Pocos casos debe haber en el futbol como el de Osvaldo Ardiles: una carrera profesional marcada por un conflicto bélico y una confrontación histórica. Si tuviéramos ánimo de resumir, se podría decir que es la historia de un pibe cordobés que jugó el Mundial 78 y fue vendido al Tottenham de Inglaterra, donde se recibió de ídolo hasta que estalló la Guerra de Malvinas y que a pesar de ser argentino sigue siendo recordado en Londres como una leyenda.

Pero no tenemos ánimo de resumir.

Lo que queremos contar comienza en 1974, cuando César Luis Menotti, que venía de ser campeón con Huracán, asume la dirección técnica de la Selección Argentina de futbol y presenta un proyecto que contado al día de hoy parece de ficción. El seleccionado arrastraba una larga seguidilla de fracasos. En palabras de Jorge Valdano para el libro 78. Historia oral del mundial, lo que hizo Menotti fue “la dignificación de la selección. Hasta que llegó el Flaco no estaba claro si la selección prestigiaba o desprestigiaba”.

Dentro del plan del técnico, con la mirada puesta en la Copa del Mundo que se disputaría en Argentina en 1978, estaba trabajar con cuatro selecciones distintas: una selección juvenil, una metropolitana, una de Santa Fe y una del interior del país. En total serían ochenta jugadores, que decantarían en dos planteles de dieciséis hombres para el año 1976.

Osvaldo Ardiles, que jugaba en Instituto de Córdoba y estudiaba abogacía como su padre, integró la Selección del interior formada en parte por jugadores amateurs. Si bien al principio fue resistido por el periodismo y los hinchas, que preferían a J.J. López o al Beto Alonso, se ganó un puesto en la selección y fue titular en seis de los siete partidos del Mundial.

Después de la Copa del Mundo de 1978 empezó a correr el rumor de que los principales referentes de la selección serían transferidos a equipos europeos. Según cuenta el historiador Klaus Gallo en su libro Las invasiones argentinas, nuestros futbolistas en Inglaterra, llegaron al país dos representantes del futbol británico: uno del Sheffield United y otro del Tottenhan Hotspurs.

El hombre del Sheffield estaba interesado en contratar a “Diego Maradona, que apenas tenía diecisiete años, jugaba en Argentinos Juniors y había sido excluido por César Luis Menotti de la lista final de la Selección Argentina que se presentó al Mundial”. Maradona, dolido por no haber participado de la competencia, había dicho que quería irse a jugar afuera. Su representante, Jorge Cyterspiler, le puso un precio más alto a Diego del que el equipo inglés estaba dispuesto a pagar y la operación no se realizó.

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El Tottenhan, que acababa de volver a la primera división, se llevó a Osvaldo Ardiles y a Ricardo Villa, volante ofensivo que jugaba en Racing. Junto con ellos, otros dos argentinos se fueron ese año a Inglaterra: Alejandro Sabella y Alberto Tarantini.

1978 es conocido como el año en que el futbol inglés se abrió al mundo. La mutual de jugadores local expresó su preocupación por la cantidad de extranjeros que invadían el futbol de la isla, pero la recepción de los hinchas fue positiva.

“Ossie”, como se apodó a Ardiles, y “Ricky”, como bautizaron a Villa, generaron enormes expectativas en el público del equipo del norte de Londres. En el primer partido que jugaron en el White Hart Lane, estadio del Tottenham, el público los recibió con papel picado, como se acostumbra en Argentina.

Durante las dos primeras temporadas de Ardiles en el Tottenham el equipo no pudo encontrar regularidad. Sin embargo, en su segundo año le tocó definir la cuarta ronda de la FA Cup, el torneo más antiguo del mundo y en el que compiten equipos de todas las categorías del futbol inglés, frente al Manchester United. Tras empatar de locales, fueron de visitantes al Old Trafford. Ardiles convirtió el gol de la victoria por 1 a 0 que le dio el pase de ronda a su equipo y se ganó la fama de verdugo del United. Ese día, cuenta Osvaldo, comenzó el idilio del jugador cordobés y el público de los Spurs, nombre con el que es conocido por sus hinchas el equipo londinense.

Entre 1980 y 1982 la dupla argentina ganó jugando para el Tottenham dos FA Cup, fue finalista en la League Cup, semifinalista en la Recopa de Europa y salió cuarto en la liga inglesa, que todavía no era conocida como Premier League.

Ardiles se volvió tan popular que llegó a estar quinto en los rankings musicales ingleses y a participar en el programa musical Top of the pops, de la BBC. Antes de jugar la final de la primera de las dos FA Cup que ganó el Tottenham, y en la que Villa terminó marcando dos goles, el club convocó al dúo Chas and Dave, muy famoso en ese momento, para que grabara una canción conmemorativa. El título del tema fue Ossie´s dream, Spurs are on their way to Wembley” (El sueño de Ossie, los Spurs en su camino hacia Wembley).

Sin embargo, Ardiles no solo estaba en camino a Wembley. También se encaminaba a Hollywood. Junto a Pelé y a Bobby Moore actuó en Victory. película basada en un hecho real durante la Segunda Guerra Mundial, dirigida por John Houston y en la que Sylvester Stallone hace el papel de prisionero de un campo de concentración nazi que ataja contra un equipo de jugadores alemanes.

