Nadie los esperaba en Córdoba, pero mientras comenzaba el VIII Congreso de la Lengua Española este miércoles 27 de marzo, dos de los integrantes de la revista Marfil llegaban más tarde de lo esperado y encendían la radio para intentar escuchar lo que tenían para decir el presidente argentino y el Rey de España. Intentaban agarrar correctamente la entrada a la circunvalación de la ciudad y los recibían un grupo de casillas de madera y chapa, cuando se dieron cuenta de que bastaba con los discursos de protocolo brindados por las cabezas de cada entidad participante para darse cuenta de que esa gente solo sirve para la rosca política. Hacen bien en dejar las letras a los escritores.

Las afueras de la Ciudad de Córdoba con la que se choca todo aquel que llegue desde Buenos Aires están más identificadas e interpeladas por las pintadas callejeras del Club Atlético Talleres, al parecer el más popular si nos guiamos por la cantidad de pintadas y de camisetas avistadas en la calle, que por la pomposa apertura del congreso ibérico a cargo del gobernador Schiaritti, que lógicamente primero ensalzó la cultura de su provincia y luego dio apertura al ya famoso discurso oficial de integración al mundo.

Uno de los objetivos de la Revista Marfil era llegar hasta el presidente Mauricio Macri con el objetivo de hacerle una pregunta: ¿Cuántos libros leyó, señor presidente? No hicieron a tiempo. Cuando llegaron Macri se había ido. ¿Salió corriendo? El dólar había llegado casi a los 45 pesos. En ese panorama, no había mucho lugar para los discursos. Sin embargo, lo hizo. Recordó el emblemático espaldarazo neoliberal del G20. Igual que en ese noviembre de 2018, el dólar pegó saltos de alegría.

El ingeniero, famoso por su exquisita retórica, fue de lleno a los beneficios de que todos hablemos el idioma castellano: “Imaginen si los bolivianos hablaran boliviano, los peruanos peruano, los ecuatorianos no podrían entenderse con los venezolanos, ni los argentinos con los uruguayos”.

Los representantes de la madre patria, al parecer, hicieron el mismo curso de oratoria que él en el Cardenal Newman. El magnánimo Rey Felipe VI se entusiasmó tanto al resaltar el aporte argentino a la literatura que equivocó el nombre de uno de sus escritores favoritos: José Luis Borges.

Después de escuchar el furcio del Rey nos lamentamos por no poder hacerle la pregunta también a él: ¿Cuántos libros habrá leído su majestad?”.

Mientras la señorita española del GPS decía que los valientes representantes de Marfil tenían su lugar de destino a su derecha, tuvieron la suerte de escuchar el cierre del discurso de apertura a cargo de un burócrata funcionario. En un arranque de lucidez, dijo: “Durante el Congreso, que se discuta lo que se quiera discutir y lo que no se quiera discutir, no.” Sublime.

Por el momento, en los próximos días intentarán entrevistar a algunos de los escritores que participarán del Congreso de la Lengua y del Festival de la Palabra. Ampliaran.

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