Ayer a la noche, mientras desconcentraban las casi 25mil personas que se acercaron a la Ciudad Universitaria de la Ciudad de Córdoba a ver gratis a Les Luthier, uno de los integrantes de la revista Marfil planteó una pregunta: “¿No sería bueno que toda esta gente aprenda a votar?”

Después de dos días en esta hermosa ciudad parece mentira que sus habitantes hayan votado en un porcentaje tan alto por Cambiemos en el último ballotage de la elección presidencial.

Córdoba capital, o por lo menos su zona céntrica, aparenta estar llena de vida. La primera noche en la ciudad, después de lograr uno de los objetivos que se habían propuesto en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española, los integrantes de la revista decidieron abandonar la sala de prensa y buscar un lugar donde festejar con una pizza y una cerveza. Poco hay mejor que esa combinación para hacerlos felices. Era miércoles y las plazas, a pesar de que eran casi las diez de la noche, rebalsaban de jóvenes que tomaban mate y tocaban la guitarra, de parejas acurrucadas, de señoras paseando perros.

En uno de los puntos que se dispusieron como sede del Congreso, una joven nacida en el sur del país, pero que se mudó a Córdoba para estudiar el traductorado de inglés, les cuenta que cualquier día de la semana los bares están abiertos y las plazas están llenas. “Es una ciudad hermosa para vivir mientras estudiás”, confiesa.

Las universidades que los dos marfileños tienen el gusto de recorrer son muchas y son un lujo. Modernas y equipadas.

Los parques abundan y están llenos de juegos. El futbol se respira en las calles y los dos futboleros enviados especiales de Marfil se entretienen contando qué equipos tienen más pintadas en las paredes y cuál es la camiseta más utilizada en la vía pública. Hasta el momento, se vieron casacas y grafitis de Belgrano, Talleres, Instituto y Racing de Córdoba. Esperando que nadie se ofenda, hay que decir que el ganador es, por afano, la “T”, Club Atlético Talleres.

El segundo día decidieron tomarse la mañana e ir a conocer el estadio mundialista Mario Alberto Kempes. En el camino se cruzaron con la cancha de Belgrano, más grande de lo que esperaban.

A pesar de que en dos días Talleres recibirá a River en el estadio mundialista, éste no tiene todo el cuidado que hubieran esperado. De todos modos, visitaron el museo y pudieron entrar al campo de juego, dónde ante la imponencia de la construcción prometieron no volver a quejarse por un pase errado: estaba vacío y les temblaban las piernas.

Volvieron al centro bordeando un río. De un lado se alineaban countrys y mansiones. Los carteles de las calles eran nuevos y el pavimento estaba en perfectas condiciones. Del otro lado del río, donde estaba la cancha de Belgrano, se agrupaban casillas de un barrio humilde y basurales donde jugaba un grupo de chicos. De una costa a otra, la visión casi no lograba traspasar los grandes arbustos dispuestos para no ver aquello que no se desea. Más o menos como en todas partes del país.

A esta ciudad, donde hace más de un siglo se lograba una reforma universitaria revolucionaria, le queda una materia pendiente: aprender a votar mejor.

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