En un documental realizado por el programa Informe Robinson, emitido por el Canal+ de España, cuenta: “Yo pensaba que todo era demasiado fácil, demasiado bueno, demasiada felicidad. Todo venía tan bien, que pensaba que no podía durar tanto”.

El viernes dos de abril de 1982 los argentinos amanecen con la noticia de que un desembarco de tropas de su país se había producidos en el sitio que los británicos llamaban Port Stanley, capital de las Islas Malvinas, y lo habían rebautizado como Puerto Argentino. Argentina intentaba recuperar por la fuerza un territorio que las Naciones Unidas consideraban en disputa. La respuesta británica no se haría esperar.

El tres de abril el Tottenham debía enfrentarse al Leicester en la semifinal de la FA Cup. “A Ricardo y a mí nunca nos habían abucheado”, cuenta. Ese día, los hinchas del Leicester los chiflaron. La hinchada de los Spurs, que respondía a los silbidos con aplausos, colgó una bandera que decía: “Argentina puede quedarse con las Falklands, nosotros nos quedamos con Ossie”.

Villa decidió no jugar esa final, mientras que Ardiles había sido convocado por Menotti para jugar la Copa del Mundo de 1982, en España.

Durante los setenta y cuatro días que duró la guerra, estuvo concentrado en Argentina y luego en España preparándose para el Mundial.

El periodista argentino Andrés Burgo para su libro El partido. Argentna – Inglaterra 1986, rescata una entrevista realizada a Ardiles en 2011 para el diario El País, que relata cuál era la temperatura del ambiente durante el Mundial al que Argentina viajó para retener el título: “Una mañana convencí a Maradona de hacer una escapada turística y visitar una iglesia cerca de Villajoyosa, en Alicante. Cuando los guardias de la concentración se dieron cuenta de que faltábamos, se activaron las alarmas. Había rumores sobre una posible acción armada o un secuestro por parte de las SAS -fuerzas especiales del ejército británico- contra la selección. Diego estaba en misa, conmigo, viendo un montón de niños hacer la primera comunión, cuando de repente entraron tipos vestidos de traje y anteojos oscuros suspirando porque nos habían encontrado”.

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Patricio Hernández, uno de los jugadores argentinos del plantel que disputó el Mundial, recuerda que en los entrenamientos “nos poníamos a cantar el que no salta es un inglés y saltábamos y bailábamos todos y Osvaldo estaba realmente preocupado”.

Ardiles, cuenta el periodista Andrés Burgo, no supo hasta que terminó su participación en el Mundial tras perder ante Brasil por 3 a 1 en el estadio de Sarriá, en Barcelona, que un primo suyo, perteneciente a la Fuerza Aérea argentina, llamado José Leónidas Ardiles había sido el primer piloto fallecido durante la Guerra de Malvinas.

Después del Mundial, decidió no volver a Inglaterra. Creía que las condiciones no estaban dadas para su regreso y arregló con el club que sería cedido a préstamo al Paris Saint-Germain.

“No puedo jugar en un país que está en guerra con el mío”, decía Ossie, “En este momento estamos en guerra y yo no lo puedo creer”.

Después de haber jugado, según sus propias palabras, el peor futbol de su vida, regresó seis meses más tarde a los Spurs con la excusa de que no se había podido adaptar al fútbol francés, de mucha menos calidad que el inglés en aquel momento. En 1984 levantó la Copa UEFA.

El club le realizó en 1986 un partido homenaje, aunque todavía no se había retirado del futbol. El rival elegido fue el Inter de Milán y Diego Armando Maradona viajó hasta Londres para participar del encuentro vistiendo la camiseta de los Spurs un mes antes de ser campeón en México, mundial en el cual Ardiles fue comentarista de los partidos de Argentina para la televisión inglesa.

Sin llegar a recuperarse de una lesión, dejó el futbol en 1989. Fue técnico de varios equipos, entre ellos Huracán, Racing e inclusive el Tottenham Hotspurs.

 

Mientras dirigía al Swindon, un equipo del suroeste de Inglaterra, tuvo que dar una charla técnica enérgica tras un mal primer tiempo de su equipo. Al terminar, dice que un asistente le comentó. “Suena muy bien, pero sería mejor que hablara en inglés”. Recién en ese momento se dio cuenta de que en el calor del discurso motivacional se había equivocado de idioma.

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En 2014, como parte de un documental para ESPN, Villa y Ardiles viajaron a la Islas Malvinas. Cuando volvían del cementerio de Darwin donde están sepultados los soldados argentinos muertos en combate, el auto que manejaba Osvaldo y en el que también viajaba Villa, volcó en una curva del camino. Parece demasiado simbólico para ser real, pero lo es. Osvaldo sufrió un corte en la cabeza del que se recuperó sin mayores inconvenientes.

En 2011 el dúo de argentinos entró en el Museo de la Fama del Tottenham Hotspur. Osvaldo Ardiles nunca dejó de vivir en Londres y es actualmente embajador del club, porque no siempre los finales felices son exclusividad del cine hollywoodense. No, ahí está ese volante cordobés flaco y de baja estatura, de clase media, al que le faltan todavía algunas materias para recibirse de abogado, aficionado al ajedrez, que se abrió camino a pesar de guerras absurdas, de las ambiciones de tipos detestables y del colonialismo.

Sin embargo, para que esta historia tenga su merecido final feliz, el país natal de Ossie debería recuperar pacífica y definitivamente aquello que le corresponde. Por el momento ese final es abierto.

 

Sebastián Pujol.

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