siempre dijo ser: “soy una descamisada más y una más de las felices peronistas”.

En sus palabras siempre estará reflejado su liderazgo del feminismo peronista: “Como mujer argentina y como mujer de pueblo, me he puesto al frente como un soldado nada más de las mujeres argentinas, para defender todas el futuro, para se nos reconozca más, y a nuestros derechos, y para que en adelante trabajemos hacia un futuro mejor”, “La mujer del presidente de la república que os habla no es más que una argentina más, la compañera Evita, que está luchando por la reivindicación de millones de mujeres, injustamente pospuestas”.

Llevará adelante un ciclo de conferencias radiotelefónicas sobre los derechos cívicos de la mujer a través de L.R.A. Radio del estado y la Red Argentina de Radiodifusión: “depende del esfuerzo que hagamos por unirnos y por avanzar en procura de la legitimación de nuestro derecho el que se nos otorgue definitivamente la posesión del recurso de apelación o de crítica más emocionante y más recio del hombre: su voto, vale decir, la contraseña de que existe, de que piensa, de que opta, de que es, en fin, el amo de sus pensamientos y sus voluntades. El voto femenino abolirá, al fin, el complejo de inferioridad de la mujer, ante el panorama dinámico de su país. El voto femenino avasallará el tutelaje incomprensible que las leyes ejercen sobre la mujer argentina, y la colocará, por fortuna, en el plano de vigencia política a que su sacrificio permanente le ha dado justo derecho.” Celebrará más adelante los resultados obtenidos, al recibir la ley el 21 de Septiembre de 1947, dirá en Plaza de Mayo: “La recibo, ante vosotras, con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas. Sintiendo, jubilosamente, que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, de tropiezos y esperanzas.”

Inaugurando la Asamblea Nacional del Movimiento Peronista Femenino: “La unidad femenina peronista debe ser nuestra preocupación básica y debe constituir nuestro objetivo diario y superior de ciudadanas y de mujeres. Esa unidad es la palanca a cuyo impulso poderoso no habrá privilegio que resista, enemigo que contenga, intereses que dominen o coalición interna o exterior que logre vencer. Esa unidad es la llave maestra de la felicidad y el bienestar presente de todas las argentinas y la máxima garantía del sostenimiento de la conquista del pueblo trabajador”.

La unidad será, más allá del feminismo, un tema recurrente en la búsqueda de fortalecer este concepto indispensable: “Nosotros, y digo nosotros porque yo trato con el mismo cariño a las compañeras y a los compañeros peronistas. Para mí, no es más que un solo partido: el Partido Peronista. Para mí no hay más que un líder: el General Perón. Y yo, al lado del gran maestro que es el General Perón, he sabido renunciar y, a veces, dominar las imperfecciones que tenemos todos para tratar de aunar o coordinar más estrechamente a todos los peronistas. Ser peronista significa unidad, comprensión, una mutua tolerancia. Unidos venceremos.”; en otro momento, “Si todos los gremios argentinos mantienen esa unión que es nuestro orgullo; si cada sindicato es un baluarte de la unión sindical; si en la pura conciencia de cada obrera u obrero de la patria se graba firmemente, con convicción profunda la idea de la unidad, nada será imposible para nuestra Argentina.”; lo resaltará cada vez que tenga ocasión: “Nunca me cansaré de exhortar a los argentinos a que unamos más nuestros esfuerzos para que no haya sobre el mundo miserias enervantes, para que todos vivamos en paz y para que el mundo sea una inmensa humanidad bendecida por dios, dentro de una fraterna comunidad de seres.”

Siempre con ternura pero también con potencia. Tanto para agradecer como para aleccionar o advertir, marcando los límites a propios y extraños: “cuidad este movimiento salvador, único en el mundo, en este instante de amarga desilusión ideológica, cuando la vista cansada del globo se dirige hacia nosotros, inquiriendo la raíz de nuestros milagros”; “¡Yo, compañeros, me siento indignada como argentina al ver que en este congreso, en que hay cien delegados presentes, solo noventa y nueve se hayan puesto de pie cuando hemos hablado de la Patria.!”; “Si algún descarriado, alguien que tenga el corazón criollo tan adormecido que quiera todavía defender los intereses foráneos o ideas foráneas, esté presente y quiere hacerlo, que sea valiente y se adelante para decirlo aquí”.

