-Todas las noches entre las 19 y 22 hs. lo escuchaba tocar el violín. Soy vieja pero aun tengo oído para semejante instrumento. Que yo supiera no tocaba profesionalmente, pero sonaba muy bonito para esta señora. –

-Continúe yendo al grano, por favor – Indicó el policía con tono cansado

-¡Qué poco considerado es usted, caballero! ¿Acaso no sabe que la gente de nuestra edad se percata de ciertos detalles que ustedes no? pero continuo el relato ¿Por dónde me quedé? – La anciana miró al Cabo, esperando una respuesta.

-Tocaba el violín –

-Ah, sí. Si, ya recuerdo que tocaba muy bonito. Su madre le había obligado aprender desde niño porque ella no pudo tras el accidente que le costó tres dedos. La mujer estaba loca, estoy segura y el joven no parecía muy sano de mente por eso. De vez en cuando lo veía bajo la lluvia mojándose por orden de su madre y hasta que ella no le dijera que entrara, él se quedaba quieto ahí. Una vez intenté interceder. La vieja me trajo de un brazo hasta la puerta de mi casa. ¿A usted le parece que me hiciera eso a mí, que solo tengo intenciones de ayudar?. Me parecía extraño que un chico de 22 años se dejara tratar así. En fin, el último mes había conseguido trabajo en el zoológico de Temaikén. No sé cómo lo había conseguido si nunca trabajó. Al parecer fue designado en la zona acuática porque en las últimas semanas venía a casa en busca de libros. Tenía cierta fascinación por las medusas y como usted ve tengo una biblioteca muy grande, acá podrá encontrar lo que quisiera sobre cualquier tema. Ayer por la tarde la señora se había ido a comprar, cuando tocaron mi puerta. Escuché una voz que decía: “Soy Santiago, el hijo de doña Bruja”.

-Su risa era muy forzada pero sincera, eso me gustaba. Lo dejé entrar y nos sentamos a tomar un té digestivo mientras él leía y yo tejía. Siempre vigilo que me cuiden los libros. De la nada golpearon la puerta fuerte y Santiago no dudó en atender. Solo escuché golpes y la puerta que se cerró. Los ví entrar en su casa y no volví a escuchar más nada. Ya más tarde fui a dormir y hoy no salí en todo el día porque vino mi hija a comer-

-Bien, eso fue todo señora Alfonsina Gustamante – Dijo al cortar la grabación – Buenas tardes –

-¡Espere! Sólo he sabido que hubo un asesinato pero no dijo más nada desde que empezó a interrogarme – El policía la miró con impaciencia y dijo:

-La señora Beatriz Sánchez se daba una ducha cuando su hijo, Santiago Muriel, entró al baño y le tiró en la tina seis medusas Avispa de Mar. La mujer no llegó a defenderse y murió lentamente por el veneno. El joven llamó a la policía y se declaró culpable –

-¡Oh por Dios Bendito! ¡Qué tragedia! Supongo que con ayuda Santiago se recuperará y… –

-Yo creo que esta noche va a dormir tranquilo. –

-¿Usted cree que después de semejante tragedia ese chico podrá dormir tranquilo? – Contestó en tono de horror

-Señora, sinceramente creo que para el instinto de supervivencia, el fin, justifica los medios. Aun así debe asumir las consecuencias de sus actos. Buenas tardes-

Detrás del policía solo escucho un golpe y la puerta que se cerró. Afuera el otoño mostraba sus vientos.

Maria Del Mar Bisignano

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