Dios salve a Bohemian

Hace unos días vi Bohemian Rhapsody, la película que repasa la vida de Freddie Mercury y su desarrollo junto a Queen. La verdad que está muy lograda. Buenas actuaciones y apego a la biografía del artista. Pero no es sobre ella que me quiero referir. Sino a lo que genera la banda. Al terminar de verla, me preguntaba si fue la mejor de la historia. Aparecía esa necesidad de generar podios, ganadores y perdedores, mejores y peores, reflexiones que no tienen ningún tipo de conclusión posible y además ¿a alguien realmente le importa? ¿Porque establecer definiciones en algo que huye de ellas? Si hay universo que no puede encasillarse es el artístico, asique punto final. Le di play a la lista de reproducción y me senté a disfrutar de A Night at the Opera, su cuarto disco. En definitiva solo de eso se trata.

Todo normal. Lo de siempre hasta la llegada del undécimo tema del álbum: Bohemian Rhapsody.

 Nuevamente se presentó el interrogante inútil, esta vez de manera más intensa. ¿Es la mejor canción de la historia? ¿qué haríamos si se cumple la profecía de marcianos al ataque y tenemos que comunicarnos por primera vez con seres de otro planeta a través de la música? ¿Qué tema les ponemos?

Ahí la cosa cambia. Es una elección compleja pero no dudaría en apretar el triangulito iniciador para que suene Bohemian. El tema tiene una estructura difícil de encontrar a lo largo de la historia de la música contemporanea. Es como si Mercury hubiese anticipado el encuentro extraterrestre. Lo imagino pensando – ¿Cuáles son los géneros musicales más influyentes y escuchados de la historia? Pero claro! La Opera y el Rock-. Y eso hizo, unió Opera y Rock.

Compuesta en 1975 por Freddie Mercury, la canción rompe con los esquemas musicales de la época. Arranca con un rezongo de piano en forma de balada, acompañado por los primeros lamentos que pronto se convertirán en un grito desesperado:

…Mamá, la vida acababa de empezar, pero ahora me he vuelto loco y la he tirado a la basura…

…Mamá no quiero morir, de vez en cuando desearía no haber nacido nunca…

Nunca se aclaro en que pensaba cuando la escribió y está bien. Las letras son apropiación individual. No sé si interesa mucho que quiso decir el artista, lo importante es lo que genera. Hay infinidad de interpretaciones. Hasta se hizo un cortometraje con la actuación literal de la letra: https://www.youtube.com/watch?v=KN3D2xjhozk

Pero hay una mirada que compartimos por colectiva y porque es lo que nos transmite. Un profundo dolor atravesó la vida de Freddie, desde su infancia hasta su fallecimiento. Un dolor que nunca pudo descomprimir con claridad ante ningún afecto. Esta introducción con exclamaciones a la madre podría ser su infancia, empapada de soledad. Los primeros pasos en su vida, pero también en la de tantas personas que sufren y se identifican.

La intro avanza hasta que se ve interrumpida por un solo de Brian May que funciona como nexo entre una balada normal y una sección de Opera. El solo empuja la canción hasta la punta de una pendiente para dejarla caer de golpe, cortando el sonido, en un limbo operístico de coros y cambios de ritmo abruptos. Una vorágine que expresa el encuentro con el infierno. La oscuridad humana y la autocompasión ante las contradicciones que puede generar la adolescencia y más allá:

..Solo soy un pobre chico y nadie me quiere, es solo un pobre chico de una familia pobre, perdona su vida de esta monstruosidad…

La Opera sube y sube. Funciona como una caña voladora, apenas se enciende comienza a elevarse hasta que no puede mas y explota iluminado el cielo. La canción no tiene polvora y falta no le hace. La batería de Roger Taylor es el preludio para la iluminación de May en un solo rocker que envidiaría cualquier Motorhead. Y Mercury, se aleja del piano, toma el micrófono con su eterno pie y lo empuña como ametralladora. Enfrenta el dolor asumiendo la rebeldía y la intensidad de la madurez. Le grita al mundo. Tiene sed de revancha.

Así que crees que puedes machacarme y escupirme en el ojo. Así que crees que puedes quererme y dejarme morir, Oh, nena, no puedes hacerme esto a mí nena, solo tengo que salir, solo tengo que salir directo de aquí.

El rock termina y la canción vuelve a donde empezó. Dicen que siempre se vuelve a los mismos lugares. Termina con la balada de la intro y una resignación que nos eriza la piel. Ese momento antes del final en el que pasa toda la vida por delante. La vejez. Aquella época en donde todo pierde sentido. La muerte.

…En realidad nada importa, cualquiera puede verlo, en realidad nada importa, en realidad nada me importa, de todas formas, el viento sopla.

Al diluirse las ultimas notas de May, el marciano se sentirá invadido por sensaciones que quizás nunca experimento. Se conmoverá. Tendrá ganas de llorar y se sentirá abrumado. Tendrá ganas de agitar la cabeza y poguear. Entenderá que hay espacios en donde las definiciones y limites no son bien recibidos. Se sentirá confundido al estar angustiado y feliz al mismo tiempo. Le diremos que esa es la condición humana, la inestabilidad, la contradicción. Todo a través de una canción. La mejor canción de la historia.

Ignacio Calza

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