Su posición en el movimiento y su labor: “Por eso yo, una mujer del pueblo que he sentido la injusticia, que he sentido el sinsabor de todos los descamisados argentinos, me he propuesto, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, llevar a todos los descamisados de mi patria un poco de felicidad, un poco de justicia, que durante tantos años les negaron injustamente. Me he propuesto visitar toda la República para llevar a todos los rincones un mensaje de amor y de esperanza, y decirles a todos los argentinos que desde Buenos Aires estamos trabajando para todos y no para cien familias privilegiadas.”

En efecto recorrerá el país incansablemente. Muchas veces deberá excusarse por el apuro o por la demora, debido a otros compromisos. Numerosas son las historias de Evita a horas de la madrugada recorriendo las obras para cerciorarse que estén encaminadas. Parecerá que duplica las horas del día para poder cumplir con todos. Hablará un mismo día en la firma de un Convenio laboral en la Secretaría de Trabajo y en la inauguración del servicio de Agua Corriente en otra localidad: “Con emoción porque llego a esta barriada de trabajadores argentinos a inaugurar una obra que ustedes están reclamando desde hace 50 años y que, por ineptitud y por anti-patriotismo, no se había realizado hasta ahora.”, “Cosa que no habían hecho los políticos que sólo prometían hacerlo en oportunidades de las campañas electorales.”

Su discurso siempre rescatará la inigualable obra del gobierno de Perón. Sobre las condiciones laborales: “No había salario mínimo, convenios colectivos, vacaciones pagadas, subsidios por enfermedad, reglamentación del trabajo de los menores que fuera cumplida, ni ley de accidentes de trabajo que resolviera de una sola vez el problema planteado en beneficio del trabajador. Los despidos, que se hacían en masa cada vez que la voluntad patronal así lo requería o que sus intereses de casta lo recomendaban, estaban a la orden del día.”; Sobre la salud: “sé el sacrificio que ha realizado este pueblo maravilloso que forja la grandeza de la Argentina, que todo lo dio y al que durante años todo se le negó, hasta el derecho de ser asistido cuando lo abatía la enfermedad.”; Sobre las escuelas construidas: “Por eso dictó el decreto que asocia la escuela y el hogar y da a todos los trabajadores la oportunidad de tener en cada escuela argentina un club, una biblioteca popular, un lugar de reunión cómodo y limpio, en el que pueda perfeccionar su vida con diversiones sanas y verdadero recreo espiritual.”; Sobre la estatización de los servicios públicos: “Los que hoy se levantan como apóstoles de la democracia y de la soberanía nacional, ¿Qué hicieron cuando estuvieron en el gobierno? Vendieron a la patria. Los ferrocarriles, los puertos, los seguros y reaseguros y los teléfonos, no eran argentinos. Teníamos una flota mercante pobre, mientras que las compañías de navegación estaban en manos de capitales privados. ¿Qué teníamos los argentinos? El único derecho de que gozábamos era el de morirnos de hambre.”

En cada una de sus palabras se reflejará la obra y el pensamiento del peronismo. Tendrá siempre una mirada cálida especial hacia los únicos privilegiados, los niños: “Dije en cierta oportunidad que el país que olvida a sus niños renuncia a su porvenir, y la Ciudad infantil que abre hoy sus puertas a las esperanzas de la niñez económicamente menos favorecida de la patria, proclama hacia los cuatro puntos cardinales que nosotros no olvidamos a la niñez, no renunciamos a nuestro porvenir y lo sabemos amplio y venturoso, porque será económicamente libre, socialmente justo y políticamente soberano, sin que sean capaces de impedirlo todos los obstáculos que interpongan en nuestro camino los poderes oscuros de la tierra y los enemigos de nuestro despertar nacional.”

En momentos tristes podemos descreer del misticismo, pensar que no la tenemos entre nosotros. Recordar su testimonio permite reflejar que está presente en cada rincón al que haya llegado la obra peronista, será acicate para la unión que demandan estos tiempos.

“Les pido que vean en mí a una mujer más, a una mujer que prefiere ser, antes que la esposa del presidente de los argentinos, Evita, si ese Evita es dicho para clamar algún dolor en algún hogar de la patria.”

Eternamente, gracias.

Sergio Delbreil